La Presunta Izquierda


Rubén Moreno Medina


2008: La disputa interna en el PRD


La izquierda partidaria  representada por el  PRD, después de su fundación el 5 de Mayo de 1989, enfrenta en estos momentos nuevos retos y una situación política interna complicada. Tiene frente a sí su elección  por la dirección nacional y de las dirigencias estatales del propio partido para el próximo 16 de marzo, además la contradicción de dos bloques partidarios que hoy discuten fuertemente sobre la línea partidaria que deben  asumir ante un gobierno emanado del PAN.

 

El contexto nacional ha modificado la vida interna del sol azteca, por un lado la Convención Nacional Democrática y el “gobierno legítimo” que encabeza Andrés Manuel López Obrador, se han constituido como un movimiento de masas paralelo a las decisiones que asume dicho partido y por el otro las fracciones parlamentarias discuten y están metidas de lleno en las reformas que se han hecho en el 2007.

 

La coyuntura actual no es la mejor para las elecciones internas, se dará en el peor de los momentos del perredismo nacional, sobretodo por una falsa disyuntiva que se quiere presentar entre “moderados y radicales” . Cabe recordar que el PRD se fundo después de diferentes experiencias de unidad de la izquierda mexicana, y cuando  asumió la decisión histórica y política  de luchar por la democracia y la igualdad social dentro de los marcos legales en el país, es decir el PRD es un resumen y herencia de largas batallas de las fuerzas de izquierda, progresistas y democráticas por construir otra nación.

 

Reducir la confrontación política en estos momentos por la dirigencia nacional, entre reformistas, renovadores, duros, revolucionarios, puros, liberales, conservadores, principistas, marxistas, ex priistas, obradoristas, chuchistas, amalistas u otra clasificación común al interior del Partido de la Revolución Democrática; los conducirá irremediablemente a una profunda crisis institucional y de identidad partidaria, en momentos en donde el país requiere de un partido de izquierda con claras definiciones y propuestas de fondo, para enfrentar las políticas económicas, sociales y políticas de una derecha que busca afianzarse en el poder con las complicidades del antiguo partido de Estado.

 

La batalla que se aproxima entre ellos, tiene que ser bajo otras condiciones y con debates sobre el modelo de partido que se requiere y necesita la sociedad para estos momentos, tienen que reflexionar sobre el agotamiento partidario a pesar de ser una institución digámoslo joven. Los viejos paradigmas han caído ante una realidad social que exige construir otra izquierda, no tienen tiempo, ahora no se trata de ver quien es más de izquierda y quiénes son los congruentes que desean modificar las actuales condiciones históricas para encabezar “la revolución”.

 

Menos aún es una elección entre Jesús Ortega Martínez y Alejandro Encinas Rodríguez, tampoco de  “colaboracionistas y  no colaboracionistas”, nadie debe reducir estos comicios a una  disputa  de un presunto aparato partidario controlado en contra  del movimiento social que dirige  AMLO. De prevalecer  la tendencia del todo o nada y el sectarismo del viejo izquierdismo de la depuración, los ajustes de cuentas y las sentencias revolucionarias, el PRD se encaminará a una guerra sin cuartel en donde el enemigo o adversario no estará afuera, sino entre ellos mismos.

 

Todas las tribus o corrientes partidarias: chuchos, amalios, arce, cardenistas,  convencionistas, cívicos, barzones, camilos, noroñas, quinteros, ruedas, marcelos; ADN  FIU e IDN tienen en sus manos no el destino de unas siglas, por el contrario, es el de asumir de frente al país y a las y los millones de mexicanos  una responsabilidad más grande que lo que representan sus propios intereses de grupo.

 

Una división interna, un conflicto de grandes proporciones por los resultados, una estúpida confrontación grupuscular, maniobras políticas, uso indebido de recursos y un golpeteo en los medios, acabarán en un dos por tres con la izquierda partidaria.

 

Y la segunda fuerza nacional, simplemente se convertirá en una trágica caricatura en el escenario nacional, tal vez por eso, muchos de sus miembros, dirigentes locales, jefes de corrientes, seudo líderes  entre muchos, todos los días y a todas horas ejercen sin control disparos demagógicos que sólo hieren al partido en donde militan.

 

También muestra el bajo nivel de discusión de muchos actores de esta batalla que ha comenzado, no hay nada nuevo que celebrar, la aportación teórica sólo es un referente, lo que prevalece es quien lanza más mentiras y quien grita más fuerte. La descalificación en estos momentos es la principal arma de la que hacen uso, nada de argumentos y propuestas, lo fundamental es: destruirse.

Algo deben se debe hacer, el PRD no es propiedad de nadie, tampoco patrimonio de las corrientes partidarias, es un bien público que debe servirle a la sociedad. Se construyo sobre la base de muchas historias en este país, fue un esfuerzo de unidad de las muchas izquierdas, costo también muchos sacrificios sociales y humanos, es una herencia testimonial de luchadores sociales en México y debe servir no sólo para imaginar una patria democrática y justa para todos. Debe ser un partido de todas las izquierdas, que no pierda su identidad, que fortalezca sus instituciones, plural y tolerante, con gran movilidad de fuerzas para resolver los grandes problemas del país; sólo con unidad y  una izquierda estratégica  se podrá evitar la consolidación de un nuevo régimen de  derecha y en consecuencia bloquear la llegada de un PRI que actúa y simula acuerdos con el PAN.




 
 

 

 
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