La Presunta Izquierda


Rubén Moreno Medina


PRD: entre el cielo y el infierno


El verdadero debate en el PRD, nada tiene que ver con las posturas violentas e intolerantes de algunas tribus, tampoco con saber quien grita más y vocifera odios y rencores políticos en contra de sus propios compañeros de partido.


La lucha política e ideológica de la izquierda partidaria está afuera, tiene responsabilidades con la patria que se desea construir para todas y todos los mexicanos, sin exclusión de nadie, en donde podamos convencer y decirle a los ciudadanos que es urgente cuanto antes consolidar nuestra democracia, detener las condiciones de desigualdad que aún imperan y la necesidad de un desarrollo económico justo que mejore las condiciones sociales de millones de mexicanos de pobres.


Lo anterior tampoco se aparta de otros principios que por largos años ha defendido: la defensa de la soberanía nacional, de su industria petrolera y eléctrica y el respeto de las libertades políticas en nuestro país.


Por lo tanto no es menor lo que se debate al interior del propio PRD, su proceso de elección es secundario, lo estratégico tiene que ver con la izquierda que se necesita para estos momentos y el nuevo modelo de partido que le tenemos que presentar a la sociedad, para así responderle a sus exigencias.


Quiénes siguen pensando que el enemigo está dentro de sus propias filas, comete un gran error político, porque le da entrada a las purgas estalinianas, a lo peor del sectarismo radical y provoca la creación de un partido de sectas. Contraproducente para un instituto partidario que se fundo como un instrumento de los ciudadanos y en donde su lucha es: por un nuevo proyecto de nación diferente al que nos han impuesto tanto el PRI como el PAN.


Seguir con las banderas de una presunta extrema oposición, en donde la “verdad pura y revolucionaria” debe estar por encima de la tolerancia y la pluralidad de ideas, terminará en una persecución entre “leales y traidores” a la causa.


Los que manejan estas concepciones burdas y de un infantilismo de izquierda, simplemente contribuyen a hacerle el juego a la derecha. No hay mejor forma de enfrentar a la izquierda, que dividiéndola internamente.


De verdad es preocupante que algunas corrientes en estos momentos estén manejando un lenguaje peligroso, en contra de “nueva izquierda” y sus candidatos. Ante la opinión pública y entre los propios militantes están delatando a sus compañeros, para generar un clima de linchamiento y venganza en contra de los “chuchos”.


En ningún otro proceso interno del PRD, hubo situaciones de tanto encono personal y de tan poca visión política como las que ahora presenciamos.


No es cierto que se debatan dos proyectos de partido: el de la movilización social y el de la negociación política, menos aún entre el obradorismo y el cardenismo.


Tampoco es una lucha fraticida por demostrar quien profesa más fe hacia Andrés Manuel López Obrador y Alejandro Encinas, como los únicos salvadores de la patria.


El fanatismo no es ningún método marxista para transformar la sociedad, ser y pensar en la izquierda es algo más, tiene que ver con valores universales y principios humanos. En ella se aprende a tener ideas políticas y una visión compleja del mundo, y con la reflexión teórica nos permite encontrar las mejores tácticas y estrategias que legalmente  nos posibiliten derrotar a un régimen  autoritario y antidemocrático.


Hasta ahora, por lo que alcanzo a ver, leer e interpretar nadie de los dirigentes nacionales del PRD, han declarado la guerra al movimiento nacional que encabeza AMLO, tampoco lo acusan y denuncian, simplemente con él  debaten y tienen diferencias como en cualquier partido político.


De igual forma por los votos que obtuvo la izquierda partidaria en el 2007, en la “Alianza Por el Bien de Todos”, los convirtió en la segunda fuerza política a nivel nacional y hoy tienen una representación en el Senado de la República y en la Cámara de diputados.


Fueron electos para dar la batalla parlamentaria, tienen que legislar y acordar en beneficio del país, y también oponerse a aquellas iniciativas y reformas que vayan en contra de la nación y los ciudadanos.


Son un espacio de trabajo y lucha que la izquierda ha dado desde 1979, no pueden abandonar dicha trinchera legislativa, porque todo quedaría en manos del PRI que ahora colabora conjuntamente con el PAN.


Así mismo los coordinadores parlamentarios, lo han afirmado, no habrá ningún acuerdo político sobre la iniciativa de reforma energética, las posiciones han sido claras: nada de privatizar PEMEX.


Bajo este contexto nacional, López Obrador ha denunciado el tráfico de influencias del Juan Camilo Muriño, actual Secretario de Gobernación, para beneficiar a las empresas de su suegro, cuando fue legislador federal y luego funcionario público. Hoy la derecha política que gobierna a nuestro país, no tiene ninguna diferencia con los regímenes que antes nos gobernaron, utilizan al gobierno para beneficiarse de la forma más cínica, y todavía Muriño dice: “No perderé el tiempo debatiendo públicamente con mis detractores”, cuando no es ningún debate, simplemente firmó contratos millonarios como apoderado legal de empresas familiares.


Los panistas hoy roban, no gobiernan bien, pero han encontrado la vía institucional para enriquecerse mediante el poder político.


Ante la actual crisis política que se vive en México, las corrientes internas del PRD, tienen la obligación de ponerse las pilas, de mirar más allá de su propias narices, de reflexionar, de ser autocríticos como militantes, y de asumir sus responsabilidades, dejando atrás  posturas  atrasadas de ajusticiamiento interno.


No puede ser aceptable, bajo ninguna condición política, que lo que tanto ha costado construir al PRD, de pronto por la disputa de una dirección nacional o local, las corrientes lo destruyan todo en segundos. Las izquierdas legales son fundamentales e imprescindibles en estos momentos para el país mismo.




 
 

 

 
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