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La Presunta Izquierda 

Candidaturas y tráfico de militantes

 

Rubén Moreno Medina

 

Los partidos políticos están hechos para funcionar legalmente en un sistema democrático, todos buscan y luchan por la vía electoral alcanzar el poder, las reglas para conseguir sus objetivos las marcan los órganos electorales, que los propios partidos crearon y eligieron.

 

En los instituto partidarios existen estatutos, reglamentos y programa de acción, además con ellos procesan la elección de sus órganos de dirección, así también regulan sus procesos internos para la designación de sus candidatos a puestos de elección popular en comicios federales, locales e intermedios.

 

Se fundan y construyen, con propósitos políticos para servir a la sociedad y buscan gobernar para llevar a cabo su programa partidario, están conformados por hombres y mujeres, unos son afiliados y otros  militantes. De esta forma estructuran sus cimientos organizativos, para tener bases de apoyo nacional y localmente, que les permita competir en las elecciones.

 

Sin embargo ningún partido escapa en México a las tentaciones que entraña el propio poder, las disputas a su interior son por el control de los partidos,  por las  candidaturas y todo lo que representa dirigirlo dirigirlos. Nacen, crecen, se reproducen y algunos mueren, están hechos para dirimir sus propias contradicciones, para discutir internamente, se golpean entre sí, inauguran sus propios signos, señales, costumbres y reglas; en las coyunturas electoreras pelean por los puestos, con todo tipo de pasiones y ambiciones personales y todos simulan luchar por la democracia, el pueblo y se desgarran las vestiduras por el país.

 

¿Están en crisis los partidos en México? Por supuesto, las principales fuerzas políticas viven en estos momentos situaciones de agotamiento, sus viejos paradigmas están rebasados por una realidad que les cuesta entender, sus modelos de hacer política se enfrentan al rechazo de una buena parte de la sociedad que no los ve con buenos ojos, sus elites y burocracias los han convertido en patrimonio de ellos mismos.

 

No es raro por ejemplo, que en Puebla observemos estos fenómenos partidarios, que día a día se repiten con más frecuencia en cualquier estado en donde se disputan espacios políticos. Las candidaturas por las presidencias municipales y diputaciones locales son foco de tensión en cualquier partido, en semanas anteriores le toco al PAN; ahora es el PRI quien enfrenta revueltas internas, la coalición PRD-Convergencia no es ajena a estas broncas y los partidos “arrecife” como lo hemos visto recientemente con Alternativa Socialdemócrata no se escapan.

 

Ninguno tiene argumentos sólidos, claros y objetivos de lo que sucede en su vida partidaria, reaccionan con frases huecas y tienen miedo a enfrentar la situación de división y crisis que les genera imponer o designar candidaturas.

Miran para otro lado, cuando les estallan en las manos los conflictos internos, se niegan a aceptar que sus procedimientos han dejado de funcionar, pero tampoco desean cambiarlas, estas les funcionan porque les garantiza  tomar decisiones verticales, autoritarias y de aparato.

 

 Ahora un partido busca meter a la cárcel a sus propios militantes, de que se trata, quiere disciplinarlos penalmente cuando los dirigentes políticos han perdido todo indicio de disciplina partidaria. Es un grave error penalizar las disputas partidarias, lo único que lograran será confrontar más a sus propios miembros.

 

Un partido con sus propias instituciones debe proceder a una investigación, sancionar la violación a sus estatutos y con las pruebas en mano debe expulsar a sus militantes.

Las imposiciones en cualquier circunstancia, siempre tendrán costos políticos para quien las ejerce, estas son resultado de acuerdos cupulares, en donde los intereses de grupo prevalecen por encima de la militancia, causan daño, lastiman y generan resentimientos, para terminar en el tráfico de militancias de un emblema a otro, por lo general nunca ayudan a consolidar proyectos partidarios.

 

Hoy son comunes aquí y en cualquier estado las escisiones de militantes, las candidaturas en otros partidos, el oportunismo vulgar y ramplón y el chantaje político como las vías posibles por alcanzar el poder, no hay otra causa que los identifique. Los dirigentes tampoco han logrado evitarlo, han carecido de capacidad política para consolidar sus estructuras orgánicas, ahora lo funcional es el pragmatismo, la mercadoctenía electoral, los bonitos empaques, sin importar el producto, bajo estas condiciones los electores votan sólo por las personas, en un mediano y largo plazo los resultados serán fatales para todas las fuerzas partidarias, se convertiran en meras franquicias de candidaturas, vendibles al mejor postor.

 

Con todo esto difícilmente se construye la democracia, el desarrollo se detiene y los resultados sociales van en caída libre; los partidos requieren de reformas internas que les permitan enfrentar estas coyunturas, necesitan modernizarse, crecer, darle oportunidad a los nuevos cuadros y formarlos, construir proyectos y ofrecer alternativas posibles de dignidad a la sociedad.

 

Deben de iniciar alguna reflexión que les permita tener más elementos, para enfrentar estos fenómenos internos que viven en cada proceso electoral, tampoco se trata de violentar derechos políticos de nadie, pero sí, de detener el oportunismo y la corrupción política de muchos.

 

Es ilegal, inmoral, indecente, nada ético e indigno que algún partido pueda crecer a costa de grupos escindidos de otro partido, para después verlos de regreso de donde salieron.

 

La gente lo percibe, los políticos piensan y se miran en un juego de espejos, por eso la sociedad deja de tener credibilidad en la política y las elecciones, su rechazó lo muestran las encuestas. Algo hay que hacer para recuperar los valores generosos de las ideas políticas, porque cualquier proyecto  político para legitimarse, debe de pensar que el poder es para mejorar las condiciones humanas de la sociedad, no para servirse de él, enriquecerse o gozar de todo lo que imaginariamente muchos sueñan.

 

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