Puebla en Perspectiva


Mario Riestra Piña
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07/07/2010

Crónica de la elección en Puebla


El gobierno de Mario Marín en Puebla no podría entenderse sin el escándalo de Lydia Cacho. Ese hecho marcó un antes y un después en su administración. Los sueños presidenciales de Marín desparecieron en el momento en que se difundió la grabación de su conversación con Kamel Nacif. Desde ese entonces las prioridades para el gobernador cambiaron.


Salvo algunos despistados que consideran que la carrera de Mario Marín puede seguir en ascenso, la inmensa generalidad reconoce que sus aspiraciones nacionales desaparecieron. A diferencia de los anteriores gobernadores poblanos, Manuel Bartlett y Melquiades Morales, quienes aspiraban a la presidencia de la República y la presidencia nacional del PRI, respectivamente, hoy en día Mario Marín aspira únicamente a asegurar la continuidad transexenal de su proyecto político en Puebla. Los incentivos de Marín al momento de conducir el proceso sucesorio en Puebla son muy distintos a los que enfrentaron sus antecesores. Bartlett y Melquiades debieron ceder en sus pretensiones por impulsar a sus candidatos predilectos en pos de legitimarse en sus aspiraciones de trascender. Hoy en día Marín no tiene otro proyecto que el de asegurar su continuidad a través de su grupo político.


Hasta este momento el proyecto marinista ha sido exitoso. Mario Marín logró imponer al interior de su partido a los candidatos a la gubernatura y la presidencia municipal de la capital del estado. Ningún gobernador en la era democrática de Puebla había logrado tener éxito en esa pretensión. A pesar de los grandes riesgos de ruptura que existieron, el gobernador de Puebla impuso a sus más cercanos colaboradores como candidatos. Javier López Zavala y Mario Montero, secretarios de desarrollo social y gobernación, respectivamente, fueron ungidos para asegurar los intereses marinistas en el futuro.


Sin embargo, la victoria marinista en el proceso interno de su partido podría convertirse, al mismo tiempo, en el factor decisivo de su posterior derrota. La imposición de los candidatos marinistas a través de procesos internos amañados arreció el descontento de la militancia priísta poblana. Asimismo, la postulación de miembros de su burbuja impidió la rotación de la élite priísta en el poder. En otras palabras, la elección se convirtió en un referéndum de la administración de Mario Marín.


La elección se redujo a dos grandes proyectos, más allá de las filias partidistas; continuismos vs transformación. El mismo nombre de la Alianza oficialista, “Puebla Avanza”, da por supuesto que el rumbo del estado de Puebla es el adecuado. Esta ecuación resulta por demás peligrosa para los intereses marinistas que ha apostado todo a su proyecto transexenal.


La estrategia marinista conlleva diversas desventajas para su proyecto. Por un lado, la alternativa del continuismo siempre tendrá difícil el despertar la esperanza en la sociedad. Este elemento resulta fundamental para una campaña política. Sin la aspiración de proyectar un futuro mejor, la campaña priísta se ha reducido a lo que su estructura pueda lograr. Aún cuando la estructura del PRI resulta nada despreciable, ésta resultará insuficiente si la participación electoral es elevada.


Por otro lado, las deficiencias de la administración de Mario Marín sirven como semilla fértil para la crítica contra los abanderados del PRI. A pesar de que Mario Marín ejercerá en 2010 cerca de 54 mil millones de pesos, cifra tres veces superior a la que tuvo Bartlett durante su último año de gobierno y casi el doble del presupuesto de Melquiades al cierre de su gestión, los resultados de la actual administración resultan deficientes.


En materia de corrupción, según Transparencia Mexicana, el gobierno de Puebla es el cuarto más corrupto a nivel nacional y de acuerdo al CONEVAL, esta entidad es la tercera con mayor proporción de población en situación de pobreza (sólo superada por Chiapas y Guerrero). En materia de competitividad, la realidad poblana no es mucho mejor y el   estado se ubica en el lugar número 26 a nivel nacional, según el IMCO, hecho que explica el deplorable desempeño de la economía estatal en los últimos años.

 

La incapacidad de despertar esperanza por parte de la campaña de Javier López Zavala junto con los pésimos resultados de la administración marinista y el descontento de un gran número de cuadros priístas relegados auguran una elección extremadamente competida. Por otro lado, la suma de los partidos PAN, PRD, Convergencia y la estructura magisterial, aunado a la presencia de un candidato de gran arrastre como Rafael Moreno Valle hacen crecer la expectativa de cambio. La idea de que Puebla merece un mejor gobierno parece haber permeado hasta lugares inimaginables. La alternancia en Puebla está más cerca que nunca.

 



 
 

 

 
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