Puebla en Perspectiva


Mario Riestra Piña
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18/10/2010

Los alcaldes de 4 años no son la solución


Durante la semana pasada, mucho se habló en este medio sobre las similitudes y diferencias entre el triunfo de Fox en el año 2000 y la victoria de Rafael Moreno Valle en 2010. El debate sugerido por Arturo Rueda aborda la transición y consolidación democrática, desde un punto de vista estructural, dejando de lado los trascendidos y la coyuntura inmediata, hecho que se agradece inmensamente. Sus textos buscan comparar y analizar estas grandes tendencias históricas ya que la transición a la democracia es un proceso complejo e inconcluso, que debe ser atendido muy de cerca a fin de evitar cualquier tipo de regresión.


Después de 10 años de la alternancia a nivel nacional, sobre el ambiente flota un sentimiento de insatisfacción. Por diversos factores, nuestra incipiente democracia ha sido incapaz de traducirse en mejores estándares de vida para los mexicanos. De ahí que resulte interesante comparar ambos procesos para encontrar claves que permitan vislumbrar lo que se hizo y se dejó de hacer para la consolidación de nuestro sistema político.


Las similitudes resultan evidentes. En ambos casos, la alternancia acabó con un sistema político arcaico que había perdurado por más de setenta años. Se trató de una batalla desigual en donde el partido oficial y sus funcionarios torcieron las reglas a fin de favorecer a sus candidatos. La victoria sólo fue posible gracias al despertar de los ciudadanos independientes. La copiosa participación de la sociedad logró que la opción de cambio y transformación se impusiera a la oferta priísta de continuidad. El triunfo de la ciudadanía sobre la apatía levantó también una altísima expectativa. Ambas campañas fueron, ante todo, ejemplos vivos de esperanza.


Sin embargo, así como son amplias las coincidencias, también son profundas las diferencias. En primer lugar, resulta significativo el hecho de que en Puebla la alternancia se haya alcanzado por medio de un esfuerzo conjunto entre cuatro partidos que abarcan un espectro ideológico muy amplio. Aquello que el PRI quiso convertir en debilidad es, en realidad, una gran fortaleza para la transformación de nuestro estado. Izquierda y derecha se unieron en torno a un propósito común que no concluyó el 4 de julio, por lo que los partidos coaligados se han comprometido a continuar trabajando unidos desde el gobierno.


Los alcances del triunfo de Fox hubieran sido superiores de haber trabajo más cerca del PRD, al tiempo que la necesidad de negociar acuerdos legislativos con el otrora partido hegemónico PRI, no hubiera sido indispensable. Los acuerdos impulsados conjuntamente por el PAN y el PRD, como ha sido señalado por Sergio Aguayo, han significado para el país avances significativos (como la consolidación del IFE y la reforma electoral de 1996). El PRI, por su lado, buscó atenuar el cambio a través de la negociación en San Lázaro, por medio de la protección de los intereses favorecidos por el status quo.


En segundo lugar, el triunfo de Compromiso por Puebla se diferencia del de Fox también en su agenda. Fox apostó todo su capital de manera muy temprana (apenas 5 meses después de haber asumido la presidencia) a la aprobación de una reforma fiscal. En otras palabras, Fox privilegió la reforma económica a la política. Se antepuso el desempeño económico mientras las grandes reglas de juego permanecieron intactas. Demasiado tarde se comprendió que no puede impulsarse una Perestroika (reestructuración económica) sin una Glasnost (apertura y reforma política). Después del primer año se esfumó el bono democrático y las grandes reformas políticas fueron olvidadas debido al entrampamiento en las discusiones económicas (reforma fiscal, laboral y energética).


En Puebla, en cambio, se tiene plena conciencia en torno al momentum que significa el primer año de gobierno. En 2012, con el inicio de las campañas presidenciales, la agenda legislativa se habrá de contaminar, por lo que los cambios institucionales y políticos se habrán de impulsar desde un inicio.


Existen, además, otras diferencias entre ambos acontecimientos. A diferencia del gobierno de Fox, la Coalición Compromiso por Puebla contará con la mayoría absoluta en el Congreso del Estado y las personalidades de ambos actores centrales tampoco son comparables. Fox y Moreno Valle son distintos. Moreno Valle es un gran arquitecto de acuerdos y la coalición electoral de este año es un gran ejemplo. En este mismo sentido, el conocimiento de la idiosincrasia priísta por parte de Moreno Valle anticipa también un mejor entendimiento con este partido.

 

Si bien existen características comunes, tengo para mí que serán las diferencias las que marcaran los distintos rumbos. La alternancia en Puebla tiene frente sí un viaje prometedor que augura la llegada a un próspero puerto.

 



 
 

 

 
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