Puebla en Perspectiva


Mario Riestra Piña
[email protected]

20/09/2010

Peña Nieto y la coalición opositora en el Estado de México


En días pasados, el Congreso del Estado de México, a iniciativa de los diputados del Partido Verde Ecologista, aprobó una ley que prohíbe las candidaturas comunes en dicha entidad. Si bien se mantiene latente la posibilidad de que dos o más partidos compitan unidos a través de una coalición, la reforma en comento resultó por demás polémica a nivel nacional.


Cuidadoso de las formas, el gobernador Peña Nieto impulsó esta reforma a través de su aliado electoral, sin importar que, para su posterior aprobación, la mayoría priísta en el congreso votara unánimemente a su favor. Esta propuesta, en términos generales, busca elevar los costos políticos para los partidos que busquen competir de forma conjunta en las elecciones locales de aquel estado. La dedicatoria a una potencial alianza entre el PAN y el PRD en las elecciones del próximo año era expresa. Así lo había declarado el propio gobernador en su reciente informe, en el que calificó como un retroceso democrático tales alianzas.


Lo cierto es que la estrategia del gobierno mexiquense resultó dañina y el juicio popular convirtió la citada ley en un boomerang que impactó al que, hasta ahora, se perfila como el precandidato mejor posicionado de cara a las elecciones presidenciales de 2012. La percepción de que Peña Nieto considera riesgosa para su proyecto personal una potencial alianza entre la oposición, caló hondo. La batalla mediática, a pesar de contar con los medios de comunicación como aliados (Televisa, principalmente), la perdió el gobernador Peña Nieto. Se impuso la percepción de que el PRI temé tales alianzas y éste fue incapaz de explicar realmente el significado de la reforma legal que se implementó.


Tarde llegaron los argumentos que buscaron explicar que dicha reforma ya se ha implementado en decenas de estados a nivel nacional (Guanajuato incluido). Tampoco se supo explicar que la nueva ley de ninguna manera impide que se realice en el Estado de México una coalición como la que se dio en Puebla a través de Compromiso por Puebla. La percepción, casi generalizada, fue que Peña Nieto recurrió a una reforma legal para minar la posibilidad de que PAN y PRD compitan de manera conjunta, hecho que fue considerado como abusivo y sintomático del temor que vive el gobernador.


Se buscó hacer más difícil la potencial unión electoral entre los partidos de oposición y, sin embargo, tengo para mí que sucedió exactamente lo opuesto. Ante la agresión del adversario común a vencer el próximo año, la reforma legal dio fuerza e identidad a la posible coalición. Al interior de los partidos que buscan coaligarse, aquellas expresiones a favor de tal alianza ganaron espacios y legitimaron su postura. Pocos elementos unen tan profundamente a fuerzas disímbolas como la amenaza externa de un “enemigo” común.


Si bien la coalición plantea mayores dificultades para los partidos que buscan construir una coalición, si la comparamos con la figura de la candidatura común, éstas no deberán ser mayor problema ahora que existe un aliciente tan poderoso, tal como lo es la mencionada reforma legal. Hoy más que nunca, la alianza opositora en el Estado de México es una posibilidad real.


Por último, aunque no existe encuesta pública que lo confirme, pareciera que el debate en torno a las candidaturas comunes mermó en alguna medida la popularidad del mandatario mexiquense. Por ligero que parezca ese impacto, no se debe desdeñar el que algún hecho en particular afecte en algunos puntos porcentuales el capital político de cualquiera de los aspirantes a la presidencia.


La contienda electoral en el Estado de México, antesala obligada de la elección de presidente, comienza a tomar forma. La eliminación de las candidaturas comunes, lejos de impedir una coalición opositora, sirvió como aliciente. Lo cierto es que la coalición no es requisito suficiente para asegurar la alternancia en aquel estado. La alianza opositora debe aún sortear dos grandes obstáculos; la positiva evaluación de la administración actual y la designación de su candidato. Ante la ausencia de un descrédito del actual ejecutivo local, se torna aún más necesario que el posible candidato coaligado ostente un liderazgo fuerte (tal como sucedió en Puebla), capaz de reducir al mínimo el número de descontentos.


La entidad mexiquense tampoco hace sencilla la conformación de una coalición opositora. PAN y PRD cuentan con una preferencia electoral muy similar dentro del electorado de aquel estado. El voto histórico del PAN, concentrado en el corredor azul, es semejante al del PRD, concentrado al oriente del Distrito Federal (en Cd, Nezahualcoyotl, por ejemplo). Ante la ausencia de un partido opositor que supere contundentemente a sus aliados, la interrogante respecto a quién será el abanderado de la coalición es mayor. Un perfil ciudadano, ajeno a los dos grandes partidos de oposición podría resolver la encrucijada.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas