Puebla en Perspectiva


Mario Riestra Piña

11/01/2010

Factores a tomar en cuenta para la elección de candidatos


Junto con el inicio del año 2010, los partidos políticos en Puebla han iniciado la parte final de los procesos internos de selección de candidatos. La competencia entre los precandidatos a fin de resultar designados es, sin duda alguna, uno de los momentos clave dentro de toda elección. La influencia de estos procesos, si bien no resulta necesariamente determinante en el resultado de la votación, sin duda suele marcar un relevante punto de inflexión en las campañas.


Se trata de un proceso cotidiano que sucede, en mayor o menor medida, cada vez que existe una elección de relevancia. En cada proceso electoral, los partidos enfrentan este mismo dilema; cómo seleccionar al mejor candidato a fin de maximizar las oportunidades de triunfo el día de la votación, sin sacrificar los ideales y la plataforma político electoral. A juzgar por los argumentos esgrimidos en la opinión pública poblana, pareciera que no existe claridad en los criterios que debieran guiar la selección de los abanderados partidistas.


El debate al interior de los partidos ha estado dominado por argumentos relacionados con los resultados de las encuestas, el grado de conocimiento de los precandidatos entre la sociedad y la potencial intención de voto. Sin embargo, estos aspectos por sí solos no garantizan maximizarel número de votos obtenidos en la elección, pues dejan de lado otros elementos que, aunque probablemente más difíciles de medir, tienen que ver con el potencial de crecimiento de cada precandidato.


El error radica, a diferencia de lo que la literatura especializada indica, en que los partidos eligen a sus candidatos tomando en cuenta ciertas variables que permiten dilucidar quién lleva mano durante el proceso interno y no quién resultaría mejor abanderado durante la elección. El horizonte temporal es diferente, por lo que los resultados en la mayoría de los casos también lo son.


Además de las variables antes reseñadas (conocimiento de los precandidatos e intención del voto durante el proceso interno), mismas que sin duda deben tomarse en cuenta, existen otros aspectos que no deben pasar por alto. Lo realmente importante es el potencial del crecimiento al finalizar la campaña. No importa la ventaja inicial con la que se cuente, sino el resultado final de la contienda.


Recordemos el proceso interno al interior del PRI para la selección de su candidato a la presidencia en 2006. Por un lado, Roberto Madrazo enfatizaba el amplio grado de conocimiento con el que gozaba entre la población. Sobra decir que dicho conocimiento no le fue suficiente. Cualquiera que haya visto el porcentaje de menciones y opiniones negativas con las que contaba Madrazo en 2005 y 2006, derivado de su conflicto público con Elba Esther Gordillo, podría explicar el por qué de una votación tan reducida para el PRI. Se trataba pues de un candidato conocido, pero también desprestigiado.


Durante ese mismo proceso interno, el grupo priísta conocido como Todos Unidos contra Madrazo (TUCOM) postulo al ex gobernador del Estado de México, Arturo Montiel. El argumento empleado para su común postulación dentro del proceso interno priísta fue también el de su amplio grado de conocimiento. Su precandidatura duraría pocas semanas y éste terminaría finalmente declinando a favor de Madrazo en medio de profundas acusaciones de corrupción. Se trataba también de un candidato conocido que, debido a sus antecedentes, era también muy vulnerable.


Comúnmente se eligen candidatos inicialmente muy conocidos, pero también vulnerables y desprestigiados. Las campañas sirven precisamente para exponer las cualidades y defectos de aquellos que compiten por la representación popular. Se trata de una especiede vitrina o radiografía que hace visible lo que comúnmente no se percibe y eso suele debilitar a muchos candidatos.


Tenemos también ejemplos de candidatos aparentemente poco conocidos al inicio de las campañas y que, sin embargo, gracias a un discurso e imagen atractivo suelen sumar grandes adeptos. Se trata de candidatos carismáticos con propuestas de políticas concretas y con un amplio potencial de crecimiento en la opinión pública. En Puebla, durante la campaña de 2007, vivimos un caso similar.En ese entonces Blanca Alcalá inició una campaña con una amplia desventaja inicial que poco a poco fue reduciendo hasta revertirla poco antes del día de la elección. Blanca Alcalá era una candidata no tan conocida, pero sin duda con un gran potencial que terminó plasmándose en el resultado electoral.


Asimismo, resulta también indispensable el analizar las potenciales fracturas e incisiones partidistas originadas por la repartición de las candidaturas. Los dirigentes partidistas requieren valorar las ventajas de cada precandidato así como los potenciales costos y obstáculos que cada uno conllevaría en caso de resultar designado.


Por su naturaleza, la inmensa mayoría de los procesos de selección de candidatos generan algún tipo de tensiones. Toda definición de candidaturas conlleva ganadores y perdedores. Sin embargo, la definición de las candidaturas requiere tomar en cuenta no sólo el conocimiento de los aspirantes sino también variables distintas tales como el porcentaje de opiniones negativas, la vulnerabilidad de los aspirantes y el potencial de crecimiento en la intención del voto, gracias a perfiles con un discurso e imagen atractivos y coherentes.

 

Los partidos políticos deben estar conscientes de que los candidatos van  a ser votados no sólo por sus simpatizantes partidistas, sino también por esa gran masa indecisa que en la mayoría de los casos acaba inclinando la balanza a favor de alguna de las opciones. ¿Y en qué se fija esa gran parte del electorado, tan menospreciada por unos y tan temida por otros? El electorado analiza: trayectoria, capacidad, honestidad, frescura y resultados, entre otros aspectos. El escrutinio público es feroz y ante él, los argumentos previos van despareciendo ante la contundencia de la información que en el proceso de las campañas va apareciendo y que hacen que unos candidatos pierdan credibilidad y otros vayan posicionándose.

 



 
 

 

 
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