Puebla en Perspectiva


Mario Riestra Piña
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17/03/2010

La democracia partidista al interior del PAN


Siempre he expresado que el Partido Acción Nacional (PAN) cuenta con grandes principios, valores e ideología. La doctrina de nuestro partido antepone el bien común por encima de cualquier consideración personal o de grupo. Los estatutos de cada partido son de la mayor importancia pues constituyen una guía inconfundible para los políticos emanados de sus filas.

 

La congruencia entre la ideología de un partido y su metodología resulta indispensable. En caso de que los valores de un partido no se lleven a la práctica, su ideología pierde vigencia y se convierte en letra muerta. De ahí la relevancia de evaluar también la vida interna de los partidos, a fin de analizar si sus procedimientos reflejan los principios enarbolados estatutariamente. En el caso del PAN, con gran satisfacción puedo atestiguar que existe una gran congruencia entre su ideología y metodología, y que ésta última es sin duda la más democrática y meritocrática de todas las fuerzas políticas mexicanas.


Los procesos de selección de candidatos en el PAN son un ejemplo muy claro de su vocación democrática. La selección del abanderado panista a la alcaldía de Puebla – una vez que los potenciales perfiles externos se auto-descartaron – ha sido conducida con gran pulcritud por parte de las dirigencias y los pre-candidatos.


Frente a las designaciones de candidatos al interior del PRI, la participación equitativa, democrática y ordenada de la militancia panista sirve como aire fresco para la reivindicación del ejercicio político en México. Todo proceso de selección de candidatos levanta pasión entre los involucrados, pero la actitud responsable de Humberto Aguilar Coronado y Eduardo Rivera hace posible anticipar un desenlace institucional.


Destaco sobre todo las siguientes características del proceso interno para la selección del candidato a la Presidencia Municipal de Puebla:

 

La inclusión de la militancia en la toma de decisiones. Todos los militantes activos del municipio formarán parte, con su voto, de la elección del abanderado panista. El padrón de miembros es público, por lo que se asegura transparencia a la militancia y los contendientes.

 

La gran institucionalidad de todos los participantes. Por encima de sus legítimas aspiraciones personales, ambos precandidatos han privilegiado la unidad del partido. Hemos sido testigos de diversos encuentros entre ellos y las señales de unidad se agradecen. La posible común postulación de un equipo de regidores abona también en este sentido.

 

La democracia interna, si bien es perfectible, siempre será el mejor método para elegir perfiles ganadores, en especial cuando los interesados garantizan civilidad en el proceso. En el caso del PAN, la equidad en los procesos es mucho mayor y las barreras de entrada para la competencia son legítimas. En ningún momento se establecieron mecanismos que impidieran la competencia de cuadros por medio de candados excesivos.

 

El PAN ha buscado siempre ser escuela de ciudadanos. De ahí que existan procesos de filiación que obliguen el estudio de la historia y doctrina del partido. Por ende, las descalificaciones entre los aspirantes resultan inútiles y el debate es direccionado a la trayectoria y propuestas de los involucrados. Se trata pues de una metodología que apela en mayor medida a la información, contraste y debate.

 

La trayectoria y compromiso de ambos sirven como preludio de la victoria del PAN. Ambos saben lo que se requiere para vencer al PRI y, en el caso específico de Mario Montero, ambos han logrado ya vencerlo. En 2006, durante la elección federal de senadores, Humberto Aguilar (entonces candidato del PAN) y Eduardo Rivera (otrora Presidente Estatal de Acción Nacional) lograron hilvanar una estrategia triunfadora.

 

Se trata de cuadros panistas con experiencia y compromiso probados. Ambos cuentan con la frescura necesaria para convencer al electorado y tienen trayectorias limpias. En mi caso, una vez que me sea otorgado oficialmente la constancia de candidato a diputado por el Distrito VI, estoy cierto de que la coordinación con cualquiera de ambos será fluida y armoniosa. Sin embargo, abrazo públicamente el proyecto encabezado por el diputado local con licencia Eduardo Rivera. Considero que su cercanía con la militancia panista capitalina servirá como instrumento para la articulación de un movimiento social que redunde en el triunfo electoral el próximo 4 de julio.

 



 
 

 

 
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