Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca

02/05/2011

 

Ya no es como antes…

Desde hace algunos años ha cambiado el ritual de la celebración del Día del Trabajo. Durante el priismo nacionalista y revolucionario, había magnos desfiles en los que las grandes centrales obreras como la CTM, la FROC, la CROM, presentaban a sus contingentes ante el presidente de la República, en la ciudad de México, y ante los gobernadores, en las capitales de los estados.


También participaban los grandes sindicatos de maestros, trabajadores al Servicio del Estado, electricistas, telefonistas, trabajadores del Seguro Social, etcétera.


El objetivo era adquirir mayor fuerza política a los ojos de los gobernantes en turno para lograr más y mejores posiciones en las cámaras de Senadores y Diputados y en los Congresos locales.


Los líderes de las centrales obreras y de los grandes sindicatos nacionales encabezaban las marchas, pero luego se subían a las tribunas para presenciar, junto con las autoridades, el paso de sus contingentes.


¿Cuántos cetemistas desfilaron? era la pregunta obligada de los reporteros que cubrían el desfile a don Blas Chumacero Sánchez, y siempre obtenían la misma respuesta: “El que quiera saber cuántos somos, que nos cuente”, y esa respuesta, quién sabe por qué, provocaba siempre risas de los acompañantes de don Blas, que así celebraban la “ocurrencia” de su líder, generalmente de mal humor.


La tecnocracia priista llegó al poder supremo de la nación con don Miguel de la Madrid Hurtado, aun cuando el jefe real del grupo era Carlos Salinas de Gortari, y todo empezó a cambiar.


En su afán de debilitar al PRI para sustituirlo por un partido político de su propiedad, que se llamaría Solidaridad, Salinas de Gortari empezó a minar la fuerza de los trabajadores organizados, uno de los pilares del priismo tradicional.


Y la celebración del Día del Trabajo, que cada año era más agresiva contra las autoridades federales tecnocráticas, empezó a cambiar. Hubo un desfile especialmente problemático para las autoridades y eso dio pie para el cambio.


Tanto en la capital de la República como en las capitales de los estados se celebraron acuerdos con las centrales y los grandes sindicatos para suspender los desfiles y realizar actos en locales cerrados. Pero siempre hubo organizaciones independientes que salieron a la calle a manifestarse y a protestar.


Ayer en Puebla lo hicieron los sindicatos de la UAP, los telefonistas, los electricistas del SME, los vendedores de la 28 de Octubre, los antorchistas y otras organizaciones llamadas independientes; mientras que los dirigentes de las organizaciones obreras tradicionales, los líderes de los sindicatos que las conforman y representaciones de sus agremiados desayunaron con el gobernador del estado, Rafael Moreno Valle Rosas, en el Centro de Convenciones del bulevar 5 de Mayo.


Todo transcurrió tranquilamente. Los independientes desfilaron en el Centro Histórico y los miembros de las grandes organizaciones de trabajadores también desayunaron en la misma zona.


Unos y otros están preocupados por las reformas a la Ley Federal del Trabajo que les acecha. Consideran que su aprobación, tal como está, sería un retroceso mayúsculo, y que su de por sí difícil situación volvería a los tiempos de don Porfirio, ¿será?

 

“El Peje” en Puebla


Andrés Manuel López Obrador, “El Peje”, presidió un mitin al medio día del sábado en el zócalo de esta capital.


Fue un acto concurrido en el que más de 3 mil asistentes portaban banderolas del Partido del Trabajo y de Convergencia. No hubo banderolas del PRD ni dirigentes de ese partido.


Hubo priistas reconocidos que asistieron como curiosos y mucha gente de clase media popular. También asistieron personas venidas de municipios del interior del estado que pagaron una cuota para cubrir el importe del autobús que fue contratado para traerlos. Muchas personas que viven en colonias populares empezaron a llegar a pie, como en procesión religiosa, portando banderolas, provenientes de todos los rumbos de la ciudad.


La organización del acto fue en general mala: falló mucho el sonido y la gente protestaba porque los oradores no eran escuchados. El mismo López Obrador trataba de remediar el problema, acomodando los micrófonos para lograr un mejor sonido.


Cuando él habló ya se había solucionado el problema: su discurso fue bueno, cumplió las expectativas. Dijo que sólo el pueblo organizado puede salvar al pueblo, que está en manos de una mafia de sinvergüenzas, del PRI y del PAN, que han despojado a nuestro país de sus riquezas para beneficio del pequeño grupo que detenta el poder y de extranjeros.


El país, señaló, está agobiado por la mala educación, por la falta de oportunidades de estudio y de trabajo para sus jóvenes, por el desempleo, la pobreza y la violencia, que es consecuencia de la desatención al campo, a la educación, a la micro y pequeña empresa, pues el grupito minoritario que se ha adueñado de México tiene una ambición desmedida de riquezas y poder y no le importa nada la suerte de los mexicanos.


Fue largo el discurso del líder izquierdista, pero dejó satisfechos a sus seguidores.

 

Poblanos que saludaron a Juan Pablo II


El 29 de enero de 1979 fue la primera visita de un papa, Juan Pablo II, a Puebla. Ese papa ya es beato, que es el principio de la carrera para llegar a la santidad. Es decir, ya puede recibir veneración en los altares y se le pueden pedir milagros.


¿Sabe usted quiénes fueron los primeros poblanos que saludaron al ahora beato, a su llegada a territorio poblano?


Fueron el doctor Alfredo Toxqui, gobernador del estado; el licenciado Marco Antonio Rojas Flores, secretario de Finanzas; el licenciado Carlos Trujillo Pérez, secretario de Gobernación; el licenciado Gildardo Carpio Corzo, secretario particular del gobernador; el licenciado Luis Cubillas Tellechea, director de Comunicación Social del gobierno, y Elmo Olavarría, quien también ocupaba un cargo en la administración estatal.


Esto ocurrió en los límites del Estado de México y Puebla, por los rumbos de Río Frío. Lo saludaron de mano y cruzaron unas palabras con el pontífice que ahora está camino a la santidad.

 

A la entrada de la capital del estado lo recibió, unos minutos después, el entonces presidente municipal, licenciado Miguel Quirós Pérez, quien le dio un abrazo. Ya se imaginará lo contentos que están, quienes todavía viven, pues hay algunos ya fallecidos, por ese hecho. No son muchos los católicos del mundo que puedan afirmar que saludaron a un casi santo.

 



 
 

 

 
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