Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca

02/12/2010

 

Dos meses faltan para el cambio de gobierno


El primero de febrero del año por venir, será el cambio de gobierno del estado. Por primera vez en la historia de la entidad, asumirá el poder un gobierno que no será priísta, aunque en su conformación, empezando por el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, haya numerosas personas que se hicieron políticamente en las filas del priísmo. Tampoco será un gobierno panista o perredista, digamos que será un gobierno de conformación plural, en el que tendrán cabida elementos de diversas ideologías políticas o sin ellas.


Lo que los ciudadanos de a pie esperan, es que sea un gobierno integrado por personas con conocimiento de los problemas de Puebla, con capacidad para resolverlos y con la sensibilidad política y social, suficientes para no adoptar un comportamiento que aleje a los ciudadanos, en vez de darles confianza y unirlos.


Durante los meses que pasaron de la elección a la fecha, no se produjeron incidentes entre el gobierno que se va y el que llega. Ya habíamos comentado que el comportamiento de los gobernadores, saliente, Mario Marín Torres, y entrante, Rafael Moeno Valle Rosas, ha sido ejemplar. Ambos mostraron madurez, sensibilidad y civilidad políticas, en tiempos en que todo está descompuesto.


El gobernador electo, no se ha dejado llevar por las presiones que ha recibido, para entrar en conflicto con el gobernador saliente. La transición ha caminado bien, tal vez con algunos problemas, que pueden ser considerados como normales, que se han superado rápida y eficazmente. No hubo pues el anunciado “choque de trenes” que algunos medios de comunicación esperaban y anunciaban.


Por ese lado, todo ha salido bien.


En estas últimas semanas, el gobernador Mario Marín, ha estado recorriendo el estado para entregar las últimas obras de su gobierno, principalmente vías de comunicación, escuelas y obras de infraestructura de salud; también el gobernador electo, Moreno Valle Rosas, ha hecho recorridos para presidir los foros temáticos que se han venido realizando con éxito en diversas regiones de la geografía poblana, para afinar sus planes de gobierno.


Se espera pues, para bien de Puebla, que todo se siga desarrollando dentro de los cánones de la civilidad política democrática.


Algunos grupos quisieran ver sangre, sin darse cuenta de que como están las cosas en el país, crear conflictos políticos por mero capricho, por antagonismos personales, por resentimientos, podría provocar un estancamiento en la vida de la entidad, que a nadie conviene.

 

No hacer caso de rumores


Estamos viviendo una etapa política en el país, en la que los rumores y los chismes corren como reguero de pólvora, por los modernos medios de comunicación que existen, rumores y chismes que muchas veces se hacen correr a propósito para causar algún daño.


Se inventan cosas que se dan como ciertas, sin ninguna prueba, sin ningún sustento. Su finalidad es causar daño a personas o grupos considerados como adversarios políticos y algunas veces lo logran.


Les voy a contar una experiencia que recientemente tuve, sobre un rumor que sin ser político, puede tomarse como ejemplo de lo que puede provocar el esparcir una información no confirmada convenientemente, no comprobada y por tanto falsa.


Hace poco, la generación de abogados egresados de la UAP 1961-1965, cumplió 45 años. A ella pertenecen personajes de la política como Melquíades Morales Flores, Efraín Trujeque, Héctor Maldonado Villagómez y otros.


Un miembro de ella, el licenciado Liborio Hernández Xochitiotzin, me hizo el favor de llevar una invitación para los actos que habían programado y al leer la lista, le hice ver que varios de los que ahí aparecían y él mismo, pertenecían a la generación anterior, que es a la que yo pertenezco, aunque no terminé la carrera.


Me dio una explicación convincente y me pidió que asistiera, como le dije que me sería imposible porque no estaría en esta capital, prometió llevarme el libro que como recuerdo de esa fecha habían elaborado, con fotos y algunos escritos de los flamantes integrantes de la generación, a muchos de los cuales conozco desde aquélla época.


Fiel a su promesa llegó con el libro y volvimos a hablar nuevamente de quienes ingresaron a la carrera en 1960 y concluyeron sus estudios en 1961 y entre ellos estaba José Trinidad Vivanco, originario de Acajete. Su respuesta fue: “Ya murió”.


“Queeeee. Cómo va a morir si hace unos meses estuvo con nosotros en una comida”, con los de la generación anterior.


“No de veras, ya murió. Mira la lista que aparece en el libro”, me contestó. Y efectivamente, su nombre aparecía con una crucecita que indicaba que había fallecido. Lo lamenté mucho.


Unos días después me habló el también licenciado Nicandro Juárez Torres, compañero y paisano, para recordarme de la comida que tendríamos en los  últimos días de noviembre. Le dije lo de la muerte de Vivanco y también lo lamentó mucho, afirmando que nadie le había informado nada.


Un día antes de la comida de nuestra generación, recibí una llamada del licenciado Melquiades Morales Flores, para invitarme a la conferencia del  senador Manlio Fabio Beltrones y aproveché para reclamarle, amigablemente, que los de su generación se estuvieran “pirateando” a los de la nuestra y me explicó la razón tan convincentemente como lo había hecho Hernández Xochitiotzin. Luego le pregunté, “oye, ¿Qué se murió La Paloma?”


“¿Quién es La Paloma?” preguntó y le dije quien era: “Vivanco, el de Acajete”.


“Ah, sí, mi compadre. Sí fijate que ya murió”.


Con todas esas informaciones, yo lo di por hecho.


Llegó el día de la comida de mi generación y llegue a difundir la dolorosa noticia. Todos lo lamentaron. Llegó el magistrado Juan José Barrientos Granda, el presidente y le fue comunicado lo que yo decía. “Pues yo todavía tengo mis dudas”, afirmó, a lo que respondí, “Cómo que todavía tienes tus dudas, si me lo dijo Hernández Xochitiotzin, me lo confirmó Melquíades, cabrón, y su nombre aparece con una crucecita en el libro que editaron”.  “Bueno, a ti sí te creo” me contestó.


Pasó un buen rato y Vivanco no llegó. Se le dijo al licenciado Ernesto Suárez Grados, que pusiera una esquela en el Sol de Puebla, dándole el pésame a la familia del compañero muerto, aunque nadie sabía la fecha del suceso.


Dio principio la comida y cuando terminábamos la sopa, se escuchó el grito del licenciado Angel López  Santamaría: ¡Resucitó el muertooo¡. Todos volteamos hacia la escalera y con un sonoro y entusiasta aplauso, recibimos a José Trinidad Vivanco, como espantado nos miraba a todos, pues no se esperaba un recibimiento como ese. Se le explicó lo que había pasado y me dijo en voz baja: “Con razón no me invitaron a su fiesta esos hijos de….”


Fue un rumor que a ninguno de los abogados y a este periodista, se les ocurrió corroborar en su casa, con su familia y que se dio por hecho. ¿Qué hubiera pasado si la esquela se publica? Los rumores que ahora están tan de moda en el medio político, deben ser tomados como eso, como rumores. Nada serio.

 



 
 

 

 
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