Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca

03/09/2012

 

El triunfo de Peña Nieto

 

Era de esperarse una resolución favorable a la elección de Enrique Peña Nieto, como Presidente de la República para el periodo 2012-2018, por parte del Tribunal Federal Electoral.


Era de esperarse porque no había elementos jurídicamente válidos para anular la elección, como lo pedía el Movimiento Progresista y que fue conformado con los partidos PRD, PT y Movimiento Ciudadano, supuestamente de izquierda, que postularon a Andrés Manuel López Obrador.


Las pruebas aportadas por el Movimiento Progresista, no tuvieron validez jurídica: dichos de testigos supuestamente presenciales de compra de votos, recortes de periódicos, grabaciones de informaciones a través de radio y televisión, animales de granja supuestamente entregados a cambio de votos, no constituyen, jurídicamente, ninguna prueba de nada.


La exigencia de nulidad de la elección presentada por la presunta izquierda, como dice un colega periodista y buen amigo, con todo respeto, no tenía ningún sustento real.


Había una incongruencia en esa petición: se pedía, mejor dicho, se exigía la anulación de la elección presidencial, pero no la de diputados y senadores o la de gobernadores y presidentes municipales en las entidades, donde hubo elecciones locales también.


La coalición de izquierda o Movimiento Progresista obtuvo triunfos claros y contundentes en Morelos y Tabasco, donde ganó la elección de gobernador y obtuvo mayoría en los congresos locales de esas entidades; en Guerrero, no sólo ganó la elección presidencial, sino la mayoría de los candidatos a diputados y senadores, numerosos ayuntamientos, entre ellos el de Acapulco y la mayor parte de los diputados locales; en Puebla, donde el PRD ha sido siempre tercera y hasta cuarta fuerza política ganó la elección presidencial, pero no obtuvo ningún triunfo en los 16 distritos electorales federales en disputa.


El candidato presidencial de la izquierda pues, ganó donde debía ganar, incluyendo Puebla, entidad en la que nadie imaginó —hasta hace muy poco tiempo— que triunfaría un candidato izquierdista.


Pero los partidos de izquierda por mucha popularidad que tuviera su candidato presidencial, que la tiene, no constituyen garantía de nada. Son partidos sin estructura, sin organización, sin unidad interna.


El propio Andrés Manuel López Obrador se dio cuenta de esto hace seis años, cuando estuvo a punto de ganar la Presidencia, y por eso decidió conformar el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) para contar así con un ejército electoral, que al margen de los partidos coaligados, cuidara el proceso. Pero algo falló, porque según se supo, los militantes de Morena participaron muy activamente en cuidar la elección presidencial, pero se desentendieron de lo demás y viceversa, los representantes de los partidos de izquierda, donde los hubo, cuidaron la elección de diputados y senadores y se desentendieron de la presidencial.


Hace seis años, cuando en Puebla había una enorme simpatía, como ahora, por López Obrador, los izquierdistas fueron incapaces de cubrir con representantes más de mil 100 casillas en el estado, es decir, la izquierda no tuvo alguna acta de mil 100 casillas para comprobar el triunfo de su candidato.


Como usted comprenderá, así no es posible exigir la anulación de las elecciones: con base en qué, los magistrados, que supuestamente están al margen de partidos y de ideologías van a anular una elección en la que participaron millones de personas, si carecen de pruebas jurídicamente válidas para eso.


Por primera vez en su historia, el PRD tiene un senador por Puebla, Miguel Barbosa Huerta. Pues eso, tiene enojadas a la mayoría de las tribus perredistas, pues consideran que “El Ñoño”, así le dicen, va a continuar dominando a su partido en la entidad, como lo ha venido haciendo desde hace 10 años. No les da gusto que quien fue dirigente estatal del partido del Sol Azteca sea el coordinador de la bancada perredista, por el contrario, les da coraje, aunque eso sí, júrelo, más de uno se acercarán a él para solicitarle algún favor o simplemente para saludarlo, aunque renieguen de él a sus espaldas.


Bueno, eso ocurre en todos los partidos, pero en los de izquierda o supuestamente de izquierda, eso es más notorio.


Lo malo de todo esto es que la izquierda seguirá por el mismo camino por el que ha ido siempre: división y enfrentamiento interno, nulo trabajo de partido, y consecuentemente, pésima estructura y casi nula organización, lo que significa un partido débil, sin cuadros suficientes para competir en elecciones locales o federales y sin tener el respeto y la confianza de los ciudadanos.


Lo que se ha dado por llamarse “las izquierdas”, debería exigir la reestructuración de sus respectivos partidos, reorganizarse, formular un plan de trabajo que incluya a toda su respectiva militancia, cambiar, de ser partidos de pequeños grupos de interés a verdaderos partidos de ciudadanos progresistas, con espíritu y formación democrática. Así como están y como han estado siempre, a la mejor vuelven a tener un candidato carismático y popular, como Andrés Manuel, que volverá a perder. En la lucha política por el poder, lo carismático y lo popular ayuda, pero lo que realmente vale es la estructura y la organización.

 

Empieza la cuenta regresiva


Ayer, el presidente Felipe Calderón Hinojosa presentó, por fin, su último informe de gobierno. Como dijo Díaz Ordaz en entrevista que le hicieron el día que Echeverría entregó el poder presidencial a su sucesor: “ya podemos respirar tranquilos”.


Aunque al actual jefe de la nación le faltan tres meses en el poder, realmente ha terminado su periodo. El poder de un presidente mexicano decae, dicen, cuando es designado su sucesor y en este caso, ya se aprobó la elección de Peña Nieto.


Don Felipe Calderón deja un mal sabor de boca en la mayor parte de los mexicanos. Las generaciones posrevolucionarias no recordamos una situación tan dramática en nuestro país, como la que se vivió en el sexenio que termina.


Más pobreza, desempleo, carestía, corrupción, casi nulo crecimiento económico, escasez de alimentos, desplome de los pilares de la economía nacional, pero lo más grave: inseguridad y violencia y un saldo, que diarios europeos y estadunidenses cuantifican en más de 100 mil muertos, decenas de miles de desaparecidos, miles de violaciones a los derechos humanos, decenas de miles de migrantes obligados por la violencia y muchos etcéteras.


Un sexenio, este que termina, realmente trágico. Si Vicente Fox basaba su discurso de campaña en la frase de que los 71 años de priismo habían sido años perdidos, cómo vería las cosas en el gobierno de quien él impuso en la Presidencia, que invitó a los mexicanos a votar por el candidato del PRI en esta elección.

 

Festival de música y danza indígena


El gobernador del Estado, Rafael Moreno Valle, acompañado del presidente municipal, Eduardo Rivera y del titular de la Comisión encargada de velar por el desarrollo de las comunidades autóctonas, Xavier Abreu Sierra, puso en marcha el tercer Festival de Música y Danza Indígenas, que se celebra en el zócalo de esta capital.


Siempre será importante impulsar y alentar a los pueblos originarios de México a conservar la parte de la cultura de sus antepasados que aún les queda. El gobernador se comprometió a eso y agregó además, apoyar a las etnias que existen en territorio poblano para su desarrollo educativo, social y económico.


Habló, al inaugurar el festival, de promover proyectos productivos que generen riqueza para acabar con la pobreza.


Los campesinos indígenas están muy necesitados de ayuda, de apoyo para explotar lo mejor posible sus pequeñas parcelas, para valerse por sí mismos, para ya no depender de la caridad de los gobiernos, sino explotando convenientemente lo que tienen. Requieren apoyos, no dádivas.


El gobernador se comprometió a ello, a darles facilidades para la educación de niños y jóvenes, impulsar la venta de sus artesanías, la creación de proyectos productivos y la atención a sus problemas de salud.


El pasado fin de semana, el gobernador entregó en Acteopan otro lote de mototractores, para mejorar la producción agropecuaria del estado. En total se han entregado en lo que va del actual gobierno mil 500 máquinas de este tipo.

 

En los casos concretos de apoyo al campo, a las comunidades indígenas, la construcción de hospitales de calidad y de mejoramiento en la educación, los ciudadanos no dudan en manifestar su decidido apoyo al gobierno estatal. Hay plena consciencia de lo que Puebla necesita para su desarrollo y progreso y de lo se consideran gastos innecesarios. La sociedad se ha vuelto cada día más informada y más crítica y eso es bueno.

 

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