Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca

03/12/2012

 

Los milagros en política no existen

 

Por desgracia en política, los milagros no existen y mucha gente espera del nuevo gobierno priista encabezado por Enrique Peña Nieto, verdaderos milagros.


La violencia e inseguridad continuarán por un tiempo, hasta que la nueva estrategia anunciada por el Presidente de la República entrante empiece a funcionar y dé buenos resultados.


La pobreza, la pobreza extrema, el desempleo, no son problemas que puedan solucionarse de la noche a la mañana. La situación de desastre que dejan dos sexenios gobernados por el Partido Acción Nacional y tres sexenios anteriores gobernados por tecnócratas priistas no podrá revertirse en un mes o en un año.


El actual gobierno priista no ha dado señales claras de que abandonará el neoliberalismo fracasado en todo el mundo, pero impuesto a nuestro gobierno por el poderoso vecino del norte. Difícil será sacudirse la tutela estadunidense, si se carece de voluntad política y de organización ciudadana. Una ciudadanía fuerte y organizada puede convertir a un gobierno pelele del vecino en un gobierno fuerte y digno, que rechace propuestas que no beneficien al pueblo y que logre una alianza para progresar, basada en el respeto y en la búsqueda del mutuo beneficio.


Somos un país de 113 millones de habitantes no una pequeña república de 5 o 10 millones, sin embargo, nos comportamos como si fuéramos un pequeño país que tiene que hacer lo que le indique su poderoso vecino, incluso una guerra contra el narcotráfico, en la que pierdan la vida decenas de miles de jóvenes. La lucha contra la delincuencia organizada deberá hacerse de acuerdo a nuestras propias reglas y con nuestros propios medios.


El problema del desempleo es sumamente grave que da lugar al subempleo, a la economía informal y a la delincuencia. No es con medidas policiacas con lo que se van a enfrentar esos problemas, sino con una política social bien cimentada y bien hecha.


La educación es base para lograr los cambios que el país requiere. Hay la intención real de mejorar nuestro sistema educativo, bastante deteriorado. En este aspecto, sí puede haber cambios en el mediano plazo, bastará con la voluntad política de sacudirse a los líderes que con su actitud intransigente han provocado el deterioro del sistema educativo nacional.


El presidente Peña Nieto ha presentado un programa de 13 puntos para abordar los principales problemas del país.


Cuenta con un gabinete conformado con viejos y jóvenes políticos experimentados y capacitados en el servicio público, eso constituye una ventaja enorme. Hemos visto el fracaso de los gobiernos panistas, precisamente porque sus gabinetes han sido de gente sin experiencia, sin formación en la actividad política y en el servicio público y sin sensibilidad social, pero sobre todo, sin conocimiento de la realidad nacional o con una visión distorsionada.


En general, el ciudadano común tiene la esperanza de que las cosas cambiarán con el nuevo gobierno y en eso creo que tiene razón. No podríamos seguir sin llegar a una hecatombe, con un gobierno tan ineficiente, tan ineficaz, como el que se acaba de ir.


Dice Catón, que si la esperanza fuera una carrera, los mexicanos ya tendríamos el doctorado en ella. Pero es que la esperanza es lo único que nos queda para evitar un enfrentamiento, una nueva revolución, que en vez de solucionar los problemas, los agravaría.

 

País de ciudadanos


El fundador del Partido Acción Nacional, Manuel Gómez Morín, no vio, afortunadamente, el rotundo fracaso de su partido, en lo que él propuso.


Él quería que los mexicanos llegáramos a ser un pueblo de ciudadanos, con formación política para discutir y llegar a soluciones de nuestros problemas.


Quería que los partidos, como el PAN, fueran escuelas de política, formadoras de ciudadanos conscientes de sus deberes, obligaciones y de sus derechos.


Pensaba que un partido debía llegar al poder, cuando sus miembros fueran ciudadanos bien formados, con ideología bien cimentada, con un proyecto de nación y con los conocimientos necesarios para hacer realidad ese proyecto.


No fue así: Acción Nacional se desvió del camino desde los 80 en que fue asaltado por grupos empresariales derechistas, que se adueñaron del partido para disputar al PRI el poder y utilizarlo en su beneficio.


Estaban enojados con el PRI por la nacionalización de la banca decretada por José López Portillo y curiosamente, fueron los tecnócratas priistas, formados profesionalmente en los Estados Unidos, los que devolvieron los bancos al sector privado y éste, poco después, los entregó a los extranjeros.


Fue Ernesto Zedillo el presidente que entregó el poder al PAN en el 2000, cuando el descontento contra la tecnocracia priista alcanzaba hasta a los propios militantes del Revolucionario Institucional.


El primer presidente panista fue Vicente Fox, quien sin recato alguno declaró que su gobierno “era de empresarios y para empresarios”. Y así nos fue.


Este mismo señor hizo todo lo posible y hasta lo imposible para que el PAN no perdiera el poder y así llegó, en medio de una protesta monumental, Felipe Calderón Hinojosa, que muy pronto declaró la guerra al narcotráfico y a la delincuencia organizada, sin medir las consecuencias y tuvo que invertir miles de millones de pesos en esa guerra que dejó un saldo catastrófico en 19 estados de la República, aunque sus efectos alcanzaron a todo el país.


Una revista de la ciudad de México, Proceso,cabeceó su portada hace ocho días con una frase en la que muchísimos estuvimos de acuerdo: “terminó la pesadilla”.


Se inicia una época de esperanza, pero hay muchos que ya no tienen tanta. Eso debe hacer pensar a los priistas, que están ante su última oportunidad. No podrán gobernarnos como nos gobernaron durante 71 años. Hubo épocas buenas y malas, en las primeras se crearon instituciones como la escuela pública, laica y gratuita; el sistema de salud, la seguridad social, la universidad pública, las escuelas normales, el Infonavit, el ISSSTE y muchas más, pero también hubo gobiernos priistas malos que contribuyeron muy entusiastamente a lo que ahora nos está pasando.

 

Esto último ha sido posible porque no ha habido una ciudadanía organizada, concientizada, con la fuerza suficiente para frenar abusos, latrocinios, autoritarismos, tanto a nivel local como federal. Es el momento de iniciar un cambio de actitud ciudadana, aunque fuera de los partidos que solo están preocupados por los subsidios que reciben de los gobiernos.

 

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