Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca

07/07/2011

 

Guerras políticas


Además de la guerra contra el narcotráfico, en nuestro país se han desatado las guerras políticas ante la cercanía del proceso electoral del 2012, para renovar a los poderes Ejecutivo y Legislativo de la Federación.


Los comentarios del día en los cafés, corrillos políticos, entre maestros y población en general, es la “guerra de lodo”, como la llama Julio Hernández López, autor de la columna “Astillero”del diario La Jornada de la ciudad de México, entre la maestra Elba Esther Gordillo y su antiguo aliado y cómplice, Miguel Ángel Yunes.


Esa guerra de lodo no pone al descubierto nada que no se supiera desde hace mucho tiempo, lo único que hace es confirmarlo, porque tanto la maestra como el señor Yunes han estado hablado con la verdad en estos últimos días.


Se dice que ya se preparaba un albazo contra doña Elba Esther y que lo único que hizo ella fue adelantarse. Con lo que tal vez no contó, fue con el golpe que su antiguo protegido le daría, seguramente, como lo señalan algunos analistas, con el apoyo del señor presidente don Felipe Calderón Hinojosa.


Sea como sea, la cosa se ha puesto buena y nadie acierta a decir, cómo terminará.


Doña Elba Esther, ya estaba preparando su regreso al PRI, no como militante, sino como aliada, pero ahora ya han surgido opositores a eso dentro de las mismas filas priistas y uno de ellos, el más importante tal vez, es el senador Manlio Fabio Beltrones, aspirante a la candidatura del PRI a la Presidencia de la República.


La maestra, dígase lo que se quiera, es la mujer más poderosa que haya habido en toda la historia de este país. Tiene una gran habilidad política, controla el sindicato más importante de América Latina, con más de un millón y medio de afiliados y cuenta con recursos económicos cuantiosos, lo que la convierte en un enorme factor de poder en un país, donde todavía pesa y mucho el corporativismo político.

 

Aquí en Puebla, hay otro pleito político


Coincidiendo con el pleito que a nivel nacional escenifican los arriba mencionados, aquí en Puebla surgió otro, entre miembros del Partido Revolucionario Institucional.


El golpe que a través del periódico Reforma, de la ciudad de México, se asestó al diputado Alberto Jiménez Merino, es algo de eso que en política se llama “Fuego amigo”.


Al principio se pensó que el autor de la filtración de información debidamente aderezada para que constituyera un golpe político, se debía al excandidato a la gubernatura del estado, Javier López Zavala, por aquello de que siempre manifestó rencor en contra del diputado Merino, porque éste pretendió en un momento ser el candidato priista al mismo puesto, es decir, el de gobernador. Como ahora se menciona a Jiménez Merino como posible candidato al senado, se pensó que por ahí venía la cosa.


Pero surgió una hipótesis más creíble para muchos: La Fundación Cultural Isidro Fabela tenía ya armada una estrategia política para colocar a muchos de sus miembros, en camino para obtener la candidatura a diputaciones federales en los diferentes distritos de la entidad. Se dice que incluso habían sido sembrados algunos de esos aspirantes, como delegados de la Fundación, en cada uno de los 16 distritos electorales federales, reservándose la candidatura al senado, para quien presidiera la delegación poblana.


Otros grupos priistas se inconformaron, pues consideraron que los de la Isidro Fabela ya se estaban agandallando todo, acomodándose con alevosía y ventaja en una agrupación con sede en el políticamente importante Estado de México, para dar el salto a las candidaturas en el momento adecuado.


Pero todo se derrumbó.


Hubo cambios de última hora; la fundación que se creía política, resultó ser cultural y es presidida en Puebla por Alberto Jiménez Merino, que no buscó esa posición, pero que se le concedió por las buenas referencias que dieron muchos de los que se inconformaron por la forma en que llegó el grupo que prácticamente se había apoderado de las posiciones con miras a las elecciones venideras.


Por ahí, piensan muchos, vino el golpe. Es decir, se pretende desprestigiar al presidente de la Fundación Isidro Fabela de Puebla, sin pensar en que se desprestigia a la organización a la que pertenecieron o pertenecen y a su propio partido.


Lo malo para ellos es que no existe ninguna prueba de que el ingeniero Jiménez Merino haya tenido conocimiento de las actividades a las que se dedicaba un señor, que se presentó como ganadero, dispuesto a invertir una buena cantidad, en un negocio de ganado nuevo, que podría resultar benéfico para Puebla; como no existen pruebas de que el presidente Vicente Fox, haya tenido conocimiento de las actividades del comerciante e industrial Kamel Nacif, cuando concurrió a la inauguración de una de sus fábricas textiles en Quintana Roo y lo sentó a su lado, elogiándolo en su discurso e insistiéndole para que, a su vez, tomara la palabra. Ningún gobernante, ningún funcionario público, tiene obligación de saber la vida y milagros de las personas con quienes trata, a menos que esas personas tengan antecedentes públicos de dedicarse a actividades ilícitas.

 

El contador público, Guillermo Hernández Monterrosas, que fuera gran amigo de este columnista falleció la mañana del martes en esta capital. Sus restos fueron cremados ayer y sus cenizas entregadas a sus familiares para ser depositadas en un templo católico. Desde estas líneas queremos enviar un mensaje de solidaridad a su familia, esperando que pronto encuentren la conformidad tan necesaria en estos casos.

 

El contador Hernández Monterrosas trabajó en varias dependencias oficiales, fue catedrático de la Escuela de Contaduría de la BUAP, fue administrador durante mucho tiempo de la Comisión de Caminos y estuvo durante una buena temporada al frente de las finanzas del Comité Directivo Estatal del PRI. Descanse en paz.

 



 
 

 

 
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