Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca

13/05/2011

 

El proyecto de 30 años


La idea lanzada por el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, de iniciar un programa de trabajo de largo plazo, un proyecto que deba ser continuado por los futuros gobernantes en por lo menos 30 años, es una idea de primer mundo. Eso debería ser, si de verdad se quiere que el estado y el país progresen.


Se requiere continuidad en la acción de los gobernantes, que sólo deberían tener como objetivo el beneficio de Puebla y de sus habitantes.


Ello sería posible en un país realmente democrático, manejado por políticos profesionales, con espíritu patriótico y con un sincero y verdadero amor por su pueblo.


Desgraciadamente la inmensa mayoría de los integrantes de nuestra clase política (priistas, panistas, perredistas y de la chiquillada) no son políticos realmente, sino politiquitos que andan peleando posiciones de elección popular, no para servir a su pueblo, a su país, a su estado, sino para servirse a sí mismos.


Ellos no entienden un proyecto como el expuesto por el actual gobernador, para 30 años, porque ellos tienen planes para sólo tres o seis años y son planes personales o de grupo, no proyectos sociales y económicos de gran alcance.


Durante la era priista se hablaba de “continuidad, no de continuismo”,y lo primero que hacía un presidente de la República, un gobernador estatal o un presidente municipal era abandonar las obras inconclusas de su antecesor y olvidarse de buenos proyectos, porque “no eran proyectos de su gobierno”.


En el gobierno del presidente Adolfo López Mateos fue anunciado, con bombos y platillos, “El plan educativo de once años”. Era un proyecto que pretendía que los mexicanos tuviéramos un grado de estudios de por lo menos hasta preparatoria para poder enfrentar los retos de la vida.


Por desgracia ese proyecto fue abandonado por el siguiente gobierno federal.


En Puebla, el gobernador Aarón Merino Fernández, sustituto del gobernador Antonio Nava Castillo, hizo proyectos futuristas, que tal vez por la situación conflictiva que vivió Puebla en los años 60 y parte de los 70, no lograron ser concretados y tuvo que llegar el doctor Alfredo Toxqui para retomarlos y así pudo terminarse la recta a Cholula, el bulevar 5 de Mayo, que el mismo Merino Fernández había modificado, todo porque el proyecto original era del gobernante anterior. Merino terminó la carretera Puebla-Ixcaquixtla, no por dar continuidad a una obra iniciada por su antecesor, sino porque Ixcaquixtla era el pueblo donde los dos habían nacido.

 

Cuando se gobernaba sin planes


Hubo un tiempo en que en este país ninguna autoridad hacía planes o proyectos de trabajo. Las obras necesarias iban surgiendo de acuerdo a las decisiones personales de los gobernantes.


Recuerdo claramente, ya estudiaba la secundaria y era de la banda de guerra de la escuela, cuando el entonces secretario de la Presidencia de la República, Donato Miranda Fonseca (gobierno de López Mateos), llegaron a mi pueblo (Chilapa, Guerrero), que también era el suyo, los clubes de Leones y de Rotarios, muy famosos en esa época. Habían invitado al paisano ilustre a una comida, en reconocimiento a la importancia que tenía a nivel nacional.


Los de la banda de guerra fuimos para tocar el “tres de diana”; a la llegada del alto funcionario, y a mí me tocó estar atrás de él, cuando una señora le dijo: “La carretera a Tlapa, Donato…”. Y él le respondió mientras le daba un fraternal abrazo: “Claro, Lupe, prometo que en este gobierno se hará la carretera a Tlapa”.


Y la carretera se hizo, no porque fuera necesarísima para incorporar a una importante zona (La Montaña) al resto del estado, sino porque Donato quería quedar bien con sus paisanos.


Pero fue una carretera de montaña que no fue pavimentada, que durante los gobiernos de Díaz Ordaz y de Luis Echeverría, quedó completamente olvidada y que tuvo muchos derrumbes y en ella ocurrieron muchos accidentes, al desbarrancarse autobuses de segunda y tercera cargados de campesinos mixtecos y tlapanecos.


Ah, pero llegó al gobierno de la República de don José López Portillo, casado con doña Carmen Romano, cuyo padre, ya fallecido, había nacido en Tlapa.


Los clubes de Leones y Rotarios de Tlapa invitaron a los clubes de Chilapa a una cena y ahí quedó establecido que si bien los chilapeños habían logrado que se abriera la montaña para comunicar a nuestros pueblos, ellos lograrían que ese camino fuera pavimentado. Y que creen: se pavimentó, y en Tlapa se construyó un hospital, moderno para ese entonces, para atender a la población indígena y se construyeron escuelas, etcétera.

 

¿Eran otros tiempos?


Sí, eran otros tiempos. Los políticos de ese entonces eran menos técnicos, más sensibles política y socialmente, tenían más oficio y tal vez más patriotismo local y nacional.


Si en ese tiempo ajeno a la planificación del desarrollo, pero con políticos más comprometidos con sus pueblos, y surgiendo todos del mismo partido, no se daba continuidad a las obras iniciadas por sus antecesores, ahora, con políticos sin oficio, mucho más ambiciosos en lo personal, sin ideología, sin sensibilidad social, tratarán de enterrar cualquier plan, cualquier proyecto de su antecesor, el mismo día en que tomen posesión.


La propuesta de Moreno Valle es lo que debería ser, pero difícil, muy difícil de que sea adoptada por una clase política tan llena de defectos y tan escasa de cualidades.

 

Pero no está mal que se intente. El actual gobernante poblano está haciendo lo suyo y su Plan Estatal de Desarrollo es de largo plazo. Él va a iniciarlo y deberán continuarlo los próximos gobiernos. Dependerá también de los ciudadanos el exigir a los futuros gobernantes que continúen con un proyecto que beneficiará a todos. Si no lo hicieran se demostraría que el dicho popular de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, es verdad.

 



 
 

 

 
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