Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca

13/07/2012

 

Volver a la realidad

 

Pasada la campaña y el proceso electoral del 2012, tenemos que volver a la realidad. No podemos continuar en discusiones interminables sobre lo mismo.


No es conformismo, es la realidad. En este país, desde que hubo la primera elección del México independiente, ha habido “chanchullos” electorales y nuestros gobernantes han sido en la inmensa mayoría de los casos, impuestos por los poderes fácticos.


Algunos de los presidentes de la República que llegaron al poder mediante ese sistema, como Lázaro Cárdenas, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, se ganaron la voluntad popular y fueron buenos presidentes, queridos y admirados por su pueblo.


El primer presidente de oposición que llegó con el consenso ciudadano se llamó Vicente Fox y lo hizo tan mal, que a los tres años de haber tomado posesión perdió en las elecciones intermedias 50 curules del Congreso federal, es decir, 50 diputados panistas.


Tres años más tarde, tuvo que poner en peligro el proceso electoral federal, para que ganara —“haiga sido como haiga sido”— su candidato presidencial, Felipe Calderón Hinojosa, provocó la manifestación de descontento más grande que se haya visto en el país y un plantón que duró varias semanas en la ciudad de México.


Tres años más tarde, el PAN perdió el poder por lo mal que hicieron su tarea los gobernantes panistas.


Según los datos oficiales, Felipe Calderón ganó la Presidencia de la República con menos de medio punto porcentual de la votación, poco menos de 300 mil votos.


Ahora el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, gana a su rival más fuerte, Andrés Manuel López Obrador, con más de 3 millones de votos.


Surge un movimiento estudiantil, el #YoSoy132, para oponerse a que el PRI retome el poder y ahora, para que el candidato tricolor no asuma la Presidencia, pero este movimiento, con toda la importancia que tiene o pudiera tener, no alcanza para invalidar o anular la elección. Esa es la realidad.


Pero hay otra realidad más dura, más dramática: de los 11 millones de mexicanos que se fueron a los Estados Unidos en busca de trabajo para poder sostener a sus familias, porque en este país, desde la llegada de la tecnocracia priista, los trabajos escasean y el hambre acosa a los pueblos campesinos, cientos de miles de poblanos no pueden enviarle dinero a sus familias que se quedaron aquí.


Muchos de ellos han estado regresando, porque no encuentran trabajo allá o porque los expulsaron por no tener documentos. Eso agrava la situación de una importante región de la entidad, la Mixteca, donde no hay forma de que puedan integrarse a la vida económica por falta de oportunidades.


Los granjeros gringos se están viendo afectados, pues pese a la crisis que vive su país, no pueden levantar sus cosechas por falta de mano de obra barata, que es la que les proporcionaban los mexicanos, muchos de ellos poblanos.


Se calculan en casi 10 mil millones de dólares, las pérdidas que tendrán los granjeros estadunidenses, por falta de mano de obra, mientras los mexicanos indocumentados siguen siendo expulsados.


Pero hay otro fenómeno: miles de mexicanos indocumentados —muchos de ellos poblanos— están saliendo de Arizona, estado en donde entró en vigor una ley antiinmigrante, que es especialmente dura para los mexicanos o latinoamericanos en general.


Familias enteras salen hacia otros estados de ese país, sin encontrar trabajo o aceptando empleos temporales donde generalmente son explotados por no tener “papeles”.


En este país, además de la gran pobreza que existe en todos los estados de la República, sigue la violencia entre lo que el gobierno dice que son pandillas de narcotraficantes.


A estas alturas “del partido”, ya nadie sabe a ciencia cierta hasta dónde llega la acción del crimen organizado y dónde empieza la del crimen común y corriente, pues además, en muy pocos casos hay trabajo de investigación y castigo para los delincuentes. La impunidad es lo que impera en la inmensa mayoría de los casos.


No haber planeado correctamente el combate a los delincuentes, no haber implementado una estrategia adecuada, empezando por la integración de un cuerpo policiaco capaz y honesto, tiene sumido al país en una situación realmente grave y a la que no se le ve una salida fácil.


Suman ya más de 60 mil muertos, más de los registrados en las revoluciones de Egipto y Libia, más de los que ha habido en la guerra de Afganistán y diariamente se reportan decenas de víctimas, más de las que se reportan de Siria, país que se encuentra en una situación de conflicto, casi una revolución.


Y pasando a otras cosas: la Secretaría General de Gobierno del estado anuncia que pronto empezará a trabajarse en la expedición de Cédulas de Identificación, para niños y jóvenes de 4 a 17 años.


El titular de esa dependencia, Fernando Manzanilla Prieto, y el subsecretario de Población, Vivienda y Asuntos Religiosos, de Gobernación federal, Gustavo Mohar Betancourt, se reunieron ayer para implementar el trabajo que se llevará a cabo con dicho objetivo.


En una primera etapa serán registrados 270 mil niños y adolescentes de un total de millón y medio que hay en la entidad poblana.


Para esto, se colocarán en las escuelas, de jardín de niños a preparatoria, módulos donde con la entrega de los documentos necesarios, los padres de familia podrán obtener la cédula de identificación de sus hijos menores de edad, que les facilitará muchos trámites oficiales y privados.


Conmemorarán el 120 aniversario del profesor Gilberto Bosques en el Congreso del estado y en Chiautla de Tapia, lugar de nacimiento del ilustre personaje.


Don Gilberto Bosques es un poblano de excepción al que no se le ha dado el reconocimiento que merece en su entidad natal.


Egresado del ahora Instituto Normal del Estado, fue candidato opositor a Maximino Ávila Camacho, en los años 30. Estuvo a punto de perder la vida durante la campaña, pero el matón a sueldo que fue enviado para liquidarlo en la población de Esperanza, al oriente de la entidad, dio muerte a quien salió al frente para proteger al maestro Bosques.


Ingresó al Cuerpo Diplomático, habiéndose desempeñado con gran tino en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial. Salvó miles de vidas de judíos, de españoles y de personas de otras nacionalidades, perseguidas por los nazis. Él mismo fue prisionero de Hitler, en esa época.


Los miles de protegidos de don Gilberto, que con pasaporte mexicano pudieron salir de la zona de conflicto, siempre guardaron agradecimiento hacia ese hombre y hacia México.


Una calle y una plaza de Viena, la capital de Austria, llevan su nombre, en recuerdo de su heroico proceder a favor de los perseguidos por el nazismo.


Solo aquí, en el estado donde nació, no había nada que lo recordara, a excepción del homenaje que año con año le hacen en su pueblo natal, donde están sus cenizas.


El 19 de este mes habrá una sesión solemne del Congreso, en presencia de la hija del profesor Bosques y al día siguiente, fecha de su natalicio en Chiautla, en 1892, recibirá como siempre, el homenaje de su pueblo, pero ahora, el bulevar de la entrada de la población, la avenida más moderna de ese lugar, llevará su nombre.


Don Gilberto falleció en 1995, a los 103 años. Maximino Ávila Camacho, su contrincante político y enemigo personal, nacido el mismo año que el maestro Bosques, murió en los años 40, a los 50 y tantos. Durante mucho tiempo una de las calles principales de Puebla llevó su nombre, que varias veces fue borrado por estudiantes universitarios. Finalmente, se le cambió para ponerle el nombre de un obispo de la época colonial.


Ahora por fin, se hace justicia a un gran hombre y la principal avenida de su pueblo, por lo menos en su pueblo, llevará su nombre y el Congreso del estado honrará su memoria.


López Obrador pedirá la anulación de la elección presidencial, según anunció ayer. Un abogado nos dice que no pide la anulación de las elecciones, sino sólo la presidencial.


Pero en México hubo elecciones para renovar al Poder Legislativo (cámaras de senadores y diputados) para gobernadores de varios estados y presidentes municipales, así como diputados locales.


Una petición para anular las elecciones del 1 de julio pasado, tendría que anular incluso las realizadas en las entidades donde el Movimiento Progresista obtuvo el triunfo, como Morelos y Tabasco, en el caso de gobernadores, y Guerrero, Jalisco, Chiapas, etcétera, en el caso de presidentes municipales y diputados locales, donde la izquierda obtuvo numerosos triunfos.

 

El Tribunal Federal Electoral decidirá sólo lo que se le está demandando, anula o no, la elección presidencial.

 

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