Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca

19/07/2010

Las desviaciones de la derecha


La derecha mexicana, representada políticamente en la época moderna de nuestro país, por el Partido Acción Nacional, comete una grave equivocación al pretender celebrar el bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución , con obras suntuosas cuyo costo exagerado constituye un insulto para los millones de mexicanos en pobreza extrema o en simple pobreza.


El gobernador panista de Guanajuato, Juan Manuel Oliva Ramírez, se voló la barda al construir con la friolera de mil cien millones de pesos, un centro expositor en Silao, para celebrar los 200 años del inicio de la Independencias con una serie de exposiciones y festejos.


Guanajuato es un estado pobre. Si no lo fuera, no habría tantísimos guanajuatenses trabajando en los Estados Unidos. La industria zapatera, que tan importante fue en el pasado reciente, está desplomada, tiene una agricultura prácticamente de subsistencia y la crisis le ha pegado a los principales pilares de la economía del bajío.


Por eso el gasto para un festejo importante sí, pero que puede celebrarse en otra forma, se antoja excesivo y absurdo.


Es como si una familia viviera a duras penas con el sueldo del jefe de ella y para celebrar los quince años de la hija, echara la casa por la ventana con un gasto irrecuperable y tonto, que mermará el escaso patrimonio familiar.


Porque en vez de eso, el gobierno estatal de Guanajuato no hizo planes para mejorar sustancialmente la educación en ese estado, para impulsar actividades productivas bien sean industriales, agropecuarias o de servicios para dar mano de obra tan necesaria en estos tiempos, a los miles de jóvenes que en esa entidad parecen no tener más futuro que emigrar hacia el vecino del norte o enrolarse en las filas del narcotráfico.

 

Que los gobiernos estatales tomen nota

 

Guanajuato es la entidad donde se inició la Independencia , como Puebla es donde se inició la Revolución. Ambas entidades tienen derecho a asumirse como cuna de dos de los tres movimientos sociales más importantes de la historia de México. Pero ¿por qué el derroche?


Si el país está viviendo una situación sumamente difícil, en lo económico, en lo social y también en lo político, está bien celebrar, pero de acuerdo a las circunstancias.


Nuestro país, dicen los especialistas, tiene más de 80 millones de pobres y de esos, más de 20 millones están en pobreza extrema, es decir, no tienen para comer adecuadamente, carecen de trabajo estable y de seguridad social.


Tan solo en el gobierno federal actual, el número de mexicanos en pobreza extrema, aumentó en seis millones de personas (datos del Gobierno federal) y el número de muertos por la “guerra contra el narcotráfico” iniciada por el gobierno federal, es de casi 28 mil personas (son también datos del gobierno federal)


La derecha siempre ha sido insensible, socialmente hablando. No percibe la realidad tal cual, sino que se crea sus propias fantasías. Don Vicente de Fox y Quesada, que junto con doña Marta Sahagún,  presidió el primer gobierno panista de la historia de México, siempre habló de un país maravilloso pero inexistente al que el pueblo puso el nombre de Foxilandia.


Don Felipe de Jesús Calderón e Hinojosa, parece querer continuar con ese sistema de fantasear a toda costa, pensando tal vez que sus gobernados somos una partida de tontos que comulgamos con ruedas de molino.


Pretender que creamos que la “guerra” contra el narcotráfico es un éxito, ya no convence ni sus interesados socios estadounidenses, que en varias ocasiones le han solicitado, lo que los mexicanos están pidiendo desde hace tiempo, que cambie de estrategia y no lo hace.


Si en vez de gastarse mil cien millones de pesos en una pachanga, el gobierno guanajuatense, de origen panista, los hubiera invertido en alfabetización, en impulso a las pequeñas y medianas industrias que fueron abundantes en Guanajuato antes del gobierno de Fox (fue también gobernador de su estado) en la creación de infraestructura, en fortalecer la producción agropecuaria y artesanal, otro gallo les cantara.


Pero la reacción ante la cercanía de la fecha histórica en la que Guanajuato el protagonista principal, de don Juan Manuel Oliva, fue exactamente la de alguien a quien los derechistas, siempre despreciativos con los pobres y los de medio pelo, llamarían “nacos”.


Tal vez al principio las construcciones hechas para la gran fiesta atraiga a un buen número de turistas nacionales, pero….¿y después? Tenga la seguridad que será un elefante blanco, sobre todo porque las instalaciones no están ni en la ciudad de Guanajuato, ni en la de León, sino en una población menor.


Hubiera sido extraordinario que en este año del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución , se hubieran brindado apoyos extraordinarios al campo, se hubieran realizado esfuerzos igualmente extraordinarios para mejorar de veras la educación en nuestro país, para impulsar las artesanías y para apoyar a los creadores a fin de darle un empujón a nuestra cultura en todos los ordenes.

 

En Puebla, cuna de la Revolución , se ha actuado diferente: un magnífico parque en la capital, rescatando una laguna, la de Chapulco; conferencias importantes sobre la historia de México y el papel que en ella desempeñó Puebla y divulgación de la historia regional, entre otras cosas.

 



 
 

 

 
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