Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca

25/09/2012

 

Los partidos políticos, en la lona

 

LO QUE ESTÁ pasando al interior de los partidos políticos, sus divisiones, su lucha despiadada por el poder, su falta de estructura, de organización, etc., es consecuencia de su pérdida de identidad, de la falta de ideologización de sus militantes.


Desde 1929, el PRI fue considerado un partido progresista, liberal, laico, de fuerte raigambre popular, comprometido con los sectores campesino, obrero y popular. Desde 1939, año de su fundación, el PAN era tenido como el partido representante de la derecha, de los sectores privilegiados, de los empresarios, del clero católico más atrasado; mientras que el PRD fue heredero del Partido Comunista Mexicano y de todos los partidos y agrupaciones considerados de izquierda.


Actualmente, el PRI no tiene una ideología precisa. Desde la llagada de los tecnócratas salinistas, perdió su identidad ideológica. El mismo Salinas de Gortari, como Presidente de la República, propició las reformas al artículo 27 de la Constitución para acabar con el ejido porque, según él, estorbaba al desarrollo agropecuario del país y constituía un obstáculo para los inversionistas nacionales y extranjeros en el campo. Reformó el artículo 130 constitucional para dar reconocimiento a la Iglesia católica (se disfrazó diciendo que para reconocer a todas las iglesias, pero la católica fue la principal beneficiaria), se reprivatizó la banca e incluso se pretendió desaparecer al PRI para crear un partido de acuerdo a la ideología y a los planes personales del entonces presidente, que se llamaría Solidaridad. Lo peor fue la imposición de un sistema económico que nada tenía que ver con los postulados del Partido Revolucionario Institucional, llevándonos a un capitalismo salvaje, muy alejado de la economía con enfoque social que fue la meta de la Revolución mexicana.


El Partido de la Revolución Democrática mantuvo en sus inicios los principios y postulados del PRI revolucionario de su primera etapa, pues sus creadores y dirigentes fueron de extracción priista, cuando durante el gobierno de Miguel de la Madrid hubo un rompimiento entre personajes priistas —como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y otros— con el gobierno establecido, dominado por la tecnocracia que encabezaba Carlos Salinas.


El PAN, que estaba formado por abogados, algunos de ellos destacados, y otros profesionales, así como por militantes de clase media de las ciudades, apegados a la doctrina de su partido fundado por Manuel Gómez Morín, uno de los más destacados intelectuales de la época, y por personajes como Rafael Preciado Hernández, maestro de la UNAM, muy reconocido; por un abogado católico de Jalisco con prestigio dentro y fuera de su estado, Efraín González Luna; por un brillante historiador de derecha como don Luis Calderón Vega, y por otros personajes con cierta fama y reconocimiento nacional, fue asaltado por organismos empresariales en los años 70, cuando como consecuencia de la nacionalización de la banca por el presidente José López Portillo, esos grupos empresariales rompieron con el gobierno priista y decidieron formar su propio partido para combatir al priismo.


Cuando se dieron cuenta que formar un nuevo partido político no era nada fácil y menos un partido de corte empresarial, decidieron apoderarse del PAN, y lo hicieron, provocando la salida de muchos panistas con ideología política bien cimentada. A quienes no se fueron por su propia cuenta, los sacaron o los marginaron.


Salieron personajes de la talla de José González Torres, que fue dirigente nacional del PAN y candidato presidencial; Pablo Emilio Madero, también exdirigente nacional y excandidato presidencial; Bernando Bátiz, destacado abogado que después fue procurador de Justicia del DF en el primer gobierno de Andrés Manuel López Obrador; renunció al PAN el historiador del partido, Luis Calderón Vega, padre del todavía Presidente de la República y muchos más.


También panistas provincianos, de los llamados “doctrinarios”, salieron del partido. Aquí en Puebla abandonaron las filas blanquiazules o fueron expulsados a la mala Teodoro Ortega, Rosalía Ramírez, Irma Temolzin, Alejandro Cañedo Benítez, Jesús Bravo y Cid de León. Todos ellos habían sido diputados locales o federales, regidores, dirigentes partidistas, cuadros formados dentro del partido.

 

Lo que está pasando ahora


AHORA TODOS LOS partidos son iguales. Lo mismo da Chana que Juana. No hay convicciones políticas, no hay ideología, la mayor parte de quienes conforman las direcciones partidistas son personas sin convicción política, sin oficio, que van tras los puestos de elección o burocráticos sin importarles el partido.


Cuentan quienes estuvieron en la toma de posesión de los nuevos diputados federales, que después del saludo que los nuevos legisladores se daban al reencontrarse en el recinto de San Lázaro, se hacían una pregunta: “y ahora, ¿en qué partido estás?”.


Hacen alarde de opositores para vender caro su amor, pero al final siempre hay acuerdos, pues todos tienen el mismo fin, que no es ideológico o social, sino el poder por el poder y el dinero.


Las recientes elecciones del 1 de julio pasado han venido a exhibir toda la descomposición política que hay en el país, por eso ya no hay confianza de los ciudadanos ni en los partidos ni en los políticos.

 

Los gobiernos tecnocráticos del PRI y los dos gobiernos panistas han dejado al país en una situación política, económica y social de verdadero desastre, y lo peor del caso es que parece no tener solución.

 

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