Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca

28/09/2012

 

La nostalgia de los viejos panistas por Iturbide

 

UNA ESPECIE EN EXTINCIÓN en Puebla —y en México— son los “panistas doctrinarios”, los que siguen los principios establecidos en 1939 por los fundadores del Partido Acción Nacional y que se han mantenido fieles a ellos a pesar del tiempo y de los cambios que ha habido en el país y en el partido blanquiazul, que en los primeros años de la década de los 80 fue copado por la derecha empresarial, a raíz de que al presidente López Portillo se le ocurrió expropiar la banca.


A esa especie pertenece el señor licenciado Liborio Hernández Xochitiotzin, gran amigo de este columnista desde los 60, cuando nos conocimos en la Escuela de Derecho de la BUAP y derechista furibundo desde entonces, aunque no militaba todavía en el PAN.


Unos años después ingresó a ese partido y ya abogado fue de los primeros panistas que llegaron al Congreso local como diputados de partido.


Es de admirarse la congruencia de Liborio con sus ideas. No ha cambiado hasta la fecha. Sigue considerando a Agustín de Iturbide como el gran libertador de México y desde entonces hasta la fecha no se ha dejado convencer de que el héroe verdadero es mi paisano Vicente Guerrero y no el realista convertido en insurgente por puro oportunismo, pues cuando se entrevistó en Acatempan con Guerrero, se dio cuenta de que combatirlo y acabarlo, como era su propósito, en el escarpado territorio suriano, era poco menos que imposible, sobre todo porque no podría recibir apoyo efectivo de España, invadida por Napoleón Bonaparte y entonces, dio el cambiazo, invitó a Vicente Guerrero a terminar la guerra y juntos proclamar la independencia nacional.


El realista Iturbide, luego se convertiría en “emperador”, con lo que traicionaba los ideales de la insurgencia nacional a la que como oficial realista combatió con saña, habiendo sido quien dirigió el fusilamiento de don Mariano Matamoros, después de que premió con 200 pesos al soldado Eusebio Rodríguez, que lo aprehendió.

 

Ayer fue día grande para los iturbidistas


EL 27 DE SEPTIEMBRE DE 1821 es el día más importante para los adoradores de Agustín de Iturbide. No sólo es la fecha de la Consumación de la Independencia, sino además el cumpleaños del según ellos, libertador. No, si don Agustín no tenía un pelo de tonto.


El Ayuntamiento poblano surgido de la corriente más reaccionaria del panismo, El Yunque, organizó un acto para homenajear a Iturbide por la entrada del Ejército Trigarante a la ciudad de México, ese día y por la declaración de Independencia que se hizo al día siguiente o sea el 28. Está bien, son dos fechas señaladas e históricamente importantes para el país (no el cumpleaños de Iturbide, que quede claro).


El acto tuvo lugar temprano, a las 8 de la mañana, como para que pocos se dieran cuenta de ello y el orador oficial fue el licenciado Liborio Hernández Xochitiotzin, quien hace unos días, con motivo de la celebración del 73 aniversario de la fundación del PAN, fue reconocido públicamente como viejo militante de ese partido y recibió de manos del gobernador del estado, Rafael Moreno Valle, un reconocimiento. Fue un reconocimiento muy merecido, no sólo por el tiempo que tiene de militar en el PAN, sino por su congruencia, por seguir siendo fiel a los principios del panismo fundado por Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna.


Pero conociendo a Liborio de hace tiempo, puedo afirmar que para él, el mejor halago que pudieron hacerle los neopanistas de hoy, fue haberle permitido pronunciar el discurso oficial en el acto de ayer, porque pudo “echar de su ronco pecho” y reclamar para Iturbide reconocimientos que, para quienes hemos sido liberales siempre, no merece. Sabemos de las dos corrientes históricas de nuestro país: un sector minoritario de la población, al que pertenece Liborio, que piensa diferente y tiene todo el derecho a hacerlo y la gran mayoría para la que el verdadero héroe de la segunda etapa de nuestro movimiento independentista, fue Vicente Guerrero.

 

Las peticiones que se hicieron


DESDE TEMPRANA HORA estaban ya en la explanada del zócalo los contingentes escolares y militares, así como las autoridades municipales que participarían en la ceremonia.


En representación del presidente municipal, que anda en San Luis Potosí, en una reunión de alcaldes, estuvo el secretario de Gobernación Municipal, Pablo Montiel Solana, quien también habló, pero sólo para reconocer que Liborio ya lo había dicho todo.


Hernández Xochitiotzin hizo una reseña histórica de los hechos, pero lo interesante son las peticiones que formuló, que no creemos que se atrevan los derechistas a conceder, menos ahora que andan de capa caída.


“Lo menos que podemos hacer como ciudad agradecida a través de su Ayuntamiento es:


“1.- Restituirle su nombre —Iturbide— al portal poniente de nuestra ciudad, que ya no lo lleva desde el año de 1967.


2.- Que se mencione el nombre de Iturbide como uno de nuestros héroes, en el grito de Dolores que se acostumbra hacer por nuestras autoridades en la noche del 15 de septiembre de cada año.


3.- Que se conmemoren de Iturbide, los días 27 de septiembre de 1783 fecha de su nacimiento, y 19 de julio de 1824, fecha de su muerte, con bandera a toda asta y a media asta respectivamente.


4.- Que se insista en la terminación del monumento inconcluso en Padilla la Vieja, Tamaulipas, que señala el lugar exacto en que fue fusilado Iturbide.”


En todo el texto del discurso de nuestro buen amigo Liborio, no hay una sola mención para don Vicente Guerrero. Parece que él no tuvo vela en este entierro.


Sólo que el acuerdo para consumar la Independencia, se llevó a cabo en territorio dominado por Vicente Guerrero, hasta donde llegó el oficial realista, Agustín de Iturbide, para combatirlo y acabarlo. Al darse cuenta de que sería un suicidio meterse en las escarpadas montañas surianas para combatir al insurgente y tomando en cuenta que no podría recibir apoyo de España invadida por Napoleón Bonaparte, decidió pactar para luego erigirse en emperador.

 

Para los iturbidistas, don Liborio y los yunquistas del Ayuntamiento lo son, Guerrero no tuvo ninguna participación. Tal pareciera que don Vicente fue lo que Lenin llamaría un “idiota útil”. Pero la primera bandera nacional, fue un acuerdo entre los dos; la hechura del primer lábaro patrio se llevó a cabo en territorio dominado por Vicente Guerrero y el Ejército Trigarante, cuya entrada tanto emociona a los conservadores, salió también de territorio suriano donde Guerrero y sus tal vez desarrapadas tropas, tenían el control. Por algo ese territorio del sur de México, convertido en estado en 1849, lleva el nombre de Guerrero.

 

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