Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca


Dos de octubre, no se olvida

 

Mañana se cumplirán cuarenta años de un hecho que pudo haberse evitado y que por la torpeza y la terquedad de los altos funcionarios de la república, de aquél ayer, se convirtió, en un acontecimiento histórico, que según algunos, marca un parte aguas en la vida de la nación.

 

Para los historiadores del futuro resultará increíble, que un pleito entre dos grupos estudiantiles, haya llegado a donde llegó.

 

Dos escuelas del Distrito Federal, tuvieron uno de esos encuentros juveniles, que eran comunes entonces, en los que había golpes,  insultos y corredizas. Intervinieron los granaderos y el pequeño problema se hizo enorme hasta llegar a ser internacional. ¿Qué fue lo que pasó?

 

El Presidente de la República , Gustavo Díaz Ordaz, inició su carrera política en la Puebla de Maximino Avila Camacho, el gobierno caciquil más autoritario que haya tenido la entidad.

 

Cuentan que Maximino preguntó a uno de sus allegados, quién podría hacerse cargo de la presidencia de la Junta de Conciliación y Arbitraje y que el consultado le dijo: “El licenciado Gustavo Díaz Ordaz, que terminó la carrera con magníficas calificaciones”.

 

Cuando el general lo llamó, le dijo: “Quiero que se haga cargo de la Junta de Conciliación y Arbitraje”.

 

La respuesta fue contundente: “Señor gobernador, yo no soy especialista en Derecho Laboral”.

 

         “Los especialistas nacen o se hacen” preguntó el general y gobernador con la energía que le atribuyen todos los que lo conocieron.

 

         “Se hacen señor gobernador”

 

         “Pues hágase”.

 

Y se hizo.

 

En ese gobierno autoritario Díaz Ordaz empezó a aprender el servicio público. Entonces no es de extrañar que su comportamiento, ya como Presidente de la República , obedeciera a ese modelo y que se haya negado a ceder a las peticiones que le planteó el movimiento estudiantil y que no eran nada del otro mundo: que desapareciera el cuerpo de granaderos, que renunciara el jefe de la policía del Distrito Federal y cosas por el estilo.

 

El pliego petitorio fue muy localista, nada que tuviera que ver con los grandes problemas del país o con la democracia. Eso vino después.

 

EL CACIQUISMO TODAVIA IMPERABA

 

La forma de gobernar de Maximino, no era rara en el país. En los tiempos de López Mateos, cuando Díaz Ordaz era secretario de Gobernación, todavía estaba mandando en San Luis Potosí, Gonzalo N. Santos, general revolucionario que al igual que Maximino, creía que el estado era de su propiedad y que podía hacer y deshacer a su antojo. Y junto a esos grandes caciques, había otros menores, caciques regionales, que mandaban en su zona, pero se sometían al cacique de su estado.

 

La actitud del gobierno federal frente a este caso, fue la que muchos mexicanos esperaban, gobierno de mano dura para impedir que nos llegara el comunismo “que quería acabar con la religión católica”.

 

Seguramente que los panistas de hoy, ya se habrán olvidado, porque se están olvidando de muchas cosas, que los principales apoyadores del gobierno diazordacista, fueron los grupos de derecha, de la derecha empresarial y de la derecha religiosa.

 

El arzobispo de Puebla era don Octaviano Márquez,  había movilizado a miles de sus feligreses para combatir a la UAP , solo unos años antes, ante la creencia de que la máxima casa de estudios estaba en peligro de caer en poder de los comunistas. Los comunistas eran el diablo.

 

Gobierno, organizaciones empresariales, iglesia católica, organizaciones ultraderechistas como el Yunque, el Fua, los Tecos, etc., que ahora militan en el PAN, estuvieron apoyando al gobierno contra el movimiento estudiantil del 68. Acción Nacional tuvo una participación tibia, por una razón, todavía estaban en ese partido los viejos fundadores doctrinarios, que criticaron más la falta de elasticidad del gobierno y no exigían su dureza.

 

EL MERITO DEL MOVIMIENTO DEL 68

 

El movimiento estudiantil del 68, no fue nacional. Fue algo que surgió y se resolvió en el Distrito Federal, pero como decimos antes, la cerrazón del gobierno federal para dialogar y resolver las cosas políticamente lo complicó todo y lo hizo tener alcances que sus dirigentes tal vez nunca imaginaron.

 

Si no fue el final de una época autoritaria, sí fue el principio de su lento desmantelamiento y sentó las bases para la llamada democratización del país, que obligó a los políticos a ser más sensibles a la opinión pública, a estar más atentos a los problemas populares.

 

Con el PAN en el poder federal, ahora todo lo bueno se lo adjudica ese partido, en este caso hay que estar bien concientes de que los grupos derechistas, que ahora forman parte del blanquiazul, fueron los que con mayor entusiasmo apoyaron las drásticas medidas del gobierno de Díaz Ordaz, que culminaron con la matanza de Tlatelolco de hace 40 años.

 

“Cristianismo sí, comunismo no”.

 



 
 

 

 
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