Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca

12/11/2009

La guerra de las encuestas


Está en su apogeo la “guerra de las encuestas” un juego inventado por algún listo, que permite mantener entretenidos a los políticos mientras se decide quien es el bueno.


Junto con las encuestas, hay “guerra de rumores” propiciados por algunas declaraciones de dirigentes políticos, como el nuevo presidente estatal del PAN, que anuncia que demandará por peculado a algunos funcionarios aspirantes a la candidatura del PRI a la gubernatura, por utilizar recursos públicos para sus campañas o precampañas.


Otros rumores surgen espontáneamente: como el que la presidenta municipal, Blanca Alcalá, espera la publicación de la convocatoria priísta, para decidir si participa o no en la lucha interna por la candidatura. No hay que olvidar que el gobernador Mario Marín, mencionó a la propia Blanca Alcalá y al dirigente estatal del PRI, Alejandro Armenta, como parte de un cuarteto que en su particular modo de ver las cosas, así lo dijo, habían trabajado con mayor empeño en los puestos que desempeñaban. Los otros dos eran Javier López Zavala y Jorge Charbel Estefan Chidiac, entonces diputado federal presidente de la Comisión de Hacienda. Señaló que todos los que se venían mencionando eran priístas con trayectoria y con trabajo, que tenían derecho y méritos para ser postulados. Los nombres los dio ante la insistencia de uno de los compañeros presentes en la reunión, de que diera a conocer una terna. No dio tres nombres sino cuatro.


También se afirma, que el actual diputado federal, Oscar Aguilar González, que ya había sido antes diputado federal y local y había desempeñado puestos administrativos importantes, entre ellos delegado del Infonavit, aspira a la gubernatura, y que se inscribirá como aspirante después de que se haya publicado la convocatoria.


O sea pues, que no se ha dado por cerrado el proceso que se inició con tanta anticipación y que ha sido causa de tantos rumores y chismes.


El gobernador acaba de declarar hace unos días, que la candidatura no va a resolverse por encuestas. El PRI tiene en sus estatutos, dos formas de elegir candidatos: por el sistema de asambleas, con delegados de los diversos sectores y por elección interna. Este último es bastante riesgoso para los partidos políticos, pues provoca rompimientos, divisiones y el surgimiento de odios y rencores. Por eso se ha optado en la inmensa mayoría de los casos, por el de asambleas para nombrar candidatos de unidad.


Las encuestas pues, constituyen una forma, a veces no tan confiable, de “medirle el agua a los camotes”. Pero se utilizan más para propaganda de un aspirante, propiciada por grupos de sus partidarios.


La fecha de la toma de la decisión se acerca cada día más y es posible que arrecien las encuestas, los rumores y los chismes. Ya veremos que pasa después del 15 de enero.

 

La bronca panista por el comité municipal

 

Quienes durante más de 60 años fueron muchachitos bien portados, cuyo comportamiento público y privado era más de miembros de la Acción Católica , que de un partido político (este columnista fue testigo de eso) nomás llegaron al poder federal y se alocaron.


Hace solo una década, era impensable que en un acto panista fuera a haber bronca y bronca seria, en la que se llegaría a los golpes.


Y no se estaba disputando una candidatura a diputado o a presidente municipal, no, sino la presidencia del comité municipal panista de la capital del estado.


En los tiempos en que el PAN no había llegado al poder, pocos aspiraban a tener un cargo en la dirigencia partidista, porque representaba mucho trabajo, mucho tiempo dedicado al partido o poca o ninguna paga.


Ahora las cosas han cambiado: los partidos políticos reciben jugosas prerrogativas de los gobiernos federal y local, que aumentan en tiempos de campaña. Todos los partidos tienen funcionarios bien pagados y de tiempo completo y existe la posibilidad real de que éstos lleguen a tener una candidatura y de que ganen.


El mejor ejemplo del interés que los militantes partidistas tienen ahora en figurar como dirigentes o candidatos, es el PRD, un partido que en sus tiempos de Partido Comunista Mexicano, era un pequeño grupo clandestino, que creció desproporcionadamente al trabajo partidista que realizaban sus pocos miembros, cuando llegó a la rectoría de la UAP el químico Sergio Flores, en 1972 y en su toma de posesión asumió su militancia comunista.


Al día siguiente el PCM poblano, tenía a centenares de miembros, todos ellos catedráticos o empleados de la UAP y a estudiantes de la misma institución. Todos ellos gozaron de privilegios, igual que lo que le achacaban a los priístas.


Cuando el PCM, convertido ya en PRD (Partido de la Revolución Democrática ) empezó a tener posiciones de elección popular, el pleito por las candidaturas de representación proporcional, que han sido las únicas importantes que ese partido gana en Puebla, el pleito de las tribus que integran al partidos de la izquierda, ha sido verdaderamente colosal, al grado de que por esos pleitos, el PRD no solo no avanza, sino que decrece en cada elección.

 

La “democratización” del PRI lo divide

 

El Partido Revolucionario Institucional, a raíz de la “democratización” propiciada por el grupo tecnocrático que gobernó desde Miguel de la Madrid hasta Ernesto Zedillo, siempre bajo la coordinación de Carlos Salinas, que finalmente entregó el poder al PAN, también se ha dividido y debilitado.


Las razones son las mismas: muchos priístas han creído que la democratización interna de su partido va en serio y se han apresurado, la mayor parte sin merecimientos para ello, a aspirar a puestos públicos de elección popular, creando un lío interno que los políticos más experimentados tienen serios problemas para medio solucionar.


Para que se de usted cuenta de lo que está pasando en el partido tricolor, calcule: hay 217 municipios en la entidad y aspirantes a presidir 216 municipios foráneos, eran hasta hace unos días, mil 250, que se redujeron a 950, sin contar a los que aspiran a gobernar la capital del estado.


La dirigencia estatal, que preside Alejandro Armenta Mier, tiene que luchar contra viento y marea, para pacificar a los que se quieren sacrificar por su pueblo a toda costa. Puede haber 20 aspirantes en un municipio, pero solo uno puede llegar a ser candidato a presidente municipal, luego entonces, sobran 19, que generalmente se enojan, porque cada uno se considera el mejor posicionado, el más capaz, el único que puede triunfar.


La dirigencia priísta tiene que actuar con mano suave, ah, porque si los señores se enojan, arde Troya y se fractura el partido.


Por eso se les dan cursos y los que reprueban en examen, que son casi todos, son eliminados con tranquilidad.

 

Todos ven la posibilidad de triunfo, por el desprestigio que el PAN se ha ganado a pulso en todo el país, gracias a sus dos ineficientes gobiernos federales que tienen al país, al borde del abismo. Eso no los hace recapacitar en dos cosas: que las elecciones locales municipales son totalmente distintas a las elecciones federales y que la crisis arreciará durante los próximos años y no podrán disponer del dinero que creen que pueden disponer. Pero bueno, ya somos un país democrático.

 



 
 

 

 
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