Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca


La violencia se extiende por todo el país

 

La entidad poblana era una de las mejor libradas en cuanto a hechos de violencia, pero en los últimos días la situación parece estar cambiando.


El día primero de mayo muere ejecutado en la puerta de su casa, un jóven de 23 años en Izúcar de Matamoros, a las 2,30 de la tarde; un día después, en esa misma población, hay un pleito entre cuñados y uno mata al otro. Dos o tres días más tarde, es baleado el diputado perredista suplente de Izúcar, Rodrígo López Benavides y unos días después, son asesinados dos hermanos en esta capital, hijos de un dirigente de comerciantes de Los Sapos.


Curiosamente y según las investigaciones iniciales, ninguno de estos hechos, está relacionado con el crímen organizado y se trata más bien, según las autoridades, de venganzas y problemas personales.


Sin embargo, la ola delictiva no deja de preocupar a los ciudadanos, que esperan una rápida y efectiva acción de las autoridades para frenar a los delincentes del tipo que sean.


Lo que pasa, nos dice un experto, es que a nivel nacional ha habido mucha violencia, mucho crimen y hasta donde se sabe, en muy pocos casos las autoridades han logrado detener a los responsables.


Han sacado a muchos policías y soldados a las calles en las ciudades donde la violencia se ha instalado como forma de vida, pero eso ha sido espectacular, pero poco efectivo.


Aquí en Puebla, parece que se está actuando con mayor diligencia y efectividad.


Ya fueron detenidos los secuestradores de un jóven de esta capital y puestos a disposición de las autoridades judiciales; ya se tiene conocimiento de los motivos por los que fue baleado el diputado López Benavides; ya se ha adelantado un 70 por ciento en las investigaciones sobre la muerte del jóven de Izúcar, en fin, se está actuando con rapidez y eficiencia y eso, precisamente eso, constituye el mejor remedio para frenar al crimen organizado o desorganizado, pero crímen al fin.


SE TOMARON PRECAUCIONES CON OPORTUNIDAD


Hace dos meses, aproximadamente, el gobernador del Estado Mario Marín Torres, invitó a un desayuno en Casa Puebla, a directores de medios y conductores de noticieros radiofónicos y televisivos, para manifestar su preocupación por el crecimiento de la violencia en nuestro país e informar que, aunque Puebla era de los estados mejor librados, el gobierno estaba tomando precauciones para evitar en lo posible, que esa violencia nos alcanzara.


Los hechos le han dado la razón. La violencia ya llegó y dependerá de la eficacia de las acciones gubernamentales, que dicha violencia crezca y se quede por algún tiempo o que se frene en sus inicios y los delincuentes reciban el castigo que merecen.


Todos los abogados saben que no hay nada que aliente tanto a la comisión de un delito, como la impunidad.


Las autoridades judiciales están obligadas a responder con rapidez, con profesionalismo y con eficacia.


En sus manos está, que en estos tiempos tan revueltos, un problema de delincuencia común, se convierta en un problema político. La agresión al diputado suplente perredista Rodrígo López Benavides, pudo conducir a politizar un delito del fuero común, si las autoridades del ramo, no actúan con rapidez y con eficiencia. Ese es el camino para evitar que se compliquen las cosas al gobierno: la rapidez y la eficiencia.


Muchos medios de comunicación y muchos políticos panistas, perredistas y priístas, están esperando que en Puebla surjan problemas graves para culpar a la actual administración de ineficiencia, de corrupción y de todo lo que se les ocurra y muchas veces son funcionarios ineptos o desleales, los que dan lugar a que eso ocurra. Ojalá y ésto lo entiendan bien quienes tengan que entenderlo.


Como bien decía el ex gobernador Guillermo Jiménez Morales: «hay que gobernar por previsión, no por remedio».


PERREDISTAS OPTIMISTAS


En entrevista que Fernando Maldonado, de TV Azteca, les hizo al supuesto dirigente estatal del PRD, Miguel Angel de la Rosa y a Ariel Menelic, destacado miembro de ese partido, ambos se mostraron muy optimistas sobre el futuro del partido del sol azteca.


El panorama lo ven luminoso y no se dan cuenta de que nunca, en sus diecinueve años de vida, el PRD había tenido un problema (ha tenido muchos) tan grave, como el actual.


Tiene ya casi diez años, que las dirigencias estatales no funcionan en Puebla.


Los grupos, las tribus o corrientes, que conforman el PRD, han creado sus mecanismos de defensa contra las imposiciones del centro: olimpicamente las ignoran.


Así hicieron con la doctora María Elena Cruz Gutiérrez, que acaba de terminar su periodo con más pena que gloria, así han hecho con otros dirigentes.


Las tribus perredistas funcionan en forma independiente y soberana. Cada una de ellas convoca a conferencias de prensa semanarias o cada vez que se puede o se necesita y hacen las declaraciones que quieren sin pedirle permiso a nadie y sin seguir línea de nadie.


Cada tribu, corriente o grupo, forma de hecho un pequeño partido independiente. Solo se llegan a unir esporadicamente, para volverse a separar a la primera provocación. Mientras tanto, su partido, el PRD, como tal, decrece: no hay trabajo partidista, no hay estructura, no hay organización. No se han dado cuenta de que el crecimiento que tuvieron en el 2006, fue producto del carisma de su candidato Andrés Manuel López Obrador, que no propició el crecimiento real del partido, como se ha demostrado en elecciones locales posteriores.

 



 
 

 

 
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