Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca


Los maestros, dejaron de ser apóstoles

 

Durante muchos años la figura del maestro fue idealizada en nuestro país. Se les veía, no como profesionistas dedicados a la educación de niños y jóvenes, actividad noble y de gran responsabilidad, sino como a verdaderos apóstoles. Ellos mismos se asumían así. Rercordamos que hace algunos años hubo un problema entre las autoridades educativas poblanas y la Sección 51 del SNTE que agupaba a los metores del sistema estatal y como consecuencia de ese problema, se citó a los maestros a una reunión en su edificio sindical, que entonces estaba en la Máximino Avila Camacho y 4 sur (edificio que ahora pertenece al SETEP) y ahí, uno de los oradores, maestro por supuesto, inició su discurso con las siguientes palabras: «Maestro que con tu sangre, riegas los caminos de México....»


La figura del maestro se vino devaluando con el tiempo y llegaron a ser los flojos que siempre llegaban tarde, que en muchos pueblos iban solo tres veces a la semana, que tenían demasiadas vacaciones, que aprovechaban cualquier pretexto para suspender las clases, en fin, eran lo peor de la burocracia.


Parece que ahora ya se está viendo al magisterio con mayor realismo, con más objetividad: ya no son los mártires y apóstoles que fueron en el pasado, ni los flojos e inútiles que fueron en tiempos más recientes.


Los maestros, que hoy celebran el día dedicado a homenajearlos, son seres humanos con virtudes y con defectos. Hay muy buenos maestros, que dejan huella en sus alumnos y en la comunidad en la que sirven y los hay malos, como en toda actividad humana, que son recordados por su incompetencia y los hay también regulares, que cumplen con su trabajo más o menos bien.


Pero eso ocurre entre los médicos, los abogados, los ingenieros, los sacerdotes, los arquitectos, en fin, en toda actividad humana.


NO ES FACIL SER MAESTRO


Ser maestro no debe ser fácil, tienen que lidiar con cuarenta o cincuenta niños, muchas veces más, que tienen diferente procedencia social, diferente comportamiento y ellos están obligados no solo a controlar al grupo, como dicen, sino a lograr que todos aprendan de sus enseñanzas, aunque muchos, por la probreza tan extendida en nuestro país, por la falta de unidad familiar o por lo que sea, estén en desventaja y se les dificulte más salir exitosos.


La educación es algo necesarísimo para que un país pueda avanzar, pero en paises como el nuestro, con un alto grado de desnutrición infantil, con pobreza extrema, con desintegración familiar (imagine a los niños de la mixteca con sus padres del otro lado del río Bravo) esa actividad se hace más dificil.


Si a ello agregamos maestros sin vocación, porque ahora los hay y muchos, maestras que tienen que trabajar con un grupo y luego regresar a su casa para hacer las labores del hogar, atender a sus maridos y a sus hijos, se dará cuenta que es una actividad pesada y no debidamente recompensada.


Sus percepciones salariales han mejorado y se puede decir que la mayor parte ha logrado tener una vida modestamente digna.


Hubo en el pasado, entidades, como Puebla, con gran prestigio en el campo de la educación. Su escuela normal, el Instituto Normal del Estado, sus centros escolares, tuvieron fama más allá de los límites de la entidad, por la calidad de sus enseñanzas, pero algo pasó.


Desde hace algunos años la educación en Puebla dejó de ser lo que era y en el 2005, estaba ya considerada como de las de menor calidad.


Un estudio de la SEP federal, realizado hace algunos años, colocaba a la entidad poblana junto con Guanajuato, en el último lugar en calidad de enseñanza en escuelas secundarias, de todo el país.


Durante varios años Puebla ocupó el lugar número 29 de 32, en calidad de la enseñanza primaria y su avance ha sido muy lento.


Tal vez sea por problemas de orgaización, de supervisión o de falta de interés de gran parte del magisterio. Es algo que hay que analizar a fondo para ponerle remedio.


COMO HAY QUE VER AL MAESTRO


Los maestros son profesionales de la educación, importantes para el desarrollo de cualquier país. Ellos deben tener consciencia de su importancia como educadores, sin caer en exageraciones de creerse apóstoles o mártires.


Deben ser ejemplo, para sus alumnos y padres de familia, de honestidad, de responsabilidad, de dedicación al trabajo y al estudio, deben ser modelo de comportamiento cívico.


Dicen que no hay nada que motive más a niños y jóvenes, como el ejemplo.


Los maestros rurales, pueden ser, deben ser, líderes en las comunidades donde trabajan, en el buen sentido del término, líderes para impulsar el desarrollo de esos pueblos. Lo fueron en un tiempo, de ahí que haya surgido su imagen de apóstoles «que riegan con su sangre los caminos de México». Ya no volverán a ser eso, pero sí pueden ser un factor importante para el mejoramiento de la vida en el medio rural.


Para el mejoramiento de la vida en todo nuestro país. Deben ser verdaderos profesionales de la enseñanza, honestos y eficientes en su trabajo, deben tratar de volver a ser ejemplo para chicos y grandes, por su comportamiento ante la sociedad.
Son muchos los maestros poblanos que han sido ejemplo de profesionalismo, de entrega a su trabajo, que pueden servir para motivar a quienes actualmente ejercen el magisterio.


Felicidades a todos los maestros en su día.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas