Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca


El retorno de los traidores

 

No hemos encontrado un solo priísta, desde que la dirigencia estatal presidida por Alejandro Armenta anunció que se abrirán las puertas del Revolucionario Institucional, para recibir a los priístas que abandonaron sus filas y quieran retornar a él, que esté de acuerdo con eso. Todos, sin excepción, y les hemos preguntado a muchos, expresan su molestia, su rechazo a tal intento.


No es lo mismo buscar la unidad dentro de un PRI dividido por actitudes excluyentes de algunos funcionarios públicos y dirigentes partidistas, que buscar a los que se fueron a otras opciones políticas para ser candidatos en contra de los que fueron postulados por su partido.


En el primer caso es un enojo justificado, un retiro temporal, un alejamiento pasajero, de las actividades partidistas, por actitudes prepotentes, autoritarias, excluyentes, de quienes en un momento dado, deciden las cosas; en el segundo, es una traición, un chantaje al partido que los cobijó durante años, que los llevó a posiciones de poder y al que combaten abiertamente, cuando no son satisfechas sus ambiciones personales.


¿Quiénes son los priístas que abandonaron su partido para pasarse a otro, que realmente valga la pena rescatar? ¿Son ejemplo de militancia partidista? ¿son ejemplo de ciudadanos? ¿qué han hecho realmente por su municipio, por su distrito, por su estado, por su país? ¿qué perdió el PRI con la salida de esos sujetos?.


LO QUE ESO PUEDE PROVOCAR


Por la forma en que priístas militantes, convencidos de la ideología nacionalista y revolucionaria del PRI, respondieron a nuestra pregunta, si se concreta la idea no solo de llamar a los hijos pródigos para que vuelvan a casa, sino incluso ir a buscarlos, se provocará un serio distanciamiento de quienes han sido fieles a su partido, de quienes están en el PRI por su ideología, por su convencimiento de que es la mejor opción para Puebla y para México.


Todos los partidos, incluido el PRI, tienen como sanción para quienes los traicionan, la expulsión.


Cuando un militante partidista se pasa a un partido cuya ideología es opuesta a la de aquél que lo cobijó por mucho tiempo, lo hace porque cambió de ideología o porque personalmente le conviene. Si es por cambio de ideología, el retorno se hace imposible; si es por interés personal, se olvida que los partidos son instituciones de interés público, donde los ciudadanos se agrupan para llegar al poder y servir a sus compatriotas, ¿serían confiables quienes solo buscan colocarse, quienes no tienen ni vocación de servicio, ni ideología, ni lealtad a los principios y programas que su partido sustenta?.


La idea de ir tras quienes han traicionado al PRI, porque creen con bases o sin ellas, que ese barco ya se está hundiendo, para «rescatarlos», no solo es una mala idea, es una pésima idea, que desalentará y molestará, a los militantes leales que en las buenas y en las malas han sido fieles a los principios y programas por los que han luchado.


EL NEOPANISMO SACO A TRADICIONALES


En el Partido Acción Nacional hubo un conflicto en los años setenta, que propició la llegada del neopanismo. Los grupos empresariales, dolidos por la nacionalización de la banca, hecha por José López Portillo, decidieron salirse del PRI y crear un nuevo partido. Como tal cosa no la vieron fácil, decidieron adueñarse del PAN, partido conservador creado por Manuel Gómez Morín, con trayectoria y prestigio en muchas entidades del país (en otras practicamente no existía). Llegaron arrasándolo todo.
Los viejos militantes que defendían la ideología heredada por el grupo fundador, ni siquiera fueron tomados en cuenta. Simplemente se les ignoró y en algunos casos se les obligó a abandonar al que había sido su partido de toda la vida.


Los empresarios lograron su propósito, de llegar al poder y no han llamado a ninguno de los viejos militantes a los que sacaron, ni éstos han buscado regresar.


Hubo casos, como el del recien fallecido licenciado Miguel López González Pacheco, en los que nunca abandonaron sus filas, pero jamás volvieron a ser militantes activos.


Otros, en los que los militantes llamados doctrinarios, se refugiaron en organizaciones políticas y en partidos que les dieron cobijo.


Los militantes que se alejan de un partido por desacuerdos con sus dirigentes, generalmente esperan nuevos tiempos (las dirigencias partidistas no son eternas) Cuando, como en el caso del PAN, hay un abierto robo del partido, se salen y ya no vuelven.


Los políticos de todos los signos deben tener dignidad, para ser confiables, los dirigentes también. Una cosa es convocar al trabajo partidista a quienes se han alejado y otra andarles rogando que vuelvan a los que ya están en otras organizaciones partidarias.

 



 
 

 

 
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