Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca


Prepararse para lo que viene

 

Al parecer la ola delictiva que tiene invadido a casi todo el país, ya llegó a Puebla y ahora es necesario tomar las medidas para que los  daños no resulten muy elevados.


Lo ocurrido en Tlapanalá, da una idea para impedir que la delincuencia organizada o no, penetre en los pueblos y pequeñas ciudades del medio rural: la organización de los vecinos para auxiliar a las autoridades municipales, estatales y federales, debe ser básica.


Hay que hacer un esfuerzo de capacitación y educación, para que los pueblos no vayan a pensar que pueden hacerse justicia por sus propias manos. Pueden ser valiosos auxiliares de las autoridades, pero hasta ahí.


Hasta el gobierno del licenciado Mariano Piña Olaya, en las comunidades rurales había comisiones de seguridad o “rondas”, integradas por vecinos que se encargaban de vigilar a sus pueblos impidiendo desórdenes y manteniendo una discreta vigilancia sobre los “fuereños”. Su armamento consistía por lo general en machetes o viejas escopetas. Su fuerza, era el apoyo que recibían de la población.


En una reunión de gabinete ampliado se decidió la disolución de estas comisiones o “rondas”, con el pretexto de que podrían cometer excesos. El único funcionario que se opuso a ello, fue el licenciado César Musalem, entonces director de Gobierno, por considerar que eran necesarias para mantener a raya a los delincuentes, que precisamente en los años ochenta, hacían de las suyas asaltando en caminos, secuestrando, robando ganado, etc. Su opinión no solo no fue escuchada, sino que le costó el puesto (en ese tiempo nadie podía opinar y menos oponerse a una decisión que había recibido el consabido “sí señor”).


Es cierto que si no se les instruye antes sobre lo que pueden y deben hacer y lo que no pueden ni deben hacer, las “rondas” pueden cometer excesos, pero si con constancia se les instruye al respecto, podrían ser un valioso auxiliar para combatir la delincuencia.


En la zona más difícil del estado de Guerrero, La Montaña, hay policías comunitarias que han sido toda una revelación. No solo vigilan a sus respectivos pueblos, sino que auxilian a otras policías comunitarias de pueblos aledaños, cuando hay necesidad de eso.


EN TLAPANALA HUBO EXCESOS


Nadie podría negar que en Tlapanalá, se cometieron excesos y que el pueblo pretendió hacerse justicia con sus propias manos, algo que no debe repetirse. Las comisiones de vigilancia de los pequeños municipios o de las juntas auxiliares, deben dar garantías de seguridad a los habitantes y a todos los ciudadanos que vivan o pasen por ellas.


Cuando hay casos como el de Tlapanalá, hay el peligro de que se desborden las pasiones y eso es peligroso. De ahí la necesidad de capacitar, educar a quienes vayan a ser miembros de las comisiones de vigilancia.


Las grandes ciudades cuentan por lo general, con cuerpos de policía entrenados y equipados, pero en la inmensa mayoría de los municipios no es así. Es ridículo el número de policías municipales que hay en los poco más de 2 mil municipios del país, generalmente mal entrenados y peor pagados. De ahí la necesidad de reforzarlos con la acción ciudadana.


Don Refugio Ramírez, dirigente de la Asociación de Migrantes México-Estados Unidos, en declaraciones que hizo esta semana al periódico regional Enlace de la mixteca,  da la voz de alerta sobre lo que vendrá en un futuro próximo: el incremento de los hechos delictivos en la región sur del estado y en todo el país, por la expulsión masiva de indocumentados del país del norte.


“La delincuencia podría ir al alza, dijo, pues la baja en la oferta de empleo en el país vecino y el endurecimiento de las autoridades estadounidenses contra los migrantes, va a provocar, en el caso de la mixteca poblana, que regresen miles de compatriotas que no encuentren qué hacer y eso podría hacernos volver a los años ochenta en que se desató una ola de secuestros, de robos de ganado, de asaltos en carretera, etc.


La emigración hacia los Estados Unidos, fue una válvula de escape para muchos paisanos, que encontraron una salida para solucionar su difícil situación económica. Pero la situación actual es diferente: no solo hay mayores dificultades para entrar, sino que haya hay mucha dificultad para trabajar y además hay redadas frecuentes para sacarlos del país y aquí el gobierno federal no ha implementado políticas eficaces para crear empleos y rehabilitar al campo


LA DEMOCRACIA, ES COSA DE MAYORIAS


Tenemos entendido, que en una democracia las mayorías, así sea por un solo voto, son las que ganan y las minorías se someten a la decisión mayoritaria. Pero todo parece indicar que en el glorioso partido de la Revolución Democrática, no es así.


De acuerdo con los estatutos de dicho partido, el Consejo Nacional, es la máxima autoridad dentro del partido y sus decisiones deben ser acatadas por todos.


Pero resulta, que la decisión que dicho órgano de dirección partidista tomó el pasado domingo, de confirmar en la dirigencia nacional a Guadalupe Acosta Naranjo, como dirigente provisional por el resto del año, no es aceptada por la corriente Izquierda Democrática, porque considera que el Consejo Nacional está dominado por “Los Chuchos” sus adversarios internos y ellos quieren que haya diálogo para llegar a acuerdos.


Pretenden los de Izquierda Democrática, que el dirigente sea Lázaro Cárdenas Batel y no Acosta Naranjo, pese a que éste fue apoyado por la mayoría de los consejeros nacionales.


Lo anterior quiere decir, que la izquierda mexicana seguirá dividida, quien sabe hasta cuando y que mientras tanto, la derecha continuará avanzando.

 

Los perredistas parecen incapaces, física y mentalmente, de superar sus diferencias y hay un sabio dicho popular que dice, que quien no puede lo menos, menos podrá lo más. Si ellos no pueden gobernarse a sí mismos, ¿podrán gobernar al país?.

 



 
 

 

 
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