Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca

28/04/2010

El laicismo en México, desde el siglo XIX


Desde el siglo antepasado, en 1859, quedó establecido que México sería un estado laico, es decir, ajeno a cualquier credo religioso, aunque respetuoso de las creencias de todos sus habitantes.


La Iglesia Católica, que era la predominante en el país y que controlaba la vida económica, política y social de los mexicanos, protestó airadamente e incluso provocó enfrentamientos armados contra el gobierno, pues no quería perder sus privilegios.


Las propiedades de la Iglesia , fueron expropiadas por el gobierno de Benito Juárez. El alto clero católico, controlaba el mayor porcentaje de la riqueza del país.


En sus manos estaban las funciones que desde ese año pasaron a ser desempeñadas por el Registro Civil, como la celebración de matrimonios, el control de los panteones y el registro de los nacimientos. En manos de la Iglesia también estaba la educación.


En lo político, en lo económico, en lo religioso y en lo social, el control era total.


México fue el primer país de Latinoamérica en romper con esa estructura heredada de la Colonia Española y por eso el gobierno mexicano de Juárez, fue combatido duramente por la Iglesia Católica Romana.


El laicismo, se hizo tradición en México y fuimos en ese aspecto, el ejemplo a seguir para todos los pueblos, no solo del continente americano, sino incluso de varios europeos, que seguían soportando el predominio del alto clero católico.

 

Salinas rompió con la tradición laica

 

Después de más de cien años de establecido el Estado Laico, un presidente tecnócrata, Carlos Salinas de Gortari, por su propio interés y no el de la nación, rompió esa tradición que había llegado ya a su punto de equilibrio.


En 1992, cuando se celebraba el quinto centenario del Descubrimiento de América, a propuesta de Salinas, que contaba con un Congreso de la Unión a modo, se reformó el artículo 130 y se dio personalidad jurídica a las “iglesias”, lo que fue el principio del fin del laicismo en nuestro país.


Todavía se mantuvieron las apariencias en el gobierno de Ernesto Zedillo, pero la llegada del panista Vicente Fox y Quesada y la señora Marta, hizo retroceder al país en ese aspecto.


Don Vicente fue a la Basílica de Guadalupe en la mañana del día de su toma de posesión para postrarse a sus pies y mandar un mensaje al pueblo de México, al que siempre se ha creído fervorosamente católico.


Después de que rindió la protesta ante el Congreso de la Unión , los diputados del PRI y del PRD, corearon a todo pulmón: Juárez, Juárez, Juárez…..


En un acto celebrado ese mismo día en el Auditorio Nacional ante varios miles de panistas, una de sus hijas le hizo entrega de un crucifijo y los panistas aplaudieron a rabiar, como diciendo “ya ganamos y ahora seremos un Estado Católico, como en la Colonia ”.


Vino el Papa Juan Pablo II, atendiendo la insistente invitación del matrimonio Fox y doña Marta, tuvo que ser operada de la rodilla días después, ya que durante la visita papal, se puso a saludar a todos los obispos y cardenales dando unos rodillazos exagerados para besar los anillos pastorales de los prelados.


La asistencia semanaria a misa de la Pareja Presidencial , era cubierta por todos los noticieros de televisión.


Don Felipe de Jesús y su esposa Margarita Zavala, han sido mucho más discretos en ese aspecto, aunque ha habido ocasiones en que al Presidente se le han escapado algunas frases propias de un líder religioso, pero se ha cuidado de hacer ostentación de su fe, pues se dio cuenta que le resultaba contraproducente por las fuertes críticas que recibía de intelectuales y de importantes medios de comunicación.

 

Las campañas políticas se contaminan

 

Todo esto viene al caso, porque con motivo de las campañas políticas, son muchos los candidatos del PRI y del PAN, que pretenden ganar votos haciendo ostentación de su fe religiosa, aunque como católicos o cristianos, dejen mucho que desear.


Ayer estuvieron en la ciudad de México los candidatos panistas Rafael Moreno Valle y Eduardo Rivera, para saludar al cardenal y arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera, como ya lo han saludado otros candidatos.


La reacción de la gente de clase media, aun de la creyente, es de rechazo a ese tipo de cosas. Como que ya no encaja, se ve falso, se ve hipócrita. Más de un siglo de mantener una relación distante pero respetuosa por ambas partes (gobierno e iglesia) con magníficos resultados para la vida política del país, nos acostumbraron a los mexicanos a dar al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios.


Los obispos y arzobispos, no tienen la culpa de esto. Son los políticos y no ellos, quienes buscan sacarse la foto a su lado. Deberían ser informados de los comentarios que eso suscita entre muchos electores. Comentarios casi todos negativos.


Como todos los mexicanos, los políticos tienen absoluta libertad para profesar la religión que quieran o no profesar ninguna y serán igualmente respetables. Lo que causa irritación en mucha gente es que se pretenda aprovechar las creencias religiosas para fines netamente políticos. Eso no conviene ni al gobierno, ni a la Iglesia.

 

Ya nadie se chupa el dedo. El laicismo del Estado Mexicano, ya hace mucho tiempo que tomó carta de naturalización.

 



 
 

 

 
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