Pulso Político


Gabriel Sánchez Andraca


El 30 de octubre, sí se olvida

 

Hay universitarios poblanos, que no olvidan el 2 de octubre de 1968, porque creen que participaron en los hechos ocurridos entonces y porque dicen que esa fecha constituye un parteaguas en la historia de México, pero sí olvidan, con mucha facilidad, el 30 de octubre de 1964, fecha en la que cayó el gobierno autoritario del general Antonio Nava Castillo, gracias a un movimiento estudiantil-popular, en el que ellos sí tomaron parte.


El 2 de octubre del 68, fue un movimiento surgido y resuelto en la ciudad de México, en el que el resto del país tuvo una participación mínima, si acaso mandando mensajes de apoyo y de protesta, pero nada más. Se resolvió mediante una cruel y despiadada matanza de estudiantes y civiles en la unidad habitacional de Tlatelolco y no hubo cambios substanciales en el gobierno de la república. A Díaz Ordaz le sucedió en el mando Luis Echeverría Alvarez, durante cuyo gobierno ocurrió la matanza de estudiantes, por los Halcones, el 11 de junio de 1971; Echeverría nombró para sucederlo en la Presidencia, a su compañero de escuela, a su amigo de juventud, José López Portillo. Luego siguieron los presidentes tecnócratas: Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, que impusieron la política económica neoliberal, que provocó mayor pobreza, desempleo, abandono del campo, emigración de cientos de miles de compatriotas hacia los Estados Unidos en busca de trabajo, mayor dependencia de los Estados Unidos, dependencia alimentaria, mayor corrupción, etc.


Y cuando Zedillo se dio cuenta que las bases priístas estaban descontentas por esa política económica depredadora, le entregó el poder al partido representante de la derecha, a Acción Nacional, pues había la seguridad que continuaría por el mismo camino que venía recorriendo la tecnocracia, aunque se había visto ya el fracaso rotundo del modelo neoliberal.


¿Dónde está el parteaguas? ¿Hubo más libertades? ¿Hubo mejoría en el nivel de vida de los mexicanos?.


Los cambios que llegaron a realizarse, no fueron por el movimiento del 68, sino porque la sociedad mexicana tenía más educación y más coraje por los graves problemas que provocaron los tecnócratas con la imposición autoritaria de un modelo, que estaba visto, no servía para una sociedad como la nuestra.


Pero al 68 le salen panegiristas por todos lados, sobre todo en el medio intelectual y mediático de la ciudad de México y lo ocurrido en Puebla cuatro años antes, está ya olvidado.


AQUI SI HUBO UN PARTEAGUAS


Lo que ocurrió en Puebla en octubre del 64, cuatro años antes de la matanza de Tlatelolco, sí fue un parteaguas en la historia de la entidad. Constituyó el fin de una época, de la época autoritaria del avilacamachismo.


Tres años antes, un movimiento estudiantil terminó en la Máxima Casa de Estudios del Estado, en la Universidad Autónoma de Puebla, con el predominio de la derecha, que tenía controlada a la institución, pese a la resistencia pasiva de maestros y estudiantes liberales.


Fue una lucha ideológica, muchísimo más importante que lo ocurrido en la capital del país en el 68, aunque la represión del Estado no tuvo la brutalidad que ejerció en Tlatelolco.


En esa lucha, se involucraron todos los sectores sociales de la entidad. El clero católico tomó partido, como era natural, a favor de la derecha que a través del Consejo de Honor, practica-mente gobernaba a la UAP y con ella y con todos los organismos del sector privado a su lado, movilizaron a decenas de miles de poblanos para tratar de impedir que la Universidad "cayera en manos de los comunistas", porque para ellos eran comunistas todos los que no se sometían a sus designios (estaba en su apogeo, la llamada Guerra Fría, entre Estados Unidos y la Unión Soviética).


Esa lucha, en la que sí participaron los partidos y grupos progresistas de todo el país, al igual que los reaccionarios y de derecha, duró varios años, resolviéndose hasta l972 con el triunfo de las fuerzas progresistas y con la salida de los conservadores, que tuvieron que crear su propia universidad.


Octubre del 64, fue consecuencia de ese movimiento del 61. No hubiera sido posible la caída de un gobierno autoritario, como el de Nava Castillo, si no hubiera habido un cambio de mentalidad en la UAP y en la sociedad poblana.


Los grupos antagónicos, la derecha y la izquierda, olvidaron por un breve tiempo sus diferencias y se unieron en una causa común: tumbar a un gobierno local, que les removió el recuerdo de Maximino Avila Camacho, el cacique más autoritario y arbitrario del siglo XX en Puebla, que gobernó en los años 30, pero cuyo mal recuerdo prevaleció por muchas décadas.


EL AVILA CAMACHISMO DURO DECADAS


Después de Maximino Avila Camacho, la entidad fue gobernada por amigos o parientes del general que utilizaban sus mismos sistemas, tal vez amortiguados por el tiempo, pero que eran igualmente autoritarios, caciquiles.


La llegada, al final del sexenio de Adolfo López Mateos, del general Antonio Nava Castillo, como candidato del PRI a la gubernatura, se vio como natural. Había sido caballerango de Don Manuel, el hermano que llegó a la Presidencia de la República y por lo tanto, pertenecía al grupo político que había gobernado a la entidad desde treinta años antes.


Pero el general, llegó con capitanes, mayores, coroneles y otros generales que hicieron recordar la época de Maximino.


Y como su comportamiento con la ciudadanía, fue igualmente duro e incomprensivo, estalló el descontento.


Al año  de haber inaugurado su gobierno, se instaló una planta pasteurizadora de leche, de la que se dijo que el propio gobernador era socio.


Eso no era lo malo. Pero lo que disgustó a los lecheros, primero, y después a todos, fueron los modos avilacamachistas o mejor dichos, maxiministas, de hacer negocios.


Primero, se decretó que la ciudad de Puebla solo podría consumir leche pasteurizada y como la única planta existente aquí, era la Jeles, se decidió que los productores del lácteo alimento deberían venderla a esa planta, al precio que la propia empresa fijara.


Todas las entradas de la ciudad de Puebla fueron vigiladas para que ningún vendedor de "leche bronca" pudiera vender sus producto al público. A quien llegaba con sus "picheles" para hacer sus entregas, se le detenía y su producto era derramado al suelo.


Eso provocó una manifestación de lecheros, que como ya le informamos, ocurrió el 13 de agosto de 1964. Fueron a pedir apoyo a los universitarios, pero pese a eso, la ley que los obligaba a abstenerse de vender al público leche bronca, se aprobó el 20 de ese mes.


El 17 de septiembre, hubo un aumento sorpresivo en el precio del pasaje, que pasó de 25 a 30 centavos, lo que provocó la ira de los estudiantes que apedrearon a los autobuses que pasaban por la 4 sur, frente al Carolino y al finalizar el día varios autobuses habían sido tomado y colocados en la llamada Plaza de la Democracia, frente al templo de La Compañía.


El 13 de octubre entraba en vigor la ley que obligaba a los productores de leche a vender su producto solo pasteurizado. Ese día, lecheros de la región de Cholula, encabezados por Ramón Danzós Palomino, líder de la Central Campesina Independiente, se lanzaron a una manifestación que fue reprimida. Danzós y varios líderes estudiantiles, fueron detenidos y ahí empezó todo.


DIECISIETE DIAS Y LA CAIDA DEL GOBIERNO


Solo diecisiete días duró la rebelión poblana. Antes de que terminara octubre, el día 30, un día como hoy de hace 44 años, el gobierno de Antonio Nava Castillo se derrumbaba.


Fueron días intensos en los que la acción de todos los grupos era coincidente: La Cámara de Comercio, la Coparmex, la Canacintra, los locatarios de todos los mercados, los estudiantes universitarios, los estudiantes de educación media, barrios, colonias, lecheros, etc., todos participaron en alguna forma, en un movimiento nunca antes visto en esta entidad.


Las manifestaciones realizadas eran numerosas y contaban siempre con mucha asistencia.


El contralor general del gobierno, coronel y doctor Luis Sánchez Domíguez, fue secuestrado en el Carolino, por una imprudencia del propio contralor, que entró al edificio, sin ninguna protección y sin ningún anuncio previo. Este reportero fue testigo de cuando el funcionario fue detenido por un grupo estudiantil y metido a un cuarto del primer patio del histórico Colegio Carolino. Ahí también fueron detenidos dos motociclistas de tránsito que en la mañana se lanzaron con sus máquinas a toda velocidad sobre una manifestación estudiantil, para romperla.


El jefe de la policía, general Cueto, había recibido una pedrada en la frente, en la lucha que estudiantes y policías sostuvieron en la calle al medio día.


Todo esto ocurría el 29 de octubre. En la noche brigadas estudiantiles fijaban propaganda y hacían pintas por diversos rumbos de la ciudad, y fueron interceptados y golpeados por la policía y en el edificio Carolino había cientos de personas pendientes de lo que ocurría y saliendo en defensa de las brigadas de propaganda.


El día 30 a las 7 de la mañana, antes de que el comercio abriera sus puertas, tanquetas del ejército y transportes militares con sirena abierta, recorrían las calles del centro histórico.


La ciudad estaba semiparalizada. El comercio ya no abrió y los rumores circulaban sin cesar.


Ya en la tarde se sabía que el general Nava Castillo había solicitado licencia y que en su lugar se nombraría al ingeniero agrónomo Aarón Merino Fernández.


A las 20 horas o un poco más, sesionó el Congreso del Estado, aceptó la petición de licencia del general y designó al inteniero Merino para sustituirlo. Rindió la protesta de rigor con un salón de sesiones a reventar y salió a pié para dirigirse al entonces palacio de Gobierno, hoy salón de Protocolos. Una multitud impresionante desbordaba el zócalo, mientras las campanas de la Catedral, eran echadas a vuelo.


Tal vez nunca un gobernador llegó al poder con tanta algarabía popular, como Aarón Merino Fernández. Habló desde una ventana del entonces palacio de gobierno, en la 2 norte y Maximino, hoy Palafox y Mendoza.


Con ésto, se inició una nueva época para Puebla.

 



 
 

 

 
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