¡PURO CAMOTE!


Fernando Zulbarán y Rojas


De Guatemala a Guatepeor


Al parecer, la salida de Chelís se debió a los malos resultados y manejos que tuvo dentro de la escuadra camotera, pero ahora, con la llegada de Mario Carrillo, las cosas empiezan a oler a descenso, y con justa razón. Si una vez ya los dejó a quemarropa, ¿por qué no habría de hacerlo por segunda ocasión?


Este tipo de entrenadores no caminan si no es con un equipo que ellos arman. Es fiel a la escuela de Lapuente, como todos lo conocemos, pero con un gran defecto, la soberbia. Es la envidia de muchos, pues el señor Carrillo siempre ha denostado su interés por convertirse en el mejor estratega de todos. También cuenta con mucha suerte: cuando comenzó la primera etapa con el equipo angelopolitano, no descendía porque había equipos peores, y este torneo no es la excepción.


Desde su llegada se notó su tinte de tirano: tardó más de dos días en dar la cara a los medios, en poder explicar su llegada y sus objetivos.


Uno de esos objetivos no fue resaltado por los medios, trabajar arduamente, hacerlo de manera correcta para llegar al tricolor. A ver, Carrillo, ya tuvimos a Ego, ¿ahora tú? ¿Para qué comenzar con el pie izquierdo de nuevo? Lo tuyo ahorita es concentrarte en la Franja, salvarla del descenso, jugar para divertir a la afición y después eso déjaselo a la Comisión de Selecciones y la Federación.


La situación dentro de la escuadra blanquiazul sigue tensa, tal y como hace 15 días lo mencioné. La relación entre Gustavo Moscoso y Sánchez Solá nunca fue la mejor, y es por eso que hoy todo lo que apesta a Chelís se tiene que ir; la primera fue la jefa de prensa Karla Cabañas.


La astróloga sólo duró cuatro meses en la jefatura de prensa. Ahora, con la justificación de que a Carrillo le incomodaba su presencia, la cesaron del puesto.


Los refuerzos de Chelís como Ostersen, Fernández, Hernández Jr. y compañía seguirán viendo el partido desde las tribunas; mientras tanto, el Bola quizás se gane la confianza y juegue.


En cuanto a los jóvenes, no hay mucho que decir. La mayoría de ellos abandonó la escuadra camotera cuando llegó Carrillo por primera vez pues nunca fueron de su agrado. Los que siguen con el equipo seguramente tampoco verán acción, pues si con Chelís no lo hicieron, ahora menos.

 

La soberbia lo mató


La salida de Sánchez Solá, su pérdida de juego, la falta de identidad que se creó con este nuevo plantel es culpa, en mayor parte, del extécnico, pues su egocentrismo se convirtió en uno de los males del hombre, la soberbia.


Chelís olvidó sus raíces, lo que lo llevó a dirigir al Puebla, ese hombre que se desvivía por sus “hijos” dentro del equipo. Dejó de ser el padre de esa familia, no logró involucrar a todos en el mismo camino y, mucho peor, él perdió el paso por el sendero, se desvió en temas que no le concernían. Los problemas con la jefatura de prensa pasada, la llegada de Henaine y la presión por siempre salir a la luz pública lo fueron matando lentamente dentro y fuera de la cancha, y ese andar fue contagioso en el vestidor. Hasta el grado de olvidarse de todos aquellos que lo hicieron llegar hasta donde está, pues, sordo a sus palabras, los dejó olvidados en las tribunas.

 

Larios busca chamba


El viernes pasado, el exportero de la Selección Nacional y de la Franja, Pablo Larios, se dio a la tarea de visitar el entrenamiento de los camoteros con el objeto de poder contactar al nuevo entrenado, Mario Carrillo, y habló con él.

 

El domingo, durante el juego contra Tigres, Larios se apareció en el estadio Cuauhtémoc y aprovechó para saludar a Óscar Pérez, a quien le solicitó el teléfono para poder seguir insistiendo en alguna oportunidad laboral. Sin dudarlo, el Conejo le prometió ayudarlo.

 



 
 

 

 
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