Mundo Rural


Hipólito Contreras


Tierra ejidal al mercado inmobiliario


La expansión del urbanismo generado por el crecimiento demográfico, alentado y estimulado por el modelo económico, lleva al mercado inmobiliario, al desarrollo industrial, muchos millones de tierras agrícolas.


La reforma al 27 Constitucional en 1992, en plenos gobiernos neoliberales, llevó a prácticamente la desaparición del ejido para facilitar el mercado de tierras, los pocos y débiles candados que se pusieron a la tierra ejidal, han sido con facilidad superados para convertir la tierra ejidal en propiedad privada.


Amparados en esta reforma los tres niveles de gobierno desincorporan tierras ejidales para ponerlas a disposición de inversionistas nacionales y extranjeros. La Procuraduría Agraria, institución creada supuestamente para atender los conflictos de tierra, es usada también para desincorporar tierras ejidales y ponerlas en manos de inmobiliarias, fraccionadores.


El gobierno federal pone en marcha el programa denominado Bolsa de Tierra con el fin de que en una primera etapa se desincorporen y transfieran cien mil hectáreas que serán destinadas para construcción de vivienda, corredores industriales y otros usos urbanos en ciudades que como Puebla crecen a ritmo acelerado.


El mismo gobierno justifica este cambio de uso del suelo al señalar que esas tierras que se retiran a la agricultura han dejado de ser productivas. En esas tierras ya no crecerán cultivos y árboles, sino cemento, crecerán industrias, avenidas y transporte.


Se podrá afirmar que con reformas o sin ellas de todas formas la tierra ejidal terminaría siendo absorbida por el gigantismo urbano y el crecimiento demográfico, en un modelo económico como este, en el que a todo se le pone precio y significa ganancia, sí, en uno modelo avanzado, desarrollado, en un modelo en el que el centro de todo sea la sustentabilidad, la protección de los recursos para beneficio directo e indirecto de los humanos, eso no ocurriría.


En este modelo de gobierno el mercado de la tierra se convierte en uno de los grandes negocios para los inversionistas, comprar tierra barata a los ejidatarios y pequeños propietarios para luego venderla al precio que quieran ha sido una forma de enriquecimiento ilícito de inversionistas y políticos.


La ciudad de Puebla con su crecimiento desordenado y anárquico es un ejemplo claro de este mercado de tierra, en los cuatro puntos cardinales de la ciudad miles de hectáreas agrícolas han dejado de serlo, sus dueños, ejidatarios y pequeños propietarios fueron eliminados de su entorno, hoy deambulan como jardineros, albañiles, etc., hoy cortan el pasto y arreglan jardines en espacios que formaron parte de sus tierras, muchos más emigraron al norte la terminarse su sustento de vida.


En pocos años el gigantismo de la ciudad y su zona metropolitana acabará con ricas tierras agrícolas de Tepeaca, Atlixco, Huejotzingo y San Martín, las autoridades estatales y municipales justificarán su uso con la afirmación de que las tierras han perdido su vocación agrícola., nada más falso.


Del mercado de la tierra han salido algunos millonarios, son los que compraron tierra barata, hasta en cinco pesos el metro, como ocurrió en la expropiación de más de mil hectáreas de lo que fue el ejido de San Andrés Cholula, hoy en esa zona un metro de tierra se cotiza hasta en mil, pero no pesos sino dólares, negocio redondo, especular con la tierra es el gran negocio en este modelo de gobierno.


Esto no ocurre sólo en la Ciudad de Puebla y su zona metropolitana, sino en todos los centros urbanos grandes, medianos y pequeños del estado. En este medio se ha informado de cómo en municipios del norte del estado se lucra con la pobreza y necesidad de vivienda de las familias rurales, los especuladores de la tierra venden el metro de tierra hasta en ochocientos pesos y sin servicios, quien falla un mes de pago le aplican intereses cuyo monto lo deciden los fraccionadores. Esto y más lo permite el sistema, el modelo de gobierno, la economía de mercado.


La misma Secretaría de la Reforma Agraria, el mismo gobierno federal, habla de que en el corto, mediano y largo plazo hasta noventa y cinco millones de hectáreas ejidales y de pequeñas propiedades serán susceptibles de cambio de usos del suelo y destinarlas no sólo para construcción de vivienda sino para desarrollos turísticos y agroindustriales.


El mercado de tierras va a conducir ( ya lo es) a un desplome paulatino de la producción agropecuaria en los próximos años, a un despoblamiento de las comunidades, a una mayor concentración de la población en las zonas urbanas, con todo lo que esto implica, a un encarecimiento de los alimentos, y por supuesto a un deterioro ambiental por la afectación de los recursos naturales.


El viejo ejido que fue la base de los gobiernos surgidos del movimiento armado del diez, que representó la respuesta a los miles de los llamados sin tierra, un acto de justicia, un modelo de producción, un integrador de la familia campesina,. está en proceso de extinción, el modelo económico lo está acabando, el mercado de la tierra lo está aniquilando.


El mercado de la tierra y su aliado, el sistema económico, no sólo ataca la tierra agrícola, también lo que en ella existe, especies animales y vegetales, bosques, miles de especies de plantas medicinales, y sobre todo agua, donde siembran cemento jamás brotará el agua.




 
 

 

 
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