Mundo Rural


Hipólito Contreras


Modernos y tradicionales en conflicto


¿Son los modernizadores, los de las nuevas tecnologías y recursos, los que tienen la capacidad  de mantener el equilibrio entre la producción agropecuaria, explotación de recursos y la conservación de los mismos?


¿O serán las viejas y milenarias bases de los sistemas de producción y conservación de los recursos y la protección del ecosistema lo que tienen esa capacidad?


Aunque  los modernos no lo acepten las bases del desarrollo sustentable están en los viejos y milenarios sistemas de producción pero constantemente mejorados por los grupos de la sociedad rural.


Son por supuesto dos posiciones opuestas totalmente, dos visiones diferentes de ver el mundo, dos proyectos encontrados: el de los modernizadores que le apuestan todo a sus tecnologías, sus recursos, sus experimentos y su visión comercial de la producción, y los tradicionalistas  que han resistido cientos y miles de años en los cambios sociales y económicos, pero sin soltar sus sistemas de producción, su visión del mundo y la protección de sus recursos.


El problema está en que los modernizadores  caminan muy rápido con sus procesos de producción, agroindustriales y comercialización, pasando a traer los recursos, dicen que su propósito es abatir costos de producción y elevar los rendimientos, para eso aplican sus fórmulas de laboratorio, un ejemplo claro son  los productos genéticamente modificados, es digamos, la tecnología de nueva generación para producir alimentos pero a un alto costo para la biodiversidad.


Dirán los defensores de la modernidad que  para sobrevivir, para garantizar alimentos a la creciente demanda producto de la explosión demográfica, se requiere de la ciencia, la tecnología, de lo contrario, creen, sucumbiremos, habrá hambre en muchos millones de seres humanos.


Por supuesto que los sistemas tradicionales de producción  también mejoran, se transforman pero conservando las mismas bases, la misma  forma de ver el mundo, la misma forma de conservar los recursos como única forma de sobrevivencia.


Resulta curioso, increíble, que cuando la modernización gana terreno como consecuencia  del dominio económico de los grupos, en medio de la depredación ecológica, de la explotación campesina  al venderles insumos caros y comprarles materias primas baratas, los mismos grupos dominantes desean  y buscan los productos no industrializados, los orgánicos, por ejemplo tienen una alta demanda en el mercado porque  en su producción no se emplean productos químicos que los modernizadores comercializan a elevados precios.


Últimamente  se ha fortalecido la demanda de los llamados productos naturales, el uso directo de  hierbas medicinales para el tratamiento de diversas enfermedades y  ofrecer salud a la población. Es decir, los modernizadores  dicen que tienen tecnología para generar producción, pero al mismo tiempo optan por productos más naturales.


En las dos últimas décadas han crecido formas organizativas tradicionales como las cooperativas en ejidos y comunidades los que desarrollan proyectos como la producción de orgánicos, el manejo sustentable de bosques y selvas, el turismo eco comunitario, el cuidado del agua y la conservación de la biodiversidad a nivel local.


No hay aquí ningún dilema de optar por el sistema modernizador y depredador de los recursos, o bien  por el desarrollo de los sistemas tradicionales que tienen otra visión de organización social y conservación de la biodiversidad.


Dirán los defensores del modernismo, de la biotecnología, que no podemos vivir con los sistemas que empleaban las culturas mesoamericanas, se trata de imitar su visión del mundo y la conservación de los recursos, si ellos basaban sus vida en los elementos prioritarios para la vida, el agua y el oxígeno, hoy más que nunca se tienen que proteger, hoy y hasta el fin de las cosas y con todas las ciencias, con todo el desarrollo, necesitaremos de esos dos elementos para seguir viviendo.


Se trata pues de voltear la vista al vasto mundo rural tan golpeado y perseguido por el llamado mundo moderno que trata de aniquilarlo, se trata de llegar a un equilibrio entre sociedad y recursos, no podemos ni debemos sumirnos y perdernos en una sociedad consumista y carente de valores, no debemos perdernos en la llamada modernización sin saber que tarde o temprano sucumbiremos en la misma.


O le entramos a un equilibrio medio- sociedad, o recatamos lo valioso del pasado, o miramos hacia una sociedad más justa, equitativa y equilibrada, respetuosa  y protectora de sus recursos, o un día no lejano nos arrepentiremos de no haberlo hecho.


Que  se tienen que producir cantidades industriales de alimentos como producto de que no controlamos la reproducción humana, es verdad, no nos queda  de otra, pero  esto no quiere decir que tengamos que arrasar con los recursos, el agua, las selvas,  los bosques, los ríos, el suelo, todo ello es el sustento, el ser  humano es inteligente, puede producir sin destruir.

 

Los sistemas del pasado aún con cientos y miles de años son y seguirán vigentes, sólo hay que adaptarlos al presente. La aplicación por ejemplo de terrazas en laderas fue para las viejas culturas un forma de proteger el suelo y retener el agua, hoy y siempre  ese sistema será vigente.




 
 

 

 
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