En la sala de espera


José Luis Sánchez Solá, “El Chelis”


17/04/2012


El descenso de Estudiantes


Claro que me duele y claro que tengo que ver: sí me siento inmiscuido y siento que en su momento ni di los resultados apropiados en el pensamiento de los directivos. En este caso, para el dueño, el Sr. Antonio Leaño. Al final era él quien decidía todo.


Para marcar quién hace campeón a un equipo, sólo se ve el último semestre. Si el equipo ya venía ensamblado, no importa. Al final, es el técnico que los lleva a levantar la copa.


En el caso del descenso no tiene que ser así, son 102 juegos que te marcan y te suman para que al final te dé un resultado: te alcanzó o no te alcanzó. Después al final, se te borran los primeros dos torneos y así se van unos y llegan a escribir una nueva historia otros.


En estas cuentas de los 100 juegos, porque ya descendidos les faltan dos, los números dicen que el Sr. Herrera estuvo 40 con 43 puntos, el Sr. Acevedo 11 con 11puntos, su servidor con 21 y 20 puntos, el Sr. Salgado en dos etapas con 4 y 3 puntos, el Sr. Arias con 11 y 12 puntos, el Sr. Adarme con 2 y 1 punto y el Sr. Eugui hasta hoy con 11 y 10 puntos. Estos números sólo te marcan y sólo puedes sacar conclusiones del "hubiera". Es decir, los promedios de los tres primeros en estos 100, te "hubieran" dado al día de hoy 4 puntos más y se estaría empatado a la falta de 2 juegos el porcentaje.


Cuando un dueño cambia al técnico, en el 90 por ciento de los casos es porque sus objetivos en puntos no ve que se cumplan en la tabla, después de esta máxima, es lógico que todos los cambios, siete en total, predominó esta razón. El resultado no fue lo que el dueño esperaba y cada vez se obtuvieron menos puntos.


Primero estuve 17 juegos, un torneo, no hubo refuerzos y fue tiempo de conocer en donde estaba parado, se consiguieron 17 puntos y en mayo del 2011 me dieron la confianza de traer seis refuerzos, siempre basado en su economía y teniendo que desprendernos de Mauro Cejas para ajustar los números. Con este equipo hicimos una magnífica pre-temporada, a todos nos dejó muy satisfechos y sabíamos que teníamos que estar muy juntos en la misma idea. El equipo se veía muy bien, empezamos con una derrota 1-2 en casa vs Toluca, después en San Luis con decisiones malas del árbitro, al minuto 92 marca penal y perdemos 1-2. En ese juego el 2-0 a nuestro favor se fue por fallar un penal. El tercero le andamos al América en el Azteca a media semana y el cuarto el Tigres nos dio un baile en nuestra casa y nos ganó 0-1.


En el armado y proceso de hacer el equipo, siempre le dije al dueño que era un equipo muy fácil, muy adaptable y que cualquier técnico lo podía dirigir. Después de agosto del 2011 me pregunto por qué después de darme la confianza de armar un equipo para un año y jugar el descenso, porque de la noche a la mañana dejaron de tenerme confianza y quizá, como hipótesis, fue ese pensamiento que les trasmití. El caso que después de 28 juegos que ya no estuve, sólo se han hecho 26 puntos. En este ultimo lapso sale Hércules Gómez, mi central Lucas Bovaglio y el Ruso Zamogilny y llegan Barreiro, Galindo, los dos Castros y Gutiérrez. También en este último periodo se da la supuesta compra del equipo con el Sr.Morales y después la integración de un nuevo socio con el Sr.Ibarra, creando una incertidumbre total de cara al plantel.


Después de todo esto, claro que tengo responsabilidad en números como del 20 por ciento, en decisiones que tuve que tomar en mi momento, del 100 por ciento. Lo que otros, supuestamente involucrados en mi forma de pensar, opinen, me tiene sin cuidado. Cada quién tendrá que hacer un examen de consciencia y ver en qué falló.


Por último, a mis detractores de siempre y que de alguna forma comieron de mi mano durante mi estancia de casi cinco años en el Puebla FC y que desde que deje, yo lo deje, mi cargo de técnico del equipo de La Franja, no han parado de inventar una y mil situaciones, perdiendo la poca credibilidad que tenían y pidiendo mi ejecución a ligazos por este descenso, sólo les digo que tema les seguiré dando y que no tarda el día que volverán a comer de mi mano.

 

Aquel que siempre habló mal de mi, que nunca le gusté, que nunca me aduló, que nunca me invitó a su mesa y nunca quiso sentarse a la mía y que hoy, confirma su pensar, a ese, mis respetos por siempre.

 

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