En la sala de espera


José Luis Sánchez Solá, “El Chelis”


04/06/2012


Del cielo al infierno


Qué buen momento está pasando el futbol mexicano en el plano deportivo, señal inequívoca de que en este país, lo que sobra, es materia prima. Los dueños de la pelota se percataron que si invertían en la formación de jugadores, al final de un proceso no mayor a seis años, podían reducir costos en la compra de los mismos. Siempre han existido equipos que impulsaban esta formación; hoy en día, por convencimiento o por obligación de la liga (el torneo de la Sub 17 y Sub 20 es obligatoria la participación), todos los equipos de Primera División y varios de la División de Ascenso, cuentan con Fuerzas Básicas. Los resultados a partir del campeonato Sub 17 que se ganó a nivel mundial, han sido muy buenos.


México aún está lejos de ser un país exportador de piernas, pero la apertura de muchos nuevos mercados en el mundo ha favorecido que cada día salgan más jugadores a otros torneos. Luego, en las competencias mundiales, nuestros representativos se muestran con mucha idea y con mucha fortaleza mental. Al final se gana y se pierde, pero es evidente el gran avance que se tiene.


La selección mayor, la olímpica, la Sub 20 y la Sub 17, se han ganado un prestigio. El gran negocio monetario, que eso sí, hace muchos años se venía dando como objetivo único,


tiene a nuestro representativo en primeros lugares en captación de dólares, hoy en día se volvió redondo: se sigue ganando muchos millones, se ganan títulos y se demuestra que el tema deportivo no está peleado con el tema económico. Ganan las selecciones, se ganan dólares, ganan los equipos dueños de los jugadores, ganan los jugadores y gana la afición, que al fin, ven a su México levantando trofeos.


El próximo lunes se anuncia la nueva liga, el nuevo torneo de copa, una nueva Comisión de Arbitraje y Comisión de Sanciones. Diez equipos contrataron técnico nuevo, gente importante como Hugo Sánchez, Lavolpe, Romano, Trejo y el equipo de holandeses en Chivas, presagian una liga muy competida. Todo lo anterior sumado a las contrataciones fuertes que todos los equipos están logrando. Todo excelente, de primer mundo futbolístico… lo más parecido al cielo del deporte. No hay felicidad completa y al darle la vuelta a la página, nos topamos con el tema que sigue: draft o mercado de transferencias del futbol mexicano.


Todo lo anterior positivo, se vuelve negativo con estos dos días trágicos. En 48 horas se define el futuro de lo más importante de este negocio-juego-espectáculo: los jugadores.


Todos los encargados de pantalón largo, que representan a los 33 equipos de las dos categorías, entre risas, cafés, comidas y cenas, chistes, abrazos y besos de Judas, mentiras para vender y lágrimas para comprar, definirán el futuro de cerca de 800 profesionales, a sabiendas que el 15 por ciento de ellos se quedara sin equipo. Las reglas son unilaterales, sólo tienen una dirección y sólo las manejan y definen los directivos. Si el jugador está en una plaza como Tijuana, sólo como ejemplo, y el señor de Mérida te quiere en su plantel, se firma un recibo llamado papeleta, obvio, con un costo a favor de la FMF y a la brevedad posible, tienes que empacar tus pertenencias, la familia y ubicarte en la blanca Mérida. Si te opones porque así lo dictan tus interese, el Sr. Tijuana, para empezar se enoja porque fuiste un obstáculo para realizar su negocio y después, también, unilateralmente, te pone el salario que desea o, por último, te quedas sin jugar y la ley del trabajo, en el caso del futbol no te protege.


El desenlace de esta situación no para ahí. El dirigente que tuvo el poder por 48 horas, hizo equipos sin preguntar a los integrantes y éstos toman el poder por las próximas 17 semanas y decidirán en sus resultados, si estuvieron de acuerdo o no, en pertenecer a “equis” plantel.


Llevo asistiendo a los últimos 12 mercados de piernas y la finalidad y glamour que tenían ha desaparecido. Este acontecimiento perdió el espíritu por el que fue creado: quitar intermediarios y darle oportunidad a los mas débiles de reforzarse y poder competir en casi igualdad de fuerzas. Hoy en día existen dos aduanas para entrar: la primera en la calle, en las afueras del hotel, que esos dos días, de local público (un hotel cualquiera ), se vuelve en privado y sólo pueden entrar no más de 10 elementos por equipo y todos los representantes y promotores habidos y por haber de nuestro futbol, sin importar su nacionalidad. También pueden entrar a esta antesala, a este lobby, los principales periodistas del medio: los vetados y criticones se quedan en la banqueta. Después existe un salón grande, que tiene 18 mesas de 10 sillas, una por equipo y a ese lugar sólo los integrantes de las comitivas de los equipos. Luego, si tienes que ver a tal o a cual representante, sales del salón y ves al que quieras. Bueno, hasta este momento todo parece normal y organizado. Pues no, en la calle, a pleno rayo de sol, todos los periodistas de menor calibre, a las vivas de levantar algunas palabras banqueteras de los protagonistas y en un lugar mas atrás, en la cera de enfrente, una treintena de jugadores esperando ser vistos por alguien, llámese directivo, técnico, representante o periodista, implorando se acuerden de él, en sus formaciones viscerales y sobre las rodillas de los equipos.


Todo esto forma un cuadro patético y carente de los principios humanos más básicos. Se juega con trayectorias y con vidas deportivas. La incertidumbre se hace una constante, que minuto a minuto, antes de cumplir las 48 horas del evento, son insufribles. Después, a manera de piedad y a falta de tres horas, en grupos de cinco jugadores y en atención a la comisión del jugador, los dejan pasar al gran salón, solo 15 minutos por grupo y de esta manera llegar a la mesa de los que en ese momento son los dueños de la pelota, los que dan chance y definen futuros deportivos y familiares. Una vez terminado, gracias a Dios, la pelota pasara a sus manos y ellos decidirán el futuro de los que esos días no se asolearon y pusieron cara de piedra, cuando alguien les pidió una oportunidad. Ante todo esto, las consecuencias y los resultados, no pueden ser buenos y se hacen fracturas y heridas difíciles de sanar.

 

¿Por qué si se viene muy bien, en el camino de la superación y el éxito deportivo, se tiene que caer en este sistema de transferencia, tan alejado a una equidad entre dueños y trabajadores?


Yo voy a ir. Mis nuevos directivos no entendieron mi pensar. En el ultimo draft me quede en la zona más alejada de las instalaciones, en un rinconcito con André Marín. Ahora estaré en Cancún, en otro hotel, con teléfonos y computadora a la mano, listones si me quieren consultar algún movimiento. Lo siento por no poder saludar a tres o cuatro amigos del medio, pero evitaré muchos saludos políticos y fingidos y mi espalda no recibirá ninguna puñalada trapera. Llegare cuando el sol apenas se pone y me retirare de la mano de la obscuridad. A nadie le miento la madre y evito que nadie me la miente. Después, en algún otro marco, podremos cruzar espadas.

 



 
 

 

 
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