SEROTONINA PURA


Javier Palou


ALLENDE


Amar la vida resulta de la pasión por transformar el mundo
y convertirlo en una provincia del hombre”
Patricio Rivas


Para los miles de chilenos exiliados y sus hijos y los hijos de estos


Sabiéndose muerto el 11 de septiembre de 1973 logró pronunciar con una enorme serenidad su último discurso, su despedida: “Sólo me queda decirle a los trabajadores yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico pagaré con mi vida la lealtad del pueblo y les digo que tengo la certeza  que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser cegada definitivamente, tienen la fuerza podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos. Trabajadores de mi patria quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron,  la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia y empeñó su palabra de que respetaría la constitución y la ley y así lo hizo…


Yo les digo a ustedes compañeros, compañeros de tantos años, se los digo con calma, con absoluta tranquilidad: Yo no tengo pasta de apóstol, ni pasta de Mesías… No tengo condiciones de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea, la tarea que el pueblo me ha dado, pero que lo entiendan aquellos que quieren desconocer la historia  y desconocer a la voluntad mayoritaria de Chile. Sin tener carne de mártir no daré un paso atrás y que lo sepan: dejaré la moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera. No tengo otra alternativa, sólo acribillándome a balazos podrán impedir cumplir el programa.


Continúa el relato del trágico 11 de septiembre: “… Me dirijo sobre todo a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de su preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los que hace días estuvieron trabajando contra la sedición, me dirijo a la juventud, aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha, me dirijo al hombre de chile al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que se serán perseguidos porque nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo los oleoductos y gaseoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de defenderlos, la historia los juzgará. Seguramente radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa: me seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes, por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.


Aquél 11 de septiembre de 1973, asesinaron a Allende y a miles de jóvenes, hombres y mujeres chilenos, una sociedad atemorizada veía como durante los siguientes días, meses, años, desaparecían, torturaban y asesinaban a sus hijos, una sociedad que sigue sin entender 34 años después cómo Pinochet pudo hacer lo que hizo. El tirano  murió a los 91 años sin que la justicia pudiera condenarlo por los miles de crímenes. Millones de exiliados chilenos gritan hoy; un poema de Mario Benedetti aliviados por la muerte del dictador.


OBITUARIO CON HURRAS


Vamos a festejarlo, vengan todos los inocentes, los damnificados, los que gritan de noche, los que sufren de día, los que sufren el cuerpo, los que alojan fantasmas, los que pisan descalzos, los que blasfeman y arden, los pobres congelados, los que quieren a alguien, los que nunca se olvidan.


Vamos a festejarlo, vengan todos, el crápula se ha muerto, se acabó el alma negra, el ladrón, el cochino, se acabó para siempre.


¡ Hurra !, que vengan todos, vamos a festejarlo, a no decir la muerte siempre lo borra todo, todo lo purifica, cualquier día.


La muerte no borra nada, quedan siempre las cicatrices.


¡ Hurra ! que murió el cretino, vamos a festejarlo, a no llorar de vicio, que lloren sus iguales, y se traguen sus lágrimas.


Se acabó el monstruo prócer, se acabó para siempre, vamos a festejarlo, a no ponernos tibios, a no creer que éste es un muerto cualquiera.


Vamos a festejarlo, a no volvernos flojos, a no olvidar que éste es un muerto de mierda. 

 

Allende Vive, y Vive con la cara en alto, la dignidad, la honradez, la inteligencia, el humanismo, y la valentía son las verdaderas armas para poder ganar la batalla al fascismo.

 



 
 

 

 
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