SIN RODEOS


Marcela Jiménez Avendaño

03/02/2011


Y DE CÓMO UN MAL DISCURSO PUEDE ECHAR TODO A PERDER


YEl de antier fue un acto colosal, no por la cantidad de gente sino por el tipo de personajes que llegaron a Puebla para arropar a su nuevo gobernador: Secretarios Federales, Gobernadores, Senadores, Diputados, Presidentes de Partidos, destacados miembros de la comunidad académica, empresarial, religiosa y civil, tanto nacional como local, que entre otros se dieron cita a la toma de protesta de Rafael Moreno Valle.

 

Hasta ahí todo perfecto. El único detalle es que, a partir de un mal discurso, se perdió la oportunidad de lucir como estadista más que como administrador; como hombre de Estado más que como candidato aún en campaña; como político de corte nacional más que como economista de tinte local. Y todo ello por culpa de un simple discurso.

 

Para quienes damos valor a las palabras y más bajo el contexto bajo el cual fueron pronunciadas, el mensaje de Rafael Moreno dejó muchísimo que desear e, insisto, no porque fuera malo en sí, sino porque careció de estrategia, de mensaje y de fondo.

 

Pero analicémoslo con cuidado, si se tenía un foro como el antes descrito, si se contaba con la presencia de medios de comunicación nacional, si se preparó el escenario perfecto para un lucimiento personal brutal, no es explicable se dejara pasar la oportunidad de sorprender al auditorio allí reunido y a los millones de mexicanos que podrían haberlo atestiguado a partir de las crónicas y notas de los medios.  Lo cierto es que quien o quienes diseñaron el mensaje de toma de posesión no lo planificaron bajo un esquema estratégico, programático y de largo alcance.

 

Qué diferencia habría sido que junto con los nueve párrafos de agradecimiento personalizado a los invitados asistentes, se hubiese hecho mención de la importancia de la unidad del trabajo conjunto de todas las fuerzas políticas y hombres de poder, resaltando que son más las coincidencias que las divergencias con las cuales se pueden colaborar; de lo prioritario que se ha vuelto el generar un nuevo andamiaje institucional –no solo administrativo- acorde a los tiempos que se viven en Puebla y en el país; de la gran responsabilidad que hoy tienen todos los políticos y, en especial, aquellos que como él ostentan un cargo público; de lo importante que es dotar de mayor calidad a la democracia mexicana deteniendo el paso de deterioro de los partidos políticos y de las instituciones electorales; de lo urgente que se hace un auténtico diálogo nacional que provoque la instauración de las mejores políticas públicas que atiendan los graves rezagos que vive el país –no solo Puebla como se mencionó-; de la necesidad de atacar la impunidad, la corrupción y la falta de rendición de cuentas en todos los ámbitos, sectores y niveles para de ahí sí, hablar de que en su gobierno no habrá persecuciones pero tampoco encubrimientos, es decir se pasaría de la idea de revanchismo a un auténtico compromiso con la transparencia, la justicia y el Estado de Derecho.

 

En fin, se podría haber hecho un mucho mejor posicionamiento aprovechando el nivel y capacidad de generación de pinión pública de los invitados, quienes en el mejor de los casos solo resaltaron la convocatoria de Moreno Valle. 

 

Y ello, no es culpa absoluta del nuevo gobernador, sino de aquellos encargados de diseñar las líneas discursivas sobre las cuales lo lanzaron al juego de las grandes ligas. Todo inicio define el final, de manera que esperemos que entre sus

 

strategas aprendan a aprovechar tiempo y oportunidad porque, lo cierto es que, en este evento perdieron una muy muy muy grande.

 

Y solo por dar un ejemplo de la importancia de un discurso político menciono algunos que, incluso, cambiaron la historia: John F. Kennedy en Berlin en 1963, Martin Luther King y aquel “yo tengo un sueño”; Perón y su discurso en la plaza de mayo; el Che Guevara y su discurso a los pueblos del mundo; Adolf Hitler y su discurso a la juventud.  Como sea, ejemplos hay montones, pero la constante en todos ellos es su sentido estratégico y la empatía que producen con el público a quién es dirigido, pero esto último amerita de otro artículo porque además el de Moreno Valle careció de personalismos que provocaran una identificación no solo con el público ahí presente sino con quienes lo vieron, escucharon o leyeron en los medios.

 

Pero en tanto, nos leemos la próxima semana.   

 

 



 
 

 

 
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