SIN RODEOS


Marcela Jiménez Avendaño

24/09/2010


NUNCA HE ROBADO, DENME UNA OPORTUNIDAD


Esta frase pareciera un chiste pero no lo es.  Refleja en mucho la concepción que se tiene del papel de un político o de un gobierno, y me viene a la mente en momentos en que en mi partido, el PRI, se alienta una lucha entre muchos por sus espacios de dirección.

 

No es cuestión menor la crisis que se vive en este partido, agudizada tras la pasada derrota electoral  en que perdió la gubernatura y numerosas posiciones de importancia. Y argumento que no es cuestión menor si consideramos que la democracia descansa en los partidos políticos, por lo tanto, su relación de fortaleza y debilidad están intrínsecamente relacionados.

 

Hoy, tenemos que un montón de priístas buscan hacerse de su dirigencia sin mediar de por medio un proyecto de reforma que lleve al partido por un camino contrario al andado, y con ello no estoy menospreciando sus aspiraciones, al contrario, considero que todos y cada uno de ellos tienen diversas fortalezas que los llevaría a hacer un buen papel.  Yo creo que todos somos buenos y malos, la división artificial de unos  buenos y otros malos no responde a la realidad, lo cierto es que lo que hay que plantear es un trabajo conjunto bajo un objetivo común.

 

Estos 80 aspirantes, más los que se sumen, deben tener en claro que hoy en día, no existe una figura al interior del PRI que pueda, por si sola, convocar a todos los grupos y unificarlos en función de su aspiración, sin embargo, esto podría ser posible si se invita con base en un proyecto común que asegure pluralidad, inclusión y transparencia.

 

En estos momentos, si se continúa priorizando el cargo antes que el proyecto, lo único que se logrará es una mayor división al interior del partido, asegurando con ello que el grupo dominante se haga del mismo.

 

Pero antes de llegar a la propuesta se tendría que hacer un ejercicio de autodiagnóstico, y en un ánimo de no lastimar a nadie, podríamos basarnos en la problemática que presentan la mayoría de los partidos políticos, especialmente los derrotados:  prácticas antidemocráticas al interior y hacia afuera; escándalos de corrupción; falta de ética en el ejercicio del poder público; incapacidad tpara gobernar y resolver las necesidades primordiales de la población; abuso del clientelismo; resistencia a la fiscalización y a la rendición de cuentas; partidocracia que avasalla los derechos del resto de los militantes y de los ciudadanos; toma de decisiones internas y de gobierno eminentemente cupulares; excesiva burocratización, entre otras.

 

Todo lo anterior me lleva a aquella Tercera Vía inspirada en la experiencia gubernamental del partido holandés Dutch Partij van de Arbeid y que haría suya el partido laborista inglés. Esta Tercera Vía que se manejó tanto en el plano ideológico como político y económico, ya que nace a partir del debate sobre cuáles serían las ideas que reemplazarían los planteamientos tradicionales liberal y socialdemócrata, así como de establecer un puente entre los modelos económicos americano y europeo, bien podría ser tomada en sus objetivos iniciales para la creación de un programa de auténtica renovación del PRI poblano, y me explico:

• Según algunos autores, la Tercera Vía, fue una forma de definir lo que no estaba definido y parte de la premisa de que se trabaja sobre un mundo en donde no hay enemigos a vencer sino problemas a resolver.

Es así que tendríamos que escoger si somos parte del problema o parte de la solución.  No es como se ha dicho, el establecimiento de grupos antizavalistas, la cuestión de fondo es que López Zavala es visto por la mayoría como parte del problema y no de la solución, el reto a lograr es que el resto de los aspirantes a dirigir el partido no se conviertan en exactamente lo mismo.

 

Nos quejamos de las viejas y malas prácticas empleadas por el actual grupo dirigente pero ¿quién y cómo los va a sustituir?. Criticar desde un escritorio, desde la cómoda sala de una casa o en un restaurante es extremadamente fácil.  Yo les invito a que se metan verdaderamente a jugar en la cancha, eso es más constructivo, trabajando por nuestros ideales y por los intereses de los ciudadanos, todos nosotros tenemos una responsabilidad: el compromiso con la democracia y la mejora de nuestro estado.

 

Demostremos que la tolerancia y la inclusión ante posiciones autoritarias nos permiten encontrar el punto medio del beneficio de la pluralidad: Todos podemos ganar. El liderazgo es mucho más que una persona, es un proceso que debe ser compartido.

 

Pero en tanto logramos todo lo anterior…..nos leemos la próxima semana…..

 



 
 

 

 
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