SIN RODEOS


Marcela Jiménez Avendaño

18/03/2010


LA CONTINUIDAD DE UN GRUPO HEGEMÓNICO O DE UN CACICAZGO


Hace tan solo unas semanas, un buen amigo me compartió esta reflexión: este mundo es una especie de reformatorio en el que coinciden numerosas almas en busca de la perfección, almas que retornan bajo el objetivo de ser mejores porque no lo han logrado en otras vidas. El caso es que, viéndolo así, estamos rodeados de pura mala gente, incluyéndonos por supuesto, pero eso sí clasificados por el grado de maldad imperante en cada uno de nosotros.


Esta idea la traigo a colación porque, día con día, nuestros políticos nos defraudan cada vez más y como ya no podemos echarle la culpa a su filiación política, TODOS han demostrado estar cortados con la misma tijera, alguna justificación habríamos de encontrar.


Regresando entonces a la reflexión inicial, podríamos decir que en esta actividad, la política, es en donde convergen las peores almas.  Ojala fuera así de fácil explicar la actuación de nuestra clase gobernante, pero lamentablemente no lo es.


Hoy presenciamos, a la luz de los procesos electorales que se avecinan, dos eventos casi inéditos que involucran a todos los partidos y que están íntimamente vinculados. Por un lado, aquella máxima de “gobernador no pone gobernador” ha sido desechada; y por el otro, el establecimiento de alianzas interpartidistas de ideologías antagónicas que antaño parecieran imposibles generadas bajo el argumento de abolir los caciquismos priìstas.


“Gobernador no pone gobernador” era una práctica sana aplicada en el régimen priísta que buscaba entre otras cosas, impulsar nuevos liderazgos, incluir otros grupos, darle movilidad a la clase política, aunque también estamos ciertos que bajo este esquema no se logró erradicar cacicazgos locales, aunque si limitarlos.


Las cosas han cambiado, estamos presenciando en México una nueva etapa en que los gobernadores son increíblemente poderosos y pueden darse el lujo de abolir aquella máxima impulsando personajes cercanos y comprometidos con su proyecto.  En los años venideros veremos que tan bueno o malo fue este cambio.


Ahora bien, con respecto a la justificación que pretender dar los impulsores de las alianzas PAN-PRD, habría que aclarar que existe una gran diferencia entre caciquismo y grupo político hegemónico, el primero destruye los procesos democráticos para mantenerse en el poder mientras el segundo aprovecha las reglas democráticas para ratificarse en la supremacía política. Este es el caso de Puebla y su gobernador, quien al igual que el resto de los Ejecutivos locales, ha  impulsado a su grupo político con la finalidad de, valga la redundancia, hacer política por, al menos, un sexenio más.


Ante la pregunta ¿perjudica a México que existan grupos hegemónicos en los estados?, la respuesta es NO, al contrario estos pueden impulsar el desarrollo local, siempre y cuando se cuide y vigile no se conviertan en cacicazgos, y vuelvo a insistir, la diferencia entre uno y otro es el aprovechamiento o destrucción de la democracia.

 

Pero, ante estos dos nuevos posicionamientos, serán los ciudadanos quienes tengan la última palabra, en tanto nos leemos la próxima semana…..

 



 
 

 

 
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