SIN RODEOS


Marcela Jiménez Avendaño

22/10/2009


LOS TERRENOS FANGOSOS DEL PRI


En medio de la guerra de encuestas referentes a la sucesión gubernamental que viviremos en Puebla en julio del 2010, un dato es consistente y se refiere a la preferencia por partido.  Allí el PRI es indudable puntero frente al PAN, es más, incluso la suma de porcentajes a favor de ese partido junto con los del PRD no alcanzan, hoy día, para ganarle al Revolucionario Institucional. Las razones apuntan a la percepción negativa sobre el desempeño nacional de ambos partidos. 

 

Mientras el desprestigio del panismo parte de las erráticas políticas del Gobierno Federal que, ojo, no significan bajo apoyo a la figura presidencial sino a los resultados de su Administración; al PRD le toca cargar con una imagen negativa de división, violencia y rijosidad, aunque habría que esperar si logra mayor apoyo popular dado su posicionamiento en contra del incremento de los impuestos y a favor de los trabajadores de LyFC.  En resumidas cuentas, esto significa que la gente percibe que tanto el PAN como el PRD no representan una oferta de gobierno aceptable.

 

Es más, si este asunto se ventilara en Las Vegas las apuestas estarían, hoy por hoy, a favor del PRI en una relación de 3 a 1, sin embargo, existen indicadores de que esta fuerza priista pueda tambalearse si no mantiene la unidad y el prestigio de sus aspirantes durante el proceso de selección de candidaturas.

 

Para nadie es aventurado decir que el PRI puede ganar la próxima elección con cualquiera de sus cuadros mejor posicionados, pero si la desunión al interior de sus filas se generaliza podría perder con cualquiera de ellos. Por ello, parece  oportuno el llamado que recién hiciera el gobernador Mario Marín a todos los suspirantes tricolores para que cuiden las formas y le bajen a la confrontación pre-electoral.

 

Sin embargo, de hacer caso omiso a ese llamado, el descarrilamiento de su proceso es inminente. Y si a ello sumamos que situaciones desesperadas, por lo general, llevan a acciones desesperadas, podemos augurar un proceso harto complicado.

 

En la guerra por el poder, en casi todas las naciones y épocas, hemos sido testigos de la eliminación del enemigo por vías poco ortodoxas, pero también hemos visto como la generación de acuerdos y de reparto de poder han sido más exitosas y permanentes.

 

Y por poner un ejemplo, hace relativamente poco fuimos testigos de cómo se volvieron a encontrar en la conducción de gobierno en los Estados Unidos, después de los enfrentamientos en las primarias demócratas, Barak Obama y su contrincante Hilary Clinton.

 

La verdad es que tal encuentro se antoja imposible en México, menos aún en Puebla. Aquí somos portadores de una cultura depredadora: “si gano, te aniquilo y si me ganas, me aniquilas”, que sería la forma burda del Ganar - Perder.  Ese parece el acuerdo soterrado de la política mexicana, más cercana a un corrido de galleros que a hombres que conducen las instituciones democráticas del país.

 

Todo esto nos lleva a la reflexión de que el PRI en Puebla se adentra, cada vez más, en una zona peligrosa que pudiera derivar en el descarrilamiento de su proceso interno.  En tanto se sigan generalizando las acusaciones de unos contra otros, y se continúe promoviendo el establecimiento de estructuras por fuera de ese partido y cuyos integrantes no sean del todo afines a la causa priísta y de donde, incluso, podrían partir iniciativas irresponsables de violencia hacia el proceso, el escenario de triunfo se aleja a pasos agigantados.

 

Estamos ante un futuro determinado por los extremos. No es tiempo para que los principales actores priístas de la próxima elección empiecen a afiebrarse estando tanto en juego.  El éxito dependerá de que quien dirija el proceso mantenga la equidad y legitimidad del mismo allegándose de todas las herramientas posibles y, por supuesto, de la mesura de los aspirantes más fuertes.

 

Sin embargo, en tanto son peras o manzanas, le deseo felices nuevos impuestos y  nos leemos la próxima semana…………

 



 
 

 

 
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