Sociedad abierta


Violeta Lagunes


12/10/2010


Igualdad laboral


Hoy es Día de la Raza y también mi cumpleaños. Cumplo 39 años, en los que jamás he visto un trato de igualdad entre hombres y mujeres, a pesar de lo que presumen los gobiernos y algunos líderes sociales. Este problema no sólo afecta a México, sino a la comunidad internacional.


Por citar un ejemplo, en su más reciente informe, titulado Las mujeres en el mercado de trabajo: medir el progreso e identificar los desafíos”, la Organización Internacional del Trabajo señala tres áreas en las que persisten desequilibrios en materia de igualdad de género en el mundo del trabajo.


Primero, casi la mitad (48.4 por ciento) de la población femenina con más de 15 años permanece económicamente inactiva, comparado con el 22.3 por ciento de los hombres. En algunas regiones todavía hay menos de cuatro mujeres económicamente activas por cada diez hombres activos. Segundo, las mujeres que quieren trabajar tienen más dificultades que los hombres a la hora de encontrar trabajo. Tercero, cuando las mujeres encuentran trabajo, reciben menores salarios y beneficios que los hombres en posiciones similares.


En nuestro estado de Puebla, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (INEGI) del año próximo pasado, habían 2 millones 162 mil 268 (53.8 por ciento) mujeres en edad de trabajar, de las cuales sólo 924 mil 541 tenían una ocupación económica, pero no todas tenían un empleo remunerado. Explico: las trabajadoras asalariadas eran 481 mil 375, y las mujeres empresarias 10 mil 907; sin embargo, había 169 mil 285 empleadas sin remuneración económica. Respecto a la tabulación de los salarios, los datos no son mejores: sólo 43 mil 295 poblanas percibían más de cinco salarios mínimos; 81 mil 316 recibían entre tres y cinco salarios mínimos; 109 mil 535 tenían un pago de entre dos y tres salarios mínimos; 253 mil 590 percibían entre uno y dos salarios mínimos; y, finalmente, 238 mil 10 recibían hasta un salario mínimo por sus servicios, cifras que están por debajo de la remuneración que reciben los hombres por el mismo trabajo desempeñado.


Muchos instrumentos se han diseñado por los gobiernos municipales, estatales y federales para aumentar el número de mujeres con un empleo remunerado y para mejorar sus prestaciones laborales; empero, de nada sirve el presupuesto ejercido para tal efecto ni la aprobación de leyes, reglamentos y normas oficiales si como sociedad no somos capaces de fomentar una cultura de no discriminación por cuestión de género. De esta forma, poco sirve que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social proponga políticas para combatir la desigualdad laboral entre hombres y mujeres, como la Norma Mexicana para la Igualdad Laboral entre Mujeres y Hombres, de aplicación voluntaria, si a poco más de un año de su entrada en vigor ninguna empresa pública o privada en Puebla se ha certificado.


Estos son los datos oficiales; imaginen ahora aquellos empleos de los que no se tiene una información oficial adecuada, entre ellos los que provienen de la delincuencia organizada, como la explotación sexual a la que son sometidas muchas mujeres, a veces por sus propios padres o por sus parejas, o las que son discriminadas por estar embarazadas o tener hijos, o por ser mayores de 35 años, o no tener “excelente presentación” según el criterio de la empresa.


Asimismo, aun cuando existe una iniciativa de reforma laboral en la que se pretende sancionar este tipo de conductas discriminatorias y delictivas y mejorar las condiciones laborales de las mujeres, muchos de nuestros líderes sindicales están bloqueando esta iniciativa porque les incomodan las modificaciones planteadas en materia sindical, demostrando que obedecen más a sus intereses personales que a los de los trabajadores a los que representan.


Ojalá que el nuevo gobierno ciudadano pueda revertir los datos que hemos comentado, ojalá que Puebla sea capaz de respetar el principio de igualdad que consiste en “tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales” para equilibrar las condiciones de vida de todos.

 

Finalmente todos sabemos que ayudar a una mujer es apoyar a la familia y que, a diferencia de los hombres, cada peso que gana una mujer lo destina al bienestar de su familia. Aportemos cada uno de nosotros desde nuestras trincheras nuestro granito de arena… Puebla y las poblanas lo merecen.

 



 
 

 

 
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