El Sonido y la Furia


Gerardo Oviedo


TEORÍA UNIVERSAL DEL NO BASTA


a Jaime Avilés


¿Cómo conjuntar eventos históricos en distintos tiempos y lugares para que confluyan en la Teoría Universal del No Basta? Primera tesis para los que están enterados: El mundo busca milagros. Y esto se deduce desde lo acontecido a un vendedor de celulares, feo, gordo y sin un pedazo de diente llamado Paul Potts, que llegó un día a un programa de concurso en Inglaterra y dijo que sólo quería cantar ópera, donde millones de visitas se sucedieron en el portal electrónico de youtube y que le otorgaron, a esos escasos 4 minutos, el carácter de leyenda al ganar el concurso alguien por el que no se daba un peso. 2) También el mundo busca cambios, como lo que está sucediendo en estos momentos en Estados Unidos con el candidato demócrata Barack Obama que ha levantado a amplios sectores norteamericanos (y mundiales) en torno a su candidatura, sobre todo jóvenes, que antes no se interesaban en política porque “no había nada que hacer” o “porque parecía que todo estaba ya dicho” y que el discurso de Obama ha resultado por encima de lo convencional  —en el principio fue el verbo— y a pesar de la guerra sucia emprendida contra el senador de Illinois, donde se publicó recientemente una foto de él vestido de un traje típico somalí argumentando que si pertenece al mundo musulmán sería un sacrilegio ser el candidato a ocupar la Casa Blanca., su popularidad va en aumento y puede ser el próximo presidente de EU aunque la guerra sucias se dan en todos los perfiles (como el de Hillary o el de Felipillo) cuando faltan los argumentos y sobran los intereses la oscuridad ensombrece a la luz. 3) Por otro lado, el mundo sigue pelando contra los mismos demonios, como en España, donde la ultraderecha se pelea con la izquierda y ambos apoyan a sus empresas por igual, como Repsol o a la monarquía vociferante y autoritaria (recordemos de paso que José María Aznar se inmiscuyó aquí en México en la campaña presidencial del año 2006, por lo que sin pena alguna se puede imprecar de modo análogo: ¡Por el bien de España espero que no gane Mariano Rajoy, entusiasta ultraderechista del Partido Popular Español y entenado político del propio Aznar y si pierde, como todos esperamos que lo haga, el mundo le agradecerá al pueblo español su inteligencia y compromiso con la justicia —aunque Zapatero no sea la mejor opción, está muy por encima de Mariano Rajoy!). 4) Además, el mundo busca esperanza, como lo que se vio antes, durante y después del fraude electoral en México encarnada en la figura de Andrés Manuel López Obrador. Y el estado de felicidad al que aspiramos todos: Un mundo justo, equitativo y lúcido. Pero que se enfrenta contra los intereses de la aristocracia política de izquierdas y de derechas (como se vio después de lo sucedido el domingo pasado frente a la torre de Pemex y las agresiones a Javier González Garza y a Carlos Navarrete) y donde en breve la ley Gestapo hará la vida de cuadritos y barrotes a todo aquel que se presuma culpable o inocente. Donde la esperanza sólo queda como una utopía parlante aunque se busquen personajes extraordinarios que encarnen estos tópicos. Pero con el mundo rodando como rueda, milagros, cambios y esperanza no bastan. Porque el mundo es una naranja llena de gajos que es devorada por los gusanos. EXTRA: No faltes a los talleres de la casa del Escritor. Tu servidor imparte un taller de novela que inicia este lunes a las 5 p. m. Ahí te espero. 5 oriente número 201, Centro Histórico.

 

TODA LA RABIA DEL MUNDO

 

“Es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad”
Proverbio árabe

 

PARTE 34

 

84.
La tercera cita que tuve con Karla fue cuatro semanas después que nos conocimos. No fue en persona, sino con un cursi arreglo floral, una caja de chocolates y una tarjetita de agradecimiento que envió a mi casa. La tarjeta venía impresa con el nombre de la florería New Flowers On The Road y un “Gracias” con letras multicolores. A mano estaba escrito en plumón rosa con faltas de ortografía lo siguiente: “Grax x haverme echo abrir los ojos. Tienes muchísima rasón, solo se sufre x gusto.”   El arreglo lo dejé sobre la mesa del comedor para que lo vieran las pirañas de mi familia y les diera envidia (ya que éste era el primer arreglo florar que había recibido en mi vida y era justo y necesario presumirlo por toda la casa, pero poco me duró el gusto, ya que al enterarse que no eran para las pirañas, las flores fueron arrinconadas debajo del fregadero de la cocina, entonces empezó una batalla campal donde ellas las escondían y yo las buscaba hasta que terminaron deshojadas y pisoteadas. Mi último intento fue sacarlas del bote de basura y poner el ramo deshecho sobre la tele, para que vieran que esas ramas ya secas y deshojadas habían sido enviadas para mí pero, después de ese acto heroico de mis flores marchitas, ya no las volví a ver jamás por ningún lado). Los chocolates por el contrario me los fui a comer como un roedor a mi cuarto sin compartirlos con nadie. La tarjetita la acomodé sobre el escritorio y de vez en cuando le echaba una ojeada de incredulidad. Para ese entonces yo ya me había hecho a la idea que jamás volvería a ver a la chava del auto deportivo. Y que Goliath me insistía en que fuera a la plaza Bevhalstia para buscarla. Insistía diciéndome que yo tenía suficientes datos como para dar con ella: Trabaja en una constructora que hizo la plaza Bevhalstia. Sólo tienes que averiguar donde está esa empresa e invitarla a salir, al fin dices que anda en broncas con su wey, ¡que esperas, manito! Además ya sabes que cuando estamos en esa situación de decepción, nosotras somos mucho más vulnerables y podemos caer más fácil en la redes de cualquier patán. ¡Pero si tú nunca has caído, pendejo!, le respondí a Goliath de inmediato. ¡Claro que no, Dios me libre!, dijo mientras se santiguaba burlonamente. Luego agregó: Pero allá tú y tu mala cabeza, lo que si te digo es que un deportivo jamás se desperdicia así de esa manera y además, a ver si así con esta chava puedes olvidar por fin a esa loca revoltosa que te dejó inválido el corazón, manito. ¡Inválidos mis webos!, rezongué para que dejara de fastidiarme con el mismo tema desde hacía muchísimo tiempo, desde que Sofía se había marchado de mi vida, pero Goliath fue mucho más rápido que yo: ¡Pues por eso lo digo, esa vieja te dejó inválido los webos, el corazón y la cabeza! Y se echó a reír el imbécil. Como yo me estaba riendo mientras observaba el reverso de la tarjetita de New Flowers On The Road. Con la misma letra, Karla había escrito su número telefónico. Pero, como era evidente, no le llamé de inmediato, sino que dejé pasar algunos días, pues había aprendido que esa era una estrategia muy importante para que la incertidumbre se apoderara del más débil: ¿Ahí lavan la ropa sucia?, pregunté en cuanto me contestó, ya que quería hacerle una broma común y corriente. ¿Qué? respingó. ¿Qué sí ahí lavan la ropa sucia?, No, dijo con aire solemne, aquí no lavamos la ropa sucia esta usted hablando a... e iba a continuar cuando la interrumpí: Pos que cochinos, y me eché a reír por mi broma que había salido a la perfección, pero del otro lado de la línea parecía que no habían captado absolutamente nada. ¿Quién habla?, preguntó con voz aún más grave después de un momento. Tu admirador secreto, le dije aún riendo para que aumentara la presión sicológica. Mire, deje de estar haciendo bromitas estúpidas, y mejor rásquese los webos, y me colgó. Yo quedé petrificado. Parecía que en vez de hacerla reír, la había hecho enojar. ¿Le hablo de nuevo o no le hablo? ¿Le aclaro que era yo o mejor no? ¿Me tomará por un imbécil o sólo por un idiota? ¿Se burlará de mí? Con estos pensamientos decidí que lo mejor era no volverle a llamar sino hasta el día siguiente. Puse mi voz más seria y, como si nunca hubiera pasado nada, le dije: Buenos días. Muchas gracias por el arreglo, los chocolates y por la tarjetita. Y disculpa que no te hubiera llamado antes, pero es que salí de viaje y estuve muy ocupado. Ya sabes, el trabajo. Pero esta semana ya estoy más libre... por cierto, ¿quieres ir a tomar algo?

 

85.
Fue precisamente en aquel mes cuando recibí un paquete de Anaís desde Francia donde ella radicaba desde hacía tiempo. Su engendro literario había sido publicado por una editorial francesa llamada Gallimard. El título del libro era: “Toute la prafsa du monde”, que podría traducirse como “Toda la prafsa del mundo”. Era un libro sumamente extraño según decía una pequeña nota que había aparecido en un diario nacional, pero lo más raro era que una extranjera publicara en esa editorial tan prestigiosa y aclamada y que éste fuera el primer libro de una desconocida. Yo pensé, mientras leía una carta que venía dentro del paquete, que: o los franceses estaban completamente chiflados y no sabían en qué gastar su dinero, o en verdad no tenían idea quién era mi terrorista hermana menor Anaís y su propensión a ejecutar lagartijas con navajitas Gillette, a prender inciensos por todas partes y a inventar palabras raras. El paquete contenía el primer ejemplar que le habían entregado a mi hermana y venía con una dedicatoria familiar: “Avec toute la joie du monde pour ma famille, mais surtout, pour mon petit frère Prafsa, à qui je dois tout.”  Y luego su traducción con la letra de mi hermana: “Con toda la alegría del mundo para mi familia, pero sobre todo, para mi hermanito Prafsa, a quien debo todo.” Y según parecía, como escribieron unos críticos meses después en el mismo diario nacional: “...este libro es un compendio universal de la angustia humana por comprender su esencia y los motivos del propio ser humano, inventado por sí mismo, para hacer más soportable la vida llena de prafsas...” ¡Mis webos!, exclamé cuando termine de leer el reportaje cultural que le auguraba el mayor de los éxitos dentro de la nueva literatura mundial. Pinches críticos tan maricones y no decir las cosas como son: ¡Ese libro es un compendio de pendejadas de una loca! Pero para sorpresa mía, casi a finales de ese año, por noviembre, su libro fue nominado por otro grupo de maricones para un premio que consistía en sólo 50 francos, lo que era una suma ridícula, tomando en cuenta que otros premios (como me puse a investigar), oscilaban en miles de francos. El nombre del premio era algo parecido al Yogurt: Gogurt o Goncurt o Gorcurt. Nombre que se me olvidó porque, para la miserable cantidad de francos que ofrecía, no valía la pena acordarse de él. Como no me acordaba del rostro de la chica del auto deportivo cuando quedamos de ir a tomar un café después de nuestra charla por teléfono.  Llegué a la recién construida plaza comercial de Bevhalstia y ella ya me estaba esperando, pero como no reconocí su rostro después que habían pasado cuatro semanas y de haberla visto sólo una vez, me senté junto a la ventana del local de la cafetería. Entonces se me acercó una chava que se había levantado de una banca que había pasado hacía un momento: ¡Qué gracioso eres!, pasaste a mi lado y no me pelaste. Yo la barrí con la mitrada y lo único que se me ocurrió decirle fue: ¿Te pintaste el cabello? Pero ella no respondió a mi pregunta, sino que se sentó enfrente de mí y me cambió el tema. 1) ¿Te gustaron las flores? 2) ¿Y también los chocolates? y 3) Muchas gracias por tu consejo. En verdad que después de platicar contigo he vuelto a ver la luz. ¡Eres extraordinario! ¡Por fin desperté!, me dijo, como yo despertaría mucho tiempo después durante mi secuestro: ¡Despierta, Gusano!, fue lo que me hizo reaccionar. El camastro era duro, intransigente con mi cuerpo. Abrí los ojos. Las cortinas ahora aparecían en una tonalidad azul triste. Ese azul que hace desaparecer los colores a eso de las 7, cuando no es de día ni tampoco es de noche. La luz ya se había ido y yo seguía secuestrado. Tenía mucha sed y las tripas me chillaban de hambre. Enfrente de mí había un hombre vestido con ropa militar. ¡Despierta, Gusano!, volvió a decir el hombre. Reconocí la voz del sujeto que había dado las instrucciones a través del intercomunicador para que me trasladaran al sector 3, pero su rostro me parecía desconocido. De pie, frente a mí, con una sonrisa tétrica que dejaba ver unos dientes azules debido a la iluminación y perfectamente alineados el sujeto volvió a hablar. ¡Hasta que por fin nos volvemos a encontrar, gusano!, se acercó un poco más y continuó: La traición se paga caro y tú nos traicionaste a todos, estaba ya a medio paso de mi camastro, por tu culpa hoy soy lo que jamás quise ser. ¿Y quién eres tú?, le dije aún amodorrado. Mi nombre no te importa, dijo, lo que importa es esto, y acto seguido se sacó los dientes frontales y me enseñó un rostro que sin las prótesis dentales parecía haber envejecido a la velocidad de la luz.

 

(Continuará la próxima semana)

 

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