Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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28/05/2012


López Obrador, la masa crítica y las leyes de la física


Dando por verídicos los datos de todas las grandes encuestadoras del país, incluyendo a las que dan a Peña Nieto una ventaja que ronda los 45 puntos de intención de voto, y también a las que arrojan una diferencia menor a un dígito sobre López Obrador, el resultado de la elección federal 2012 debe entenderse como una cuestión de velocidad y de masa crítica, dos conceptos esenciales de la física. Puntos más o puntos menos, la lectura de las encuestas nos da tres grandes tendencias. Uno: la caída del exgobernador mexiquense es constante pero insignificante en términos porcentuales. Dos: el crecimiento del tabasqueño es constante, pero insuficiente para arrebatarle el triunfo al PRI y su candidato presidencial. Tres: el desplome de Josefina Vázquez Mota es absoluto, pero su caída se dispersa entre las otras tres fuerzas políticas, por lo que no beneficia el crecimiento de ninguno a costo suyo.


Así que las cosas pueden verse desde el punto de la física si entendemos a la sociedad como un cuerpo en movimiento: todo se reduce a la velocidad en el cambio social. Ni Peña Nieto cae con la rapidez que sus opositores desearían, ni López Obrador sube con la aceleración que sus simpatizantes quisieran. De continuar con el ritmo de campaña presente, las dos líneas —ascendente del perredista y descendente del mexiquense— están destinadas a no cruzarse el 1 de julio. Y si eso no ocurre, Peña Nieto será el próximo presidente pese a las manifestaciones de repudio de #LaMarcha132.


Y aquí viene el segundo gran concepto de la física aplicada a la mecánica social: la masa crítica. Las ciencias físicas la definen como la cantidad de material necesario para producir una reacción en cadena. Para que López Obrador pueda tener un crecimiento explosivo a costa de sus rivales y alcanzar o rebasar a Peña Nieto, requiere generar la suficiente masa crítica para acelerar ambas tendencias. Y en mi opinión, López Obrador, pese a su innegable crecimiento, todavía no tiene la masa crítica requerida para producir la reacción en cadena que altere las preferencias de los electores indecisos o haga que un número mayor de votantes salga a las calles.


Nadie puede negar que la campaña de López Obrador ha sido la más exitosa. La República Amorosa lo limpió de negativos y ya nadie se cree eso de que es un peligro para México o que es un promotor del odio. Con el cambio de actitud empezó a subir, y de arrancar en tercer lugar de la contienda, rebasó a Josefina. Por si fuera poco, además de su clientela tradicional, aumentó su estructura con el movimiento de Morena. Y atrajo un nuevo apoyo social de los jóvenes de universidades públicas y privadas que componen el movimiento.


El problema es de fluctuaciones. En promedio creció siete puntos desde que arrancó la campaña en marzo, por lo que sin duda es la que ha tenido mayor capacidad para convencer a los indecisos. Todo mundo sabe que las campañas se ganan en el centro, y el discurso de la izquierda penetró con éxito. La prueba es que sus movilizaciones son del doble de tamaño de las que tuvo en 2006, y además se realizan en plazas en las que tradicionalmente no estaba posicionado. Por ejemplo, en Puebla metió 40 mil asistentes en una sola semana con sus concentraciones en Huachinango, Izúcar y Tecamachalco. Ayer logró meter otros 10 mil en Tehuacán, una plaza en la que el PRD no existe.


La gran sorpresa de la campaña, el movimiento juvenil #YoSoy132, ha sido un detonante de nuevas dinámicas sociales. Ellos se mueven en contra de Peña Nieto, y aunque se cuidan de disimular, claramente son simpatizantes de la izquierda. El movimiento, sin embargo, por lo heterogéneo, parece difícil que cristalice en un movimiento más organizado y sus causas son poco claras así como sus demandas.


La portada de Proceso es elocuente: Peña Nieto se ve y se siente acosado por fuerzas sociales que no tenía pensado tener en contra. Su estrategia de contener los puntos a favor tiende a agotarse, y por momentos parece un boxeador esperando la última campanada sabiendo que la puntuación va a su favor. La ventaja ahí permanece, pero se agota, gota a gota.


Vuelvo a la pregunta central: ¿ha generado López Obrador la suficiente masa crítica para revertir el resultado? No parece, aunque todavía tiene 33 días para aplicar las Leyes de Newton, fundamento de la física. La Primera ley nos dice que para que un cuerpo altere su movimiento es necesario que exista algo que provoque dicho cambio. Ese algo es lo que conocemos como fuerzas. Éstas son el resultado de la acción de unos cuerpos sobre otros. La Segunda ley de Newton se encarga de cuantificar el concepto de fuerza. Nos dice que la fuerza neta aplicada sobre un cuerpo es proporcional a la aceleración que adquiere dicho cuerpo.


La aceleración de simpatías a favor de López Obrador y la caída de expectativas de Peña dependen de la masa crítica que puedan generar. Y en el caso de la #YoSoy132 me parece insuficiente. De momento.

 

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