Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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06/09/2011


El nuevo Mario Marín que antes fue Niño Naranja


Obsesivamente, en las múltiples entrevistas a las que fue sometido José Juan Espinosa ayer para explicar su audioescándalo, repitió incansablemente que él no era Mario Marín. Se entiende que a partir de ayer el ex Niño Naranja sea incluido en la larga lista de personajes exhibidos en oscuras negociaciones: la evidencia de que la política en México es un negocio privado, que de cuando en cuando salta al escándalo. Inevitable la referencia también al exgobernador poblano, a quien un escándalo semejante destruyó sus castillos en el aire y marcó su sexenio. El diputado local, adicto a López Obrador, es una pequeña réplica de aquellos liderazgos corruptos enquistados en la clase política. De hoy en adelante, sus peticiones de obra pública, vehículos, plazas laborales a una Dolores Parra que hace mutis, lo volverán un personaje del folclor local. El Extorsionador de San Pedro. El Bejarano de por aquí cerquita. El Vito Corleone de Chinconcuac. Llámelo como quiera. Yo me quedo con José Juan Espinosa como el Nuevo Mario Marín.


Las distancias son evidentes pero la genealogía es común. El exgobernador y el lopezobradorista descienden de un mismo tronco común y retratan la clase política que ha hundido al país. Las diferencias partidistas no tienen importancia. Unos pueden ser rojos, otros amarillos, azules o verdes. Lo que los hace iguales es un pensamiento común: la cosa pública es un negocio privado del que se puede disponer en beneficio propio o del clan. Los intereses siempre son privados, y la política es una forma de tranzar, de evitar conflictos satisfaciendo las demandas desproporcionadas de los grupos.


El extorsionador cita a su víctima en un restaurante de mala muerte, alejados ambos del escrutinio público porque lo que ambos van a platicar son hechos inconfesables. En el caso de José Juan Espinosa, incluso constitutivos de delitos. El integrante de la dirección colegiada de Movimiento Ciudadano tendría que asistir a la barandilla del Ministerio Público para responder por su tentativa de extorsión. Un escudo se interpone: el fuero constitucional. La garantía de protección a los representantes populares se vuelve en contra de los representados. Mala paradoja.


El extorsionador habla en un lenguaje claramente mafioso, digno de la Cosa Nostra. Abundan los plurales, un intento por convencer a la víctima que él y ella son los mismo, la misma familia, el mismo clan. Que ganan juntos, que pierden juntos. Que las ganancias son de ambos. Al final de la conversación, ante el mutis generalizado de la alcaldesa, el ex Niño Naranja le dice “tú no me pides nada, pídeme, yo puedo ayudarte”. Evidencia, además, que su papel de crítico del morenovallismo es una pantomima. “Pese a lo publicado, la relación con el gobierno es excelente. Me tratan mejor que a otros diputados”.


Por supuesto que la conversación, además de revelar el verdadero rostro de José Juan, claramente es constitutivo de los tipos penales de extorsión y tráfico de influencias. El Código Penal Federal define al tráfico de influencias como:


“Comete el delito de tráfico de influencia: I.- El servidor publico que por sí o por interpósita persona promueva o gestione la tramitación o resolución ilícita de negocios públicos ajenos a las responsabilidades inherentes a su empleo, cargo o comisión, y II- Cualquier persona que promueva la conducta ilícita del servidor publico o se preste a la promoción o gestión a que hace referencia la fracción anterior. III.- El servidor publico que por sí, o por interpósita persona indebidamente, solicite o promueva cualquier resolución o la realización de cualquier acto materia del empleo, cargo o comisión de otro servidor publico, que produzca beneficios económicos para sí o para cualquiera de las personas a que hace referencia la primera fracción del articulo 220 de este código.


El mismo ordenamiento legal, en su numeral 390 define el tipo penal de extorsión. “Al que sin derecho obligue a otro a dar, hacer, dejar de hacer o tolerar algo, obteniendo un lucro para sí o para otro o causando a alguien un perjuicio patrimonial, se le aplicarán de dos a ocho años de prisión y de cuarenta a ciento sesenta días multa. Las penas se aumentarán hasta un tanto más si el constreñimiento se realiza por una asociación delictuosa, o por servidor publico o exservidor publico, o por miembro o exmiembro de alguna corporación policial o de las fuerzas armadas mexicanas. En este caso, se impondrá además al servidor o exservidor publico y al miembro o exmiembro de alguna corporación policial, la destitución del empleo, cargo o comisión y la inhabilitación de uno a cinco años para desempeñar cargo o comisión públicos”.

 

¿José Juan pedirá licencia para enfrentar su audioescándalo? Yo creo que no, pues lo veo dispuesto a seguir el mismo camino de su mentor el exgobernador. Por algo el diputado local es el nuevo Mario Marín.

 



 
 

 

 
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