Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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22/03/2011


Lalo Rivera: tan cerca de Protocolos, tan lejos de RMV

 

Que le haga como quiera, mandaron a decirle a Eduardo Rivera Pérez desde el renovado Salón de Protocolos, pero el gobierno estatal no va destinar un sólo peso, ni uno, al programa estrella de la administración municipal de pavimentar mil calles. Y es que el joven alcalde panista cometió un error de primaria, nuevamente, en su trato con Rafael Moreno Valle: antes de consultarle, pedirle su venia bendita y colaboración para el proyecto, se aventó a anunciarlo como “el Borras” en su toma de protesta como un proyecto conjunto con el gobierno estatal. Pero la verdad es que nunca se platicó, ni se presentó el proyecto ejecutivo en las reuniones de transición, y por tanto, el gobernador jamás asumió como suyo un proyecto que en las altas esferas del morenovallismo se califica de ocioso. Una ocurrencia, pues, puesto que las mediciones realizadas indican que no impactará en ningún tipo de variables de marginación y combate a la pobreza. En cualquier caso, sería dinero tirado a la basura por una parte, y una inversión al proyecto político de Rivera de alcanzar la gubernatura. Ni una ni otra, porque el gobierno estatal extraoficialmente le ha dado a conocer que no dará ni un peso. Así que Lalo Rivera se encuentra atrapado hoy: la pavimentación de mil calles en un solo año de gestión es financieramente absurda, pues pagando de a millón la avenida pavimentada se hablaría de mil millones de pesos, el 40 por ciento del presupuesto anual del Ayuntamiento.


Una meta más realista sería que la pavimentación de las famosas mil calles se hiciera en los tres años de gobierno, para lo que se requeriría una inversión anual de 333 millones de pesos —mínimo—. Sin embargo, tal cantidad consumiría prácticamente el 70 por ciento de la inversión anual prevista para obra pública, por lo que Eduardo Rivera Pérez tendría prácticamente que renunciar a cualquier otro proyecto. El joven alcalde panista está encerrado en su laberinto, y la única salida es tocar una puerta que nadie le quiere abrir: la del gobierno morenovallista.


Pobre Lalo: tan cerca geográficamente del Salón de Protocolos y tan lejos del ánimo de Moreno Valle. Las distancias emocionales que iniciaron en la campaña electoral se han convertido en abismo a la hora de hacer gobierno. Las muestras de frialdad llegan todos los días. Por ejemplo, el alcalde capitalino fue prácticamente ignorado en los dos eventos cumbre del gobierno morenovallista: no fue invitado a la colocación de la primera piedra del CRIT y tampoco a la puesta en escena de la reconquista de Valle Fantástico. El gobernador ha preferido a David Huepa, el alcalde de San Andrés, en parte porque es más manipulable y en parte porque no es una pieza en los juegos políticos del futuro. La descortesía, además, se agrava por el hecho de que el predio de Valle Fantástico se encuentra en Puebla de acuerdo con el decreto de 1962, y no en San Andrés Cholula, en donde trató de ubicarlo Henaine para ahorrarse el pago de los impuestos.


El gobierno estatal tiene bien definida su política respecto al alcalde Eduardo Rivera Pérez: puede mantener sus ilusiones futuristas, pero nadie le asegura que tenga los medios para hacerlas realidad. La primogenitura del Yunque ahora se encuentra apostada con Pablo Rodríguez Regordosa, a quien de momento se ve como el más viable sucesor de Rafael Moreno Valle. Operadores del secretario de Desarrollo Económico incluso ya se mueven rumbo a un hipotético 2017, y afirman tener la venia del gobernador, por lo que analizan opciones para llenar el cochinito. Por ello, al Yunque no le preocupa de momento la suerte de Rivera Pérez siempre que Rodríguez Regordosa se mantenga en el ánimo de Moreno Valle.


Con las llaves cerradas del dinero para la obra pública, y obligado a mantener la política de cero acuerdos con los medios de comunicación, Eduardo Rivera Pérez tiene pocas vías de lucimiento: la acción desesperada es tratar de subirse a las obras de alto impacto que planea el gobernador, como los pasos elevados sobre la autopista. Pero también de ahí pueden bajarlo: basta con que Televisa y TV Azteca editen las imágenes en las que aparezca el joven alcalde para que ningún poblano se entere de que estaba ahí, en la inauguración.


La situación de Eduardo Rivera no es cómoda, y eso sin contar con el poco control que tiene sobre su propio Cabildo, pues los regidores afines a otros grupos ya le jugaron una primera trastada cuando trató de enviar el negocio de Normatividad con Pablo Montiel. En los hechos, parece tener una relación con Moreno Valle peor que la que tuvieron Enrique Doger y Mario Marín, pues el hoy diputado sí recibió apoyo estatal para obra pública y no fue ninguneado en eventos de lucimiento.

 

Pero Rivera Pérez tiene esperanza: ya en la campaña nos demostró que no se calienta ni se confronta, sino que es un corredor de fondo. Sabe esperar sus oportunidades y es disciplinado, la cualidad que más aprecia el Yunque. En política nunca hay nada cierto, y pese a que hoy el cielo parece caer sobre su cabeza, la coyuntura del 2012 puede darle un vuelco a sus urgencias financieras.

 



 
 

 

 
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