Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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02/02/2011


Moreno Valle, el sol de su propia galaxia


Elba Esther Gordillo roba cámara en la toma de protesta del gobernador


Un día como sólo se vive cada seis años. Un día que un solo hombre vive cada seis años. Él y no otro. Idolatrado, aplaudido, con una capacidad de convocatoria inédita. Los presidentes de seis partidos políticos nacionales, incluida Beatriz Paredes. La presencia de una rockstar inesperada, Elba Esther Gordillo, asediada por los poblanos para tomarse una foto con ella, artilugio de influencia transexenal y multipartidista. El aval intelectual del rector de la UNAM, José Narro Robles, y el cálido soporte del enrachado Marcelo Ebrard. Seis secretarios de Estado. Más de 15 mil invitados para deificarlo, adorarlo y encumbrarlo, mudos testigos de compromisos y amenazas.


Terminó la fiera persecución por el poder que duró más de diez años. Ahí, en medio del inmenso proscenio, en la cima del mundo, Rafael Moreno Valle alcanzó a su Moby Dick. Al estilo del viejo marinero Ahab, las noches de obsesión, incertidumbre y desvelo llegaron a su fin. En el origen de su propia era alzó la mano y con voz decidida protestó el cargo de gobernador constitucional, cerrando una página para abrir otra que durará seis años. Y quizá entonces sea hora de escribir otra más.


Ahí, en primera fila, el sueño infantil encarnado en el abuelo de memoria reivindicada, el general Moreno Valle, abruptamente expulsado de su paraíso sexenal en los años 70, pero ahora redimido por su nieto. Ahí, nuevamente en primera fila, el cariño filial hacia el maestro Melquiades Morales. Y por si faltase la rabia y el orgullo, Mario Marín debutando en el club de los exmandatarios, preso del abucheo que martillará perennemente sus oídos.


Moreno Valle, sol de su propia galaxia, Ahab triunfador, cazador de ballenas imposibles, postró a Puebla a sus pies. O, mejor dicho, a una nueva Puebla que inaugura al mismo tiempo un reciclaje de la clase política, empresarial y mediática de la entidad. Los viejos rostros, los de los asiduos a la borrachera de poder marinista simplemente desaparecieron para dejar su lugar a poblanos de porte juvenil, trajes perfectamente cortados, multilingües y, se supone, honestos. Una nueva élite con una nueva base social, los más de 10 mil integrantes del SNTE que llenaron la parte posterior del Centro Expositor.


Ahí, en medio de su galaxia, erigió un trono de clemencia y castigo. Del primero, cuando trató de minimizar un incipiente abucheo contra Enrique Agüera. Del segundo, cuando descargó toda la potencia de su legitimidad democrática en contra del empresario Ricardo Henaine al anunciar que su gobierno recurrirá a todos los medios para recuperar el predio de Valle Fantástico. Por un momento, el Centro Expositor se cimbró como si Zeus atronara su relámpago contra el suelo. Un golpe demoledor del que sólo vale rendirse, correr o negociar.


***


Fue una pasarela nunca antes vista en la política poblana. Al Centro Expositor, ya sin pisito de cemento, llegaron de todas latitudes y colores. Desde la visión de los vencidos, Beatriz Paredes, quien llegó ceñuda y se largó ceñuda. Los naranjas-convergentes fueron los primeros en ocupar sus asientos de primera fila, seguidos de Gustavo Madero y los panistas. En tropel llegaron senadores de todo el país, al grado que desde el Palacio de Xicotencátl a varios les pidieron regresar para que la Cámara Alta pudiera sesionar.


Lenta, cuidadosamente guardado por doña Gabriela Rosa, el general Moreno Valle arribó al recinto para expiar sus culpas del pasado, cuando fue expulsado del gobierno estatal. Sin caber de felicidad, fue escoltado por la madre del gobernador, quien lo dejó en el cementerio de los elefantes, ese lugar donde yacen los exgobernadores Piña Olaya, Melquiades Morales y ya recientemente Mario Marín, quien llegó con prisa y se fue con prisa, siempre escoltado por “el Chiquilín”. Escoltado también por el sonoro abucheo que recibió cuando el ya gobernador Moreno Valle agradecía la presencia de sus antecesores.


El rumor corrió desde temprano: Elba Esther Gordillo sí haría acto de presencia en el Centro Expositor para atestiguar la unción de su muchacho. “La Maestra”, sí, la lideresa histórica de los maestros, la dueña del sindicato más grande de Latinoamérica, la propietaria del Panal, la de las alianzas inconfesables, la de los réditos altos, la mujer más poderosa de México, fue ubicada junto al rector José Narro, todo humildad, escoltado por el padre del gobernador.


Fue Elba Esther la revelación de la toma de protesta. Tan pronto terminó el acto protocolario, una turba de poblanos la asaltó. No para increparla ni para reclamarle los pésimos niveles educativos. Cual versión femenina de Peña Nieto, cámaras y cámaras, flashazos, todo mundo quería una fotografía con ella. En Facebook y Twitter subieron instantáneas con la leyenda: “Con la mujer más poderosa de México”. Queda claro que a Elba Esther le hace los mandados. “La Maestra” no es cortejada únicamente por la élite de poder, sino también por la ciudadanía de a pie.


Los funcionarios federales también hicieron acto de presencia, varios secretarios, entre ellos el desaparecido Blake, el emperifollado Lujambio y el gris Vega Casillas. Los perredistas llegaron tarde, como tarde lo hizo el ovacionado Marcelo Ebrard.


***


El Centro Expositor retumbó ante la dicción perfecta, la mirada resuelta, los ojos fieros. La instrucción contundente para recuperar el terreno de Valle Fantástico y la promesa de que no habrá persecución, pero tampoco encubrimiento, emocionaron al respetable. Pero el discurso de Moreno Valle fue a más, perfectamente montado y dice, escrito por él mismo, porque no le gustaban las miles de versiones elaboradas por sus asesores.


Lo de Henaine fue un golpe respetuoso al marinismo, se diría que casi pactado. Un golpe semejante, en plena toma de protesta, simplemente no tiene precio. Inmediatamente pasó a mostrarnos el espejo de los indicadores nacionales que muestran una Puebla hundida, muy lejos del cantón suizo que Mario Marín pintó en su informe de despedida. Datos tras datos, indicador por indicador, Moreno Valle subrayó con honestidad el reto que le espera.


Y de pronto, el tren bala llamado gobierno poblano 2011-2017 arrancó a velocidad supersónica. Imposible reseñar aquí las propuestas legislativas y los proyectos de obra que ya están en camino. Un dato vital: este año invertirán 7 mil millones de pesos en infraestructura. Y dando un leve empellón a Marín, el anuncio de que los delitos de calumnia y difamación serán derogados para que los periodistas ya no sean perseguidos. Perseguidos al estilo de Lydia Cacho.


Programa tras programa, obra tras obra, reforma tras reforma, Moreno Valle no planteó un esbozo sexenal, sino apenas uno que abarque los cien primeros días de gobierno. El gobernador también mostró su firmeza al oficializar la desaparición de la Secretaría de Cultura para reducirla a un Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, con el supuesto objetivo de democratizarla y no dejarla en manos de una pequeña mafia. Obra pública con municipios, puentes en la capital, 25 mil viviendas nuevas. Un acto refundacional: todo lo que no pudo hacerse en los últimos 12 años, el nuevo gobernador planea hacerlo en once meses. Sus primeros once meses.


Y de pronto, en el ritmo revolucionado, a 300 kilómetros por hora, un anuncio que en su momento no mereció aplauso, pero que en realidad es un golpe finísimo, de alta escuela, al marinismo: la iniciativa que derogará los delitos de difamación y calumnia para dejarlos en el ámbito puramente civil. Nunca más un escándalo Cacho.


En esas horas el gabinete morenovallista quedó lejos de disfrutar sus encargos brillantes, puesto que cada uno fue encargado de atender a los invitados de lustre nacional. Fue hasta la comida de festejo en Casa Puebla, que huele a nueva y renovada, en que cada uno pudo empezar a disfrutar su papel.


***


Las horas nuevas para Moreno Valle avanzan a velocidad de la luz. No tiene descanso, sino un ritmo furioso que le imprime a las palabras. Tanto por hacer y tan poco tiempo. Un gobernador que es tren bala, que se la hace tarde si medimos los años que tardó en llegar. La caza de la ballena, el viejo Ahab, las ansias de mostrar el trofeo llamado Moby Dick.

 

Nadie sabe si la tripulación aguantará tal ritmo agobiante de la persecución. Cien días de relámpago y de logros, un impulso inédito, un acto de justicia a los olvidados en sexenios previos. La suerte está echada. El Tren Bala avanza a toda velocidad y amenaza con atropellar a quien se le ponga enfrente. Especialmente si se llama Ricardo Henaine Mezher.

 



 
 

 

 
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