Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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02/03/2012


Incentivos perversos para el dúo Gamboa-Beltrones


Bien lo dijo Marx en su libro sobre el 18 Brumario de Luis Bonaparte: la historia siempre se vive dos veces, una como tragedia y otra como comedia. Enrique Peña Nieto ha cometido el mismo error que hace 12 años cometió Francisco Labastida Ochoa y hace 6 Roberto Madrazo: entregar al politburó del partido encabezado por Emilio Gamboa Patrón y Manlio Fabio Beltrones el grueso de las candidaturas a diputados y senadores por la vía plurinominal. Como ya ocurrió en las dos anteriores ocasiones en que el PRI perdió la elección presidencial, el destino de ambos no va ligado al del candidato a Los Pinos. Gane o pierda, ellos ocuparán curules y escaños en la próximo Legislatura y desde ahí continuarán con el monopolio de las reformas estructurales que México necesita. En efecto: Gamboa y Beltrones se convirtieron en los saltimbanquis del Congreso. Cuando uno está en la Cámara Alta, el otro en la Baja. Y viceversa: son los verdaderos Amos de la Realpolitk de la transición democrática. Y a quienes menos les conviene el eventual regreso del PRI a la Presidencia. Peña Nieto se encuentra en manos de los dos grandes traidores del México contemporáneo.


En los regímenes presidencialistas, las listas plurinominales sirven para que el candidato presidencial envíe ahí a sus hombres más leales, aquellos que harán la operación del gobierno en el Congreso. En el PRI, sin embargo, las plurinominales se han convertido en la moneda de cambio para aplacar la voracidad de la burocracia partidista y las organizaciones con mayor peso. Una revisión a las listas desde el 2000 revela los auténticos saltimbanquis que saltan de San Lazaro, al PRI y de ahí al Senado, en un camino que también es de regreso. Con sus plurinominales en la mano, se desmarcan del resultado de la campaña presidencial e incluso formar parte del boicot activo, ya que en su papel de legisladores son capaces de obtener mayores prebendas con ejecutivos débiles como Felipe Calderón.


Los candidatos presidenciales Labastida y Madrazo, al igual que Peña, quisieron hacer de las plurinominales un incentivo para los grupos ajenos a su grupo: una forma de comprometer a exrivales en la disputa por la candidatura o liderazgos regionales desplazados. Pero en realidad de trata de un incentivo perverso: los enemigos premiados se tiran a la hamaca. Y los miembros del grupo cercano, pese a las promesas de que ellos disfrutarán de los principales puestos del gobierno, se resienten. En otras palabras; mientras que el dúo Beltrones-Gamboa ya tiene su futuro asegurado pase lo que pase con Peña Nieto, Videgaray, Osorio Chong y compañía tendrán que pedalear duro para evitar la derrota que cada vez se siente más cerca.


Tomemos un ejemplo cercano: luego de que a Javier López Zavala le cumplieron la promesa de incluirlo en la posición 5 de la Cuarta Circunscripción, y su ingreso a San Lázaro es seguro, qué puede interesarle el destino de Blanca Alcalá en su búsqueda al Senado. ¿Trabajará por la mujer que lo desplazó y arriesgará la camiseta? Por supuesto que no. Zavala gana mientras la exalcaldesa pierda. Así que no se sorprenda si en el mejor de los casos el chiapaneco toma un crucero a las Bahamas, y en el peor se dedica a la contraoperación para impedir que Alcalá gane.


Al politburó del PRI ya no le interesa que Peña Nieto conserve sus siete puntos de ventaja. Las candidaturas pluris a Beltrones, Gamboa, Deschamps, Bernal, Aldana y compañía son un signo más de debilidad de parte del mexiquense que se sabe en picada. El miedo a las apariciones públicas y las entrevistas en un escenario no controlado se transformó en pánico. El silencio envuelve al exgobernador mexiquense, y lo que se creía su mayor activo —el punch mediático— en realidad se convirtió en un pasivo. Por si fuera poco, por estrategia jurídica el mexiquense hablará lo menos posible en periodo de intercampañas para evitar un descalabro jurídico en el TEPJF ante una eventual victoria el 1 de julio.


Además, el aparato presidencial opera de manera eficiente. Mientras que los errores del mexiquense son magnificados por la prensa nacional, los resbalones de Josefina Vázquez Mota son convenientemente minimizados. Por ejemplo, en la convención de la AMAI declaró que para elaborar los programas de lucha contra la marginación en la Sedesol consultó a los pobres y no a los pobretólogos — especialistas técnicos y economistas— y debió armarse un escándalo. Pero no.

 

Manlio Fabio, Gamboa y compañía ya transitaron el sexenio pase lo que pase. Lo inexplicable es que Peña Nieto premie a quienes ya traicionaron en el 2000 a Labastida y en 2006 a Madrazo. Lo lógico, por supuesto, es que también lo traicionen a él. Porque quien clava la daga con éxito una vez, tiende a repetirlo. Y a hacerlo una tercera ocasión. Los priistas ya vivieron su drama. Ahora el 30 de marzo arranca la comedia.

 



 
 

 

 
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