Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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02/08/2011


Orden, Paz y Progreso


El mensaje acaparó las portadas de la mayoría de los diarios: con dureza, tras inaugurar en tiempo y forma el primero de los megapuentes viales en la zona metropolitana, Moreno Valle advirtió que se enfrentará a los grupos minoritarios que buscan retardar el desarrollo de Puebla. “Se equivocaron de gobernador”, afirmó, en referencia a los investigadores que reclaman se detengan las obras que supuestamente pondrían en riesgo la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad. El mensaje caló porque no se trata de una simple bravata: en los hechos y con un alto grado de eficacia, el gobierno estatal ha tocado viejos cotos de poder que grupos de interés han salido a defender. Nuevo tiempos se viven que nos hacen recordar viejos. Precisamente, los albores del siglo XX. El gobierno morenovallista puede compartir eslogan con su pariente histórico. Orden, paz y progreso. El lema, precisamente, bajo el que gobernó Porfirio Díaz. O con su complemento: mucha administración y poca política. Frase aplicada, nuevamente a los tiempos modernos: Rafael Moreno Valle no tendrá un Atenco. Es decir, un movimiento social o ciudadano minoritario que sea capaz de detener el progreso impulsado por su administración.


Afirmábamos en una entrega anterior, al hablar de la eficacia con la que el morenovallismo se ha conducido en su primer semestre, que nada lastima más a un gobierno que la sensación de que es incapaz de hacer sus proyectos una realidad. Que no sabe utilizar su poder ni sus instrumentos. Pongo un ejemplo: la errática presidencia de Vicente Fox tuvo un antes y un después tras el fallido intento por construir el aeropuerto alterno de la ciudad de México en la cercanía de Atenco. El diseño de la política pública fue perfecto. El proyecto respondía a la urgencia del sector turístico y la cúpula financiera nacional e internacional. Se analizaron las variables técnicas y monetarias, y de entre Tizayuca y Atenco se eligió al municipio mexiquense. Los ejidatarios de la zona, sin embargo, nunca quisieron vender sus tierras y con machete en mano se enfrentaron a las fuerzas federales. En medio del escándalo, Fox se arredró y canceló la construcción del aeropuerto alterno por una remodelación absurda del actual y que ya no tiene capacidad para atender la demanda. Con tal decisión —o mejor dicho, no decisión— los mexicanos culminaron su decepción por la gestión de Vicente Fox, quien ya nunca tuvo notas aprobatorias en el resto de su sexenio.


Moreno Valle, en campaña, ofreció cumplir una serie de requisitos para subir en los rankings nacionales de desarrollo económico y competitividad. Una tarea titánica frente a los seis años de mandato. Para el 2014, deberá entregar resultados de avances de dos a tres posiciones en indicadores del IMCO y Transparencia Mexicana, así como el INEGI. Aunque no firmó ese compromiso, es evidente que querrá continuar la remontada en el ranking de pobreza del Coneval, luego de que Zavala nos llevó del tercer al cuarto estado más marginado del país. Ubicarnos, por lo menos, en el séptimo al finalizar el sexenio y disminuir en números reales la cantidad de pobres. De acuerdo a los compromisos firmados, también deberá eliminar el analfabetismo y subir a la entidad en el ranking nacional de calidad educativa de acuerdo a la prueba ENLACE. Si el incapaz Darío Carmona nos llevó a media tabla, el brillante Luis Maldonado nos debe dejar en al menos los ocho primeros lugares.


Por si fuera poco, en el “Cumplo o me voy” Moreno Valle incluyó una serie de megaobras: modernizar el aeropuerto Hermanos Serdán y el de Tehuacán; la construcción de un nuevo puerto seco en Huejotzingo; la implementación del metrobús; el desarrollo ecoturístico de la presa de Necaxa; la implementación de la Ciudad Verde de Valsequillo; y gestionar con Marcelo Ebrard y Peña Nieto la construcción de la autopista Metepec-Milpa Alta.


Ante la magnitud del reto, ¿se entiende ahora la desazón que embarga al gobernador Moreno Valle? No sólo debe lidiar con colaboradores que no dan el ancho, sino que además con pequeñas organizaciones, liderazgos sociales minúsculos, grupos de presión que no representan a nadie y medios de comunicación que nadie lee y que no ejercen ningún tipo de influencia. Queda claro: el gobernador no tiene tiempo para lidiar con ese simulacro de oposición.


El tiempo apremia para la administración morenovallista: cada minuto es oro para Moreno Valle. Por ello, una buena opción sería acompañar al eslogan de “lo que decimos lo hacemos” una adenda. Para que Puebla avance, es necesario Orden, Paz y Progreso. Nada de revoltosos, líderes sociales o periodistas. El único que hace política es el gobernador, y el resto del gabinete que se dedique a la administración. Y en última instancia, que los poblanos elijan entre pan o palo.

 

¡Qué caray Don Porfirio! ¡Qué buenos tiempos!

 



 
 

 

 
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