Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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02/08/2012


El factor de la derrota en 2013: el desgobierno de Lalo


Cualquiera de los 4 Fantásticos que logre la nominación a la alcaldía de Puebla como parte del proyecto morenovallista, con o sin el aval del Yunque, o con coalición multipartidista o no, enfrentará un escenario complicadísimo a partir de dos variables. Uno, las elecciones locales del 7 de julio 2013 serán el debut del nuevo buque tricolor con Enrique Peña Nieto al mando, así como la transformación absoluta en la estructura de delegaciones federales. Es previsible que ni el nuevo titular de Gobernación, ni tampoco Los Pinos, querrán que les abollen la corona tan rápido. Pero además de un nuevo PRI con apariencia invencible, deberá cargar con el lastre que significa el gobierno municipal de Eduardo Rivera Pérez, sin duda la peor de las gestiones de Acción Nacional. Y vaya que superar a Luis Paredes era difícil.


Ya hemos relatado que Eduardo Rivera es un caso de estudio para la George Washington University, la institución norteamericana especializada en las artes del marketing electoral. Y no por el brillante desempeño, sino porque el alcalde de la Angelópolis es el único del mundo que pierde posiciones en el rubro de “conocimiento” en las encuestas. En la campaña electoral 2010 alcanzó como tope un 65% de identificación entre los poblanos. Las últimas cifran demuestran que actualmente fluctúa entre el 40 y el 45 por ciento.


En otras palabras: más de la mitad de los capitalinos no sabe quién diablos es el personaje que lleva las riendas de la ciudad. Siendo el presidente municipal la autoridad más cercana a los gobernados, y la primera en resolver sus problemas, su escaso posicionamiento es una tragedia cuando un trienio en Puebla capital es garantía de futuro político, como lo demuestran Mario Marín, Enrique Doger y Blanca Alcalá.


En muchos aspectos Puebla capital se convirtió en una ciudad ingobernable con Eduardo Rivera, específicamente en dos frentes. El primero y más grave es la inseguridad: mes a mes los indicadores del Sistema Nacional de Seguridad Pública demuestran el incremento exponencial de los delitos de alto impacto, especialmente el robo a mano armada y el de casa habitación. En la vida real, fuera de las cifras de las instituciones, se multiplican los casos de familiares y conocidos que sufren la impericia de Rivera Pérez en materia de seguridad pública, así como de la invisibilidad de Amadeo Lara Terrón, que también tiene una pésima relación con Ardelio Vargas Fosado.


Un caso ejemplificativo del desmán, así como de la inexperiencia de los policías al vapor que Lara Terrón creó para paliar los elementos que regresaron al gobierno estatal, es la junta de Romero Vargas, a la que de plano fue necesario intervenir ante el pánico de los habitantes que día a día reclamaban a la presidenta auxiliar Gabriela Ruiz. Ardelio Vergas se fajó los pantalones y encabezó el operativo para limpiar una demarcación lastrada por el narcomenudeo de heroína y cocaína. ¿Y Lalo? Bien gracias.


El segundo gran lastre de Rivera Pérez es un problema cíclico de la infraestructura de la capital: el surgimiento de baches y cráteres que le pegan directamente a la clase media, propietarios de vehículos, casualmente los principales votantes del PAN. La temporada de lluvias todavía no llega a su fase culminante, pero a estas alturas prácticamente todos nosotros hemos dejado llantas y suspensiones en algunos de los cráteres. En lugar de una intervención radical al asfalto de la ciudad, Rivera Pérez recurre a la solución cíclica que encierra un gran negocio que pronto quedará al descubierto: las cuadrillas de bacheo que cada año, también, aumentan su costo por soluciones temporales.


Inseguridad e infraestructura deficiente han provocado que la competitividad de Puebla en materia de negociones decaiga, tal y como reportó el IMCO en su última evaluación. Pero además, nadie olvida que la Angelópolis es la ciudad con mayor número de pobres en el país, según el Coneval. Y la única respuesta que tuvo Rivera Pérez fue transformar la Secretaría de Desarrollo Social en un búnker panista, cuyo único objetivo tangible era apoyar con todos los recursos del Ayuntamiento la fallida candidatura de Enrique Guevara Montiel para hacerlo diputado federal por el distrito VI. Y al final, el gran amigo de Lalo, así como socio en algunos negocios, se fue al tercer sitio en la contienda.


Lalo transformó la Sedesom en una oficina alterna del PAN al nombrar ahí a Eduardo Morales Garduño, soldado leal del Yunque pero sin el mínimo oficio gubernamental. Y para aterrizar a todos los mapaches de Ramírez Drouaillet, despidió a los técnicos que Sánchez Diaz de Rivera había llevado a la dependencia, quienes sí sabían hacer las cosas.

 

Total, Lalo hereda una ciudad en ruinas y los electores de la capital ejecutarán un voto de castigo en contra del candidato panista, así sea uno de los 4 Fantásticos. Ya ocurrió con Gabriel Hinojosa y con Luis Paredes Moctezuma: nunca un edil panista le ha entregado el gobierno municipal a otro panista. Y eso será un lastre para cualquiera: se trata del factor de la derrota en 2013. El factor Lalito Rivera.

 

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