Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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02/09/2010


De la cordialidad fingida a los efectos de la real politik


Al encuentro oficial entre el gobernador constitucional y el electo puede aplicársele perfectamente aquella frase de Shakespeare en Cómo Gustéis: “El mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres son meros actores, tienen sus salidas y sus entradas; y un hombre puede representar muchos papeles”. Quien no conociera las personalidades de Mario Marín y Rafael Moreno Valle perfectamente podría creerse la suprema actuación de sus vidas. Papeles dignos de un premio de la Academia. Uno, el mandatario saliente, perdedor en la aventura de construir un proyecto transexenal pero lo suficiente maduro y democrático como para aceptar la gran derrota de su existencia. Otro, el ganador sereno que es capaz de apagar sus impulsos de revancha tras una serie de traiciones y cuchilladas por la espalda. Ambos, mirando por el bien de Puebla y luchando brazo a brazo por reunir para el próximo año un presupuesto histórico de 60 mil millones de pesos que ejercerá la oposición que sepultó al tricolor. ¡Pamplinas! Una cosa es que su colmillo los lleve a tales actuaciones geniales en público, y otra, que un pasado de revanchas se quede en el olvido. Por supuesto, el tiempo juega a favor de Moreno Valle, quien tuvo paciencia para resistir cuatro años en el exilio tras su renuncia al tricolor y tiene la suficiente para aguantar otros cinco meses para mudarse a Casa Puebla.


“Los hombres y mujeres son meros actores, tienen sus salidas y entradas”. El tiempo juega a favor de Moreno Valle porque apenas prepara su entrada al teatro del poder máximo y a la clase política nacional, mientras que Marín ya sólo puede pensar una salida; una salida gris, sin aplausos y llena de temores sombríos por lo que pueda acontecer en el futuro. Adiós Palacio de Xicoténcatl, adiós a la coordinación de campaña de Peña Nieto y sobretodo, un eventual ingreso al gabinete federal. Todo se esfumó de un golpe. A estas alturas, en su papel de Tlatoani exiliado solamente le queda aferrarse a un acuerdo vago con el gobernador electo de que no habrá persecución, y patrimonios y familias serán respetados. Un acuerdo validado por la madrina mafiosa por excelencia, Elba Esther Gordillo. Pero ya se sabe que en política mandan las circunstancias y no la palabra dada.


Por el contrario, Moreno Valle abandona su papel de exiliado en el PAN y se prepara para ocupar el centro del proscenio, aunque de momento tenga la madurez suficiente para alejarse de los reflectores y enviar a su “Gran Mariscal” Manzanilla a realizar las tareas ingratas de acordar la transición con todos los funcionarios que en algún momento podrán servir como carne de cañón. El gobernador electo no tiene necesidad de tener algún tipo de trato con personajes como Gerardo Pérez Salazar o Javier García Ramírez, y tampoco generar algún tipo de relación que dé argumentos para solicitar algún tipo de clemencia o salvoconducto.


La versión oficial de ambas partes fue pródiga en calificativos de “madurez”, “altura de miras” y “cordialidad”. Es difícil por los antecedentes, pero más difícil por la coyuntura del crédito de 2 mil 500 millones de pesos que ya ha sido ejercido por el gobierno marinista sin avisarle a nadie, excepto a la página de transparencia de la administración estatal. Quien alguna vez haya cruzado un tema de pesos y centavos con el gobernador electo podrá imaginarse su reacción ante una decisión que afecta directamente las finanzas públicas del próximo gobierno, quien tendrá que desviar dinero del presupuesto para pagar los intereses de la, ¿última?, ocurrencia del marinismo. Una vez más el tiempo juga a favor de Moreno Valle: pese a su segura cólera inicial, contuvo una censura expresa de la nueva gestión pues a partir de febrero podrá llamar a cuentas a los marinistas que tuvieron la osadía de disponer de lo que ya considera su negocio. Fue una de sus advertencias expresas: lo que ocurrió antes del 4 de julio podría pasarse por alto, pero no lo que ocurra después.


Nos quedamos con las gráficas de la cordura fingida entre ambos mandatarios, y el buen rollo que emitirán el próximo viernes en su reunión con los diputados federales poblanos, y con los integrantes del Congreso local. La historia entre ambos es demasiado intensa y los capítulos no parece que queden concluidos. La real politik indica que nuestros políticos no son generosos ni mezquinos, aunque sí buenos actores. Con tantos rencores acumulados, nadie duda que en cinco meses por venir alguno de ellos pierda los papeles e inicie con las salidas de tono. Yo apuesto por el saliente. El tiempo juega en su contra.

 



 
 

 

 
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