Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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02/09/2011


El Laberinto del Horror, que no de la Soledad


El ataque al Casino Royale continúa atormentando a la conciencia nacional. El multihomicidio de Monterrey no refleja el Laberinto de Soledad de Octavio Paz, sino el Laberinto del Horror en el que se ha convertido México. Cada nueva revelación estremece. Los criminales no son tan criminales, sino que se les pasó la mano a la hora de amedrentar al dueño del negocio. El hermano quesero del alcalde panista de la ciudad, cobrador en efectivo y en cantidades industriales sus ganancias obtenidas en el juego, un parapeto a una conducta sospechosísima que llevó a la PGR a arraigar al sujeto. Un policía estatal que sirve de cobertura a los criminales y protege su huida a una hora pico. Un gobernador priista que, contra su tradicional ineficiencia, captura inmediatamente a los sicarios gracias a una huella dactilar. Sicarios que no temen a la luz del día, ni a las cámaras de seguridad, ni a que los detengan los policías. Monterrey es el crisol de Estado Fallido. ¿Qué otro horror nos espera?


La cruda del ataque no cesa. Las revelaciones del diario Reforma, el video que involucra al hermano del alcalde Larrazábal en la red de extorsión a casinos y derechos de piso cimbró al país. Probó que la corrupción somos todos, y que el crimen organizado está enquistado en las instituciones. Que los panistas también tienen hermanos incómodos. Y que mientras el Presidente Calderón movilizó las instituciones a una guerra, no procedió a limpiarlas. El crimen organizado está enquistado en el Estado, y por eso el Estado no puede ganar la guerra. La lista de traidores a la Patria se encuentra en gobiernos municipales, estatales y el federal. En los Tres Poderes. Son jueces, encargados de bunkers, alcaldes, policías, militares, magistrados, vigilantes de aeropuertos, funcionarios de aduanas, aparato de inteligencia, ministerios públicos. Se sospecha de alcaldes y gobernadores, aunque nadie tiene las pruebas para demostrarlo. Y cuando no son ellos mismos, son sus familiares, como en el caso de Jonás Larrazábal y el diputado federal Godoy.


Se trata de mexicanos que han decidido resolver su problema económico individual a costa de sacrificar a las instituciones públicas. Moches, mordidas que ayudan a complementar sus sueldos. O a darse pequeños y grandes lujos. Sus soluciones individuales destruyen el espacio público y se convierten en cómplices de los más de 40 mil muertos que se contabilizan en la guerra. El presidente Calderón tendría que haber limpiado la casa. Pero cómo hacerlo. ¿A dónde irán los policías despedidos que no pasan las pruebas de confianza? ¿Los miles de funcionarios que se han puesto del lado de los enemigos? No imagino una respuesta.


En Italia encontraron una respuesta para acabar al Estado mafioso: una cacería brutal de funcionarios, legisladores y jueces que operaban para la Cosa Nostra, conducida por fiscales que en muchos casos perdieron la vida antes de limpiar la casa. En España, el juez Baltazar Garzón dedicó parte de su trabajo a limpiar parlamentos e instituciones de los brazos políticos de ETA. Pero hasta él cayó preso de sus enemigos poderosos y hoy se encuentra suspendido de sus funciones por el Tribunal Constitucional. ¿Tenemos héroes de ese calibre en México? ¿Cuántos arriesgan su vida y profesión? No veo ninguno a la vista.


El caso más grave es el de los policías estatales y municipales que para complementar sus raquíticos salarios se venden a los criminales. El peor de los mundos posibles: los encargados de combatir a los enemigos fraternizan con ellos y se vuelven protectores, informantes. Los videos en You Tube de regiomontanos que pudieron testimoniar a policías que al momento del ataque se encontraban a escasos 80 metros y se quedaron de brazos cruzados levantaron las sospechas. Ayer por la noche la PGR confirmó la detención de un policía estatal de Nuevo León que había formado parte de una red de protección institucional al ataque del Casino Royale. Los defensores de la sociedad se transmutan en victimarios por unos cuantos pesos. Los mexicanos pagamos su salario y los criminales los completan. Pero en realidad son leales al crimen, no a su país. ¿Qué hacer con ellos?


¿Y los criminales? Siembra dudas la eficiencia con la que fueron detenidos los primeros responsables por un gobierno caracterizado por la docilidad frente al crimen organizado. ¿Qué papel juega en este drama el gobernador Rodrigo Medina? ¿Por qué perdió el control de su estado? ¿Negoció con los narcos y ahora pagan la factura todos los regios? ¿Y el alcalde Larrazábal sabía de la lucrativa venta de quesos Oaxaca que hacía su hermano a los casinos de la ciudad que gobierna? ¿Cobraba en su nombre? ¿Quién entregó los videos a Reforma y con qué intención?

 

El país llega agobiado al simulacro de informe presidencial de Felipe Calderón, el penúltimo antes de iniciar su peregrinaje al desierto. ¿Podrá explicarnos qué le ocurre a México? Muy cerca del precipicio, nos queda preguntarnos si algún día volveremos a ser un país normal. Un país en el que los vendedores de queso cobren con facturas y cheques, no en efectivo.

 



 
 

 

 
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