Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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03/01/2012


Se busca al gallo que frene a Bartlett y a Lozano


El PRI busca desesperadamente un candidato al Senado que sea capaz de darle batalla a dos pesos pesados como Manuel Bartlett y Javier Lozano Alarcón. A ambos podrán acusárseles de muchas cosas, pero su bagaje intelectual es innegable así como su nivel político. El primer escenario diseñado por el CEN tricolor allá por el mes de noviembre, entregar la primera fórmula poblana a Javier López Zavala, una apuesta más que riesgosa en la actual coyuntura de desplome de las expectativas de Peña Nieto. El candidato fallido a la gubernatura ya demostró en 2010 que el debate no es lo suyo, puesto que el análisis electoral de la batalla por Casa Puebla demostró que tras la zarandeada que le puso Moreno Valle arrancó la caída espectacular del PRI. Zavala no tiene armas intelectuales ni de expertis para enfrentarse a dos personajes que ya alguna vez pisaron el gabinete federal. Su candidatura, más el poco arrastre de Guillermo Aréchiga en la fórmula panalista, augura un desastre en el que el PRI, por primera vez en su historia, podría irse al tercer lugar y quedarse sin escaño en la Cámara de Senadores.


Javier López Zavala está lastrado por su pésimo posicionamiento en la zona metropolitana, precisamente en las demarcaciones en las que Moreno Valle ganó con mayor amplitud en 2010. Y en esos distritos, precisamente, en que el pelotón encabezado por Enrique Agüera, Blanca Alcalá y Enrique Doger tienen mejores números. El problema de la alcaldesa es bastante conocido puesto que cerró el 2011 sin que su cuenta pública fuera aprobada por el OFS y el Congreso local, por lo que la espada de Damocles sigue pendiendo sobre su cabeza. A sus pliegos por responder deberá sumar las observaciones de los últimos 45 días de su gobierno. Y por supuesto, es difícil hacer campaña y al mismo tiempo enfrentar a la justicia. Alcalá sabe que está descartadísima.


Enrique Doger permanece en la recámara esperando su oportunidad. Pero las verdaderas expectativas se depositan en Enrique Agüera al que el 2011 le dio un crecimiento exponencial en su posicionamiento que lo llevó a empatar a los priistas mejor posicionados. El rector de la Benemérita todavía no toma una decisión que definirá los próximos pasos de su carrera política pero que depende de varias circunstancias. La principal: quién ocuparía interinamente la rectoría de la BUAP a su salida y cubriría su espalda en el semestre tempestuoso de aquí al 1 de julio. Y aunque su favorito claramente es el talentoso tesorero Alfonso Esparza, la definición pasará por un acuerdo político con el gobernador Moreno Valle. Es absolutamente imposible que Agüera se vaya de la universidad sin un pacto explícito que le permita operar su sucesión.


Pero operar una sucesión requiere tiempo y coyuntura. A contrasentido de lo que opinan los propios militantes del PRI, Agüera tiene un escenario favorable para negociar su sucesor con Moreno Valle a partir de la irrupción de Manuel Bartlett en la disputa por el Senado. La candidatura del exgobernador representa un riesgo real para el PRI y al mismo tiempo oxígeno para el PAN. El oportunista Javier Lozano Alarcón, pese a su odio por Puebla, tiene segura la primera fórmula del albiazul, pero sus oportunidades de ganarle al tricolor eran inexistentes hasta hace un mes. La presencia de Bartlett y los votos que robará al PRI prevé una guerra de tercios. Y entre dimes y diretes quien se puede quedar fuera del Senado es Guillermo Aréchiga, el hombre de Elba Esther Gordillo.


El peligroso juego de espejos morenovallista es la oportunidad dorada de Enrique Agüera para negociar su sucesión al interior de la BUAP. El gobernador Moreno Valle necesita al frente de la fórmula del PRI a un candidato que pueda asegurar el primer lugar en la contienda para que Guillermo Aréchiga se cuele al Senado, pero que al mismo tiempo impida que Manuel Bartlett le arrebate el segundo lugar de la contienda. A diferencia de Zavala, el rector de la BUAP puede plantarle cara en un debate a ambos, especialmente en su fuerte, que es el reto de la calidad educativa. En otras palabras: en el PRI necesitan a alguien competitivo. Y Zavala no lo es… una vez más.

 

Pero Enrique Peña Nieto necesita decidirse con rapidez quién será el priista que encabezará la fórmula. Si la lógica es competitiva, las únicas opciones son Agüera o Doger. Si se trata de negociaciones, Fernando Morales Martínez, con lo que el riesgo de que el PRI se vaya al tercer lugar aumenta. El reloj corre y el CEN sigue hecho bolas.

 



 
 

 

 
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