Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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03/05/2011


Los 100 días de la holgazanería marinista


Es un lugar común afirmar entre la prensa local que el sexenio marinista se partió el 14 de febrero del 2006, día fatídico en el que inició el escándalo Cacho cuando Mario Marín apenas cumplía un año en el poder. En otras palabras, puede hablarse de un antes y un después, con un punto de no retorno en el que la figura del gobernador se devaluó y, por ende, se escribió el fracaso de su gobierno. La evidencia empírica demuestra la falsedad de esta aseveración. El fracaso del gobierno marinista como motor del desarrollo de la entidad no inició con el escándalo Cacho, sino durante los primeros 100 días en el poder. Un ejercicio comparativo entre el primer tramo del marinismo con los casi 100 cumplidos del morenovallismo refleja una diferencia brutal entre los estilos personales y la intensidad de la acción pública. El reportaje de Selene Ríos Andraca, publicado en tres partes a partir de hoy, evidencia a la política de Mario Marín como un acto de holgazanería frente al dinamismo de Moreno Valle. La simple comparación hemerográfica habla por sí misma, partiendo desde los discursos de toma de protesta, muestran dos rostros diferentes de la legitimidad electoral. Tras su victoria en el 2004, Marín se dedicó a administrar su bono democrático pensando que le duraría para siempre, la clásica actitud latinoamericana. Por el contrario, a la enorme carga de expectativas por ser el primer gobierno no priista, Moreno Valle le sumó 34 compromisos más en su toma de protesta que casi ha cumplido ya.


La defenestrada figura de Mario Marín no debe hacernos olvidar que en el 2004 y 2005 fue un personaje sumamente popular, un gobernador electo con casi 900 mil votos que debía administrar una amplia, amplísima legitimidad ciudadana. Sin embargo, Marín llegó a su toma de protesta con las manos vacías: desde su discurso no anunció ni una sola obra y tampoco un programa que fuera el emblema de su administración. Aunque usted no lo crea: pese a los casi 80 días que tuvo entre su victoria electoral y la toma de protesta, Marín se comportó como la cigarra: “canta y canta”. Ningún proyecto carretero, ninguna obra de impacto social, ningún programa relevante contra la pobreza, muy poca colaboración con el orden federal de gobierno. El único aplauso genuino que levantó fue el ofrecimiento de una política de austeridad de la administración estatal y el cumplimiento del horario de trabajo de los nuevos funcionarios: una crítica suave a su predecesor Melquiades Morales. Pero nada más.


Los 100 primeros días del gobierno marinista fueron un sopor, un marasmo avalado por los medios locales de comunicación, que ni siquiera llevaron un conteo de las acciones de ese primer tramo, según evidencia la investigación hemerográfica de Selene Ríos. Llámelo inercia, dejadez, holgazanería. Pero no hubo nada de nada. Así de simple pero de dramático: un gobierno que malgasta su primer impulso en ejercicios de banalidad y auto-homenaje por su condición de niño pobre y por su futuro revelado como el “Benito Juárez” de por aquí cerquita.


Mario Marín inició su sexenio con la inercia de la campaña electoral, pues sus tres primeros meses de gobierno se redujeron a continuar con promesas, a dar cátedras de superación personal y a evocar discursos demagógicos que fueron desde el combate frontal a la pobreza, el respecto irrestricto a la libertad de expresión y la cero tolerancia a la corrupción de funcionarios de primer, segundo y tercer nivel. No inició obra alguna durante su gobierno y pasados sus primeros 100 días como titular del Ejecutivo inauguró la carretera Tlaco-Tejocotal de su antecesor Melquiades Morales Flores y, hasta un año después, pudo hacer uso regular del Complejo Cultural Siglo XXI.


La obra tangible de Marín durante sus primeros días fue la entrega de 2 mil uniformes para elementos de Seguridad Pública y un cheque por 4 millones de pesos para el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación. Una de las acciones más relevantes sucedió el 13 de abril de 2005, cuando entregó al empresario Carlos Slim Helú tres proyectos productivos, de los que dos implicaban a la capital poblana y uno más al municipio de Oriental. Sin embargo, nunca hubo respuesta de parte del magnate millonario.


A punto de concluir sus primeros 100 días de trabajo, Marín Torres inició una gira por el extranjero con el objetivo de abrir oficinas de representación del gobierno estatal en Los Angeles, Nueva York, Washington, Alemania y Madrid. Al igual que Moreno Valle, Mario Marín solicitó una línea de crédito por mil 500 millones de pesos al Congreso local y sus únicas obras tangibles fueron la entrega de programas, cheques y despensas.


En los primeros 100 días de gobierno, Mario Marín no hizo ninguna licitación, ni arrancó ninguna obra propia, ni comenzó alguna de sus famosas tres obras transexenales que se verían frustradas en el tercer y cuarto año de gobierno como el rescate del lago de Valsequillo y la Célula. La obra más rescatable de Marín durante sus primeros días de gobernador fue la creación del Fideicomiso del Paseo de San Francisco, encargado del rescate de la zona del Centro Histórico de la capital poblana.

 

Mañana continuamos con el inicio del fracaso.

 



 
 

 

 
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