Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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04/01/2011


El adiós de Sánchez Osio y Pepe Bulás


Las abruptas caídas de Cuauhtémoc Sánchez Osio y Pepe Bulás de la Secretaría de Finanzas y la oficina del gobernador, respectivamente, es un mensaje claro, clarísimo, del estilo personal de Rafael Moreno Valle: en Puebla hay un solo todopoderoso y eje único del universo político y administrativo. Contrario a las versiones que ubicaban a Fernando Manzanilla como un súper secretario, poderosísimo vicegobernador y casi Gran Visir, un tomador de decisiones local mientras Moreno Valle se paseaba con la clase política nacional; la realidad de diciembre ubicó a cada uno en su justo papel. Gobernador, uno. Y nadie más. Colaboradores de confianza y eficientes, muchos. Entre ellos, por supuesto, Manzanilla. Pero el Jefe de Jefes es Moreno Valle. Ninguna muestra mejor que la designación de Roberto Moya, amigo de la infancia del gobernador electo, financiero de carrera y miembro de la burbuja económica que hoy gobierna el país, entre ellos Ernesto Cordero y el subsecretario José Antonio Meade. Invitado originalmente a hacerse cargo de la secretaria de Desarrollo Rural gracias a su experiencia en Nacional Financiera, se convirtió en el recambio natural de un sujeto sin talento político pero que estuvo a punto de manejar 55 mil millones de pesos gracias al empujón de Manzanilla.


En la Comisión de Transición, previo a la Navidad, hubo fiesta cuando trascendió el despido de Sánchez Osio luego de una agria discusión con el gobernador electo. Tan áspera que llegó a poner en duda la autoridad política y administrativa de Rafael Moreno Valle. El eje de la discusión del hoy desempleado fue el papel que desempeñará Eduardo Tovilla en su papel de subsecretario de Egresos. Sin ningún tacto de por medio, el académico del ITAM pretendía colocar una coordinación general para restarle poder al subsecretario bajo el tonto argumento de que no iba a permitir que se convirtiera en un nuevo Villa Issa, y por supuesto, él no iba a desempeñar el papelazo de Gerardo Pérez Salazar.


Cuentan los enterados que Moreno Valle trató de persuadirlo de la institucionalidad y lealtad de Tovilla, ya que en 15 años de conocerlo y trabajar a su lado jamás le había visto una puñalada trapera. Sin embargo, falto de tacto y talento para conocer el carácter de su jefe, Sánchez Osio neceó y neceó hasta que pronunció la frase que deberá ingresar a la antología de pendejadas políticas: “Pues tú serás el gobernador, pero yo el secretario de Finanzas”. Ahí se acabó la historia del fuereño que aspiraba a manejar los dineros poblanos. El manotazo, con despido incluido, fue fulminante. Moreno Valle inmediatamente le comunicó a Manzanilla, quien casi casi tenía las maletas en mano para partir a Madrid. El gobernador electo relató la conversación y el coordinador de la transición no tuvo palabras para defender a Sánchez Osio. El ave de paso egresado del ITAM seguramente recibirá una asesoría para pagarle sus trabajos en la campaña, pero nada parecido a manejar 55 mil millones de pesos.


La elección del sustituto del nonato secretario de Finanzas fue sencilla y recayó en Roberto Moya, quien llegará únicamente bajo el padrinazgo de Moreno Valle y no se sentirá poderoso por contar con el aval de Manzanilla. Moya es un cuadro de lujo: además de amigo de la infancia del gobernador electo, cuenta con un currículo impecable en la administración pública federal. Por si fuera poco, es amigo personal del círculo financiero que domina al país y en el que se encuentra el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, y José Antonio Meade. Durante años se desempeñó en Nacional Financiera e incluso, hace 15 años, presentó a Eduardo Tovilla con Moreno Valle. Así que no tendrán problemas para trabajar en equipo. En Finanzas, pura gente del gobernador.


Las malas noticias para Manzanilla no terminaron ahí, pues ya en Madrid se enteró del despido fulminante del tehuacanero Pepe Bulás, producto de la guerra interna en el círculo próximo del gobernador por la disputa de la secretaría particular. Tras su presencia en el desastre de Tehuacán y previo a sus vacaciones que iniciaron el 28 de diciembre, Moreno Valle se puso a revisar la logística de lo que se espera una Grandiosa Toma de Protesta con una larga lista de invitados nacionales. Sin embargo, tras ver los avances, Bulás no había organizado un evento digno de Miahuatlán. El exaspirante a diputado federal cayó por su ineficiencia y falta de operatividad, pero también por la guerra soterrada que encabeza Mercedes Aguilar, quien aspira a la posición de particular bajo el buen argumento de que ella soportó los años más difíciles de la travesía al desierto. Hasta el momento, por lo que se ve, Moreno Valle apuesta a un alto perfil político para su jefe de oficina, así que la guerra interna continuará y en lo que se lleva a cabo la toma de protesta puede haber nuevas bajas.

 

El estilo personal del gobernador de Rafael Moreno Valle parece perfectamente dibujado en los despidos de Sánchez Osio y de Pepe Bulás. El primero cayó por una falta de sensibilidad política brutal. El segundo, por ineficiente. De forma indirecta, entonces, se muestran los tres requisitos para aquéllos que pretenden sobrevivir en el gabinete: uno, lealtad absoluta a Moreno Valle; dos, sensibilidad política; y tres, capacidad brutal para trabajar.

 



 
 

 

 
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